Historia de Jamerboi

Casi todos tenemos un apodo. Ese nombre postizo que nos imponen en algún momento de la vida los amigos, la familia, los compañeros de trabajo y que a veces trasciende el nombre original que tenemos.

En mi caso es Jamerboi, un nombre que pasó a designarme cada vez que me subía a la bici y que nació en El Chaltén, Patagonia Argentina, allá por mi primer viaje a pedal en el verano de 1998.

Me encontraba recorriendo los caminos ocasionalmente junto con dos ciclistas suizos, Florenz y Thomas, cuando al llegar al pequeño poblado a los pies del majestuoso Fitz Roy nos encontramos con Leo, un argentino residente en Estados Unidos que estaba recorriendo en bici el país, de punta a punta y pasando por todas las provincias.

Sucedió cuando nos disponíamos a armar campamento: yo saqué el pequeño martillo de madera que llevaba para clavar las estacas de aluminio de mi carpa, ideal para evitar que se doblaran al usar algo más simple como una roca. Cuando Leo me vio tuvo un ataque de risa tan grande que casi se descompone! Estuvo diez minutos destornillándose a carcajadas y lagrimeando da tanto reírse. Según el, era lo mas ridículo que había visto en mucho tiempo: un ciclista llevando un martillo en la bici!!! Con lo que se intenta reducir el peso y el espacio en este tipo de viajes, no se veía muy apropiado que digamos. Todas las explicaciones fueron en vano…que era de madera, que las estacas se doblaban, que no pesaba mucho…al rato los cuatro nos reíamos a más no poder y como el idioma en común con los suizos era el inglés, de un minuto al otro pasé a convertirme en “Hammerboy”. Y así el martillo se volvió en un ícono inseparable en mis viajes.

Pero claro, cómo era posible que un argentino tuviera un apodo en inglés? Con el tiempo mis amigos fueron castellanizando el pseudónimo hasta que llegó a su versión actual en “criollo”: Jamerboi, así como suena nomás!!!