*** LAS CRÓNICAS ***

9) Por las entrañas de las Rocallosas


Allá vamos!Estábamos en Jasper, localidad cabecera del Parque Nacional homónimo. Un lugar pintoresco y desbordante  de belleza en el marco que brindaban las montañas que la rodeaban por todos sus flancos. Impecablemente dispuesta para el turismo de alto nivel, abundaban los restaurantes y negocios de recuerdos para todos los presupuestos...bueno, casi todos!


ardillitaEl lugar más económico era el cámping, que no dejaba de ser oneroso con sus 25 dólares por noche. Por suerte éramos tres como para repartir los gastos! En medio de bosques y senderos se podía acceder al espacio de civilización que bindaba Jasper, siempre abundante en vida silvestre: las ardillas se contaban en mayor número que las hormigas y había ciervos pastando por todas partes. Kathy y Oscar hasta habían llegado a ver un oso negro en las cercanías en una de las incursiones al mercado local.

No podíamos dejar pasar de largo la oportunidad de conocer un poco más íntimamente esta región, así que nos tomamos un día de “descanso” para ir hasta el Maligne Lake. Además era parte de una cuenta pendiente que tenía Oscar. Resulta que desde que era un chico y por muchos años, le había llamado la atención una fotografía que colgaba de la pared en su habitual peluquería. Cada vez que iba allí se quedaba contemplando la belleza de ese remoto lago de color esmeralda...si, ni más ni menos que el Maligne lake, del que ahora estábamos a escasos 50 km. Cómo no ir a verlo en persona??

Los primeros kilometrosPartimos entonces ese sábado por la mañana a recorrer el camino que nos adentraría en las Rocallosas. Como no podía ser de otra manera, la cosa era pura subida y paulatinamente fuimos ganando altura en los 700 metros de desnivel que debíamos superar. El Medicine Lake a mitad de camino nos dió una buena excusa para descansar un poco a la orilla de sus verdes aguas y de paso, hacernos una siestita!

Seres ínfimos ante las paredes de Las RocallosasPoco a poco las paredes de roca que nos rodeaban nos hacían parar más y más ya que nos quitaban el aliento esas moles de granito que se elevaban como torres interminables a pocos metros del camino que corría apretado contra las márgenes del lago.

Luego de unas cuantas horas y después de varios litros de sudor finalmente llegamos al Maligne lake. Lamentablemente el lugar era un hervidero de autos, RVs y vehículos cargados de turistas que inundaban el lugar y se amontonaban en el coqueto bar/restaurant/tienda de recuredos que había allí.

Maligne LakeNos adentramos un poco bordeando la orilla del lago hasta que nos pudimos abstraer de la multitud y ahí si, disfrutar de la impactante belleza que nos ofrecía la naturaleza en todo su esplendor. Una muy buena recompensa para el esfuerzo invertido en llegar hasta allí.

Oscar dejando atrás el Medicine Lake!De regreso aprovechamos las bajadas como nunca y con Oscar nos entreveramos en una carrera infernal hasta la cabecera del Medicine Lake. Por más de 20 kilómetros le dimos durísimo a los pedales y como si estuviéramos en una carrera desenfrenada nos sacábamos chispas...ninguno quería ceder con su orgullo latinoamericano!! Faltando poco para llegar a la meta impuesta Oscar se fue haciendo más grande en el espejito retrovisor hasta que finalmente me superó dejándome sin aliento...era una máquina el pibe!!! Terminamos los dos echados sobre unas mesas de picnic esperándo a que llegara Kathy, sin aliento y con las piernas a punto de reventar, pero felices de la energía que le habíamos metido al carrerón...linda manera de descansar después de tanto pedaleo para llegar hasta Jasper!!

Destruídos después de volver del Maligne Lake!Nos costó terminar el recorrido de ese día y nos dirigimos directo al supermercado de la ciudad. Teníamos que recargar energías urgente!!! La decisión de quedarnos un día más en Jasper no se hizo rogar...era mejor tomarse un tiempito para organizar lo que nos esperaba para los próximos días.

Despés de un día pasados por agua finalmente el lunes decidimos encarar el camino por la Icefields Parkway, la ruta más escénica de Canadá, al menos según lo que nos habían contado...sería así?

Nos alcanzará?La logística para la comida era algo de lo más importante y ahora que éramos tres, más aún! No encontraríamos tiendas para reaprovisionarnos hasta Lake Louise, donde esperábamos arrivar en 4 días. Considerando lo que veníamos consumiendo con Oscar y que ahora Kathy nos había mal acostumbrado a tener desayunos de lujo con huevos revueltos, bagels y la nueva adicción al Nutella, realmente queríamos llevar todo! Y casi que lo conseguimos! Cuando regresamos de hacer las compras ese domingo no podíamos creer lo que habíamos juntado! Se veía un poco exagerado el despliegue de comida que rebalsaba de la mesa del camping. Nos alcanzaría?

Los Sudacois antes de comerFinalmente el lunes 13 de agosto inauguramos el team “Sudacois”. Por supuesto que arrancamos casi al mediodía, después de una húmeda mañana en la que nos llevó un buen rato distribuir las raciones, hacer entrar todo en las alforjas y levantar campamento.

Los paisajes habitualesLas nubes iban quedando atrás y poco a poco nos fuimos adentrando en un clima más despejado y soleado. Al final sería cierto eso que decía Oscar sobre mi influencia climática cuando andábamos pedaleando? Quién sabe?

La buena fortuna nos sonrió al cruzar el portal de entrada a la carretera. Las chicas encargadas simplemente nos saludaron y nos dejaron avanzar sin tener que pagar el precio diario de 9 dolares por circular por esas regiones de Parques Nacionales. Un poco caro para nuestros bolsillos y considerando nuestra capacidad de avance!!

El río AthabascaEsa primera jornada circulamos a la vera del río Athabasca, pasando por un encajonamiento donde se producían unas atractivas cascadas con el mismo nombre. El sol pegaba de lleno y realzaba los colores verdes de las aguas que parecían ser una prolongación de la vegetación lindante. De fondo los macizos montañosos enmarcaban los paisajes con su imponente presencia. Había comenzado el desfile de imágenes y paisajes que nos abrumarían los sentidos y llenarían nuestras retinas por los siguientes días. Una sucesión interminable de aguas color esmeralda serpenteando por los valles y picos esculpidos con abruptas y profundas caídas que nos hacían sentir infinitamente pequeños a nuestro paso.

Con Kathy en un alto en el camino!El avance era más que lento ya que cada dos minutos parábamos a sacarnos fotos. Una cámara, después la otra, ahora una juntos...y así el ritmo de pedaleo se veía interrumpido en cada curva, en cada bajada, toda vez que las vistas nos impulsaban a tratar de capturar aunque sea un poquito de esta belleza para poder mostrársela a los amigos y seres queridos. Una tarea vana e imposible de llevar a cabo ya que tanta hermosura no se podía reflejar en el reducido espacio de una imagen...pero al menos para dar una idea serviría!!

Honeymoon LakeAterrizamos en el Honeymoon lake con la tarde bien entrada y casi no conseguimos sitio para acampar! Habíamos recorrido tan sólo 50 kilómetros, pero lo intenso de lo vivido nos había resultado el equialente a una distancia mucho mayor. Éramos los únicos extraterrestres acampando sin un vehículo motorizado, y para completarla, también los únicos delirantes que, ante la mirada incrédula de los habitantes de los RVs, decidimos darnos un rápido baño en las heladas aguas del lago cuando ya caía la noche.

El caos se apoderó de nuestra mesa como era habitual y en pocos minutos abundaban las bolsas de plástico en las que llevábamos la comida y la mayoría de nuestras cosas. Ahora era la lucha para ver qué comíamos y quién alivianaba un poco más su carga! Había que ser equitativos para no ser injustos!! Con la noche ya sobre nuestras cabezas nos fuimos a descansar. Esto recién comenzaba!!

La sesión de fotos en el lago ahora bañado por el sol y el lento ritual del desayuno nos lanzó a los caminos una vez más cerca del mediodía. El objetivo final del día era el Columbia Icefield, a 2000 metros de altura y coronación paisajística del recorrido con la presencia de los esperados glaciares.

Los sudacois en acción!El viento siguió acompañandonos y hacía que el andar fuera de lo más placentero a pesar de tener que ir ganando altura de a poco. Sin embargo nos llamaba la atención que no ascendiéramos más...eso presagiaba una buena pendiente para el final de la jornada! Pero no nos importaba...el río Sunwapta venía descendiendo de las montañas a la par nuestra y sus meandros y vueltas seguían capturando toda nuestra atención. El calorcito del día era un regalo extra y los macizos que se sucedían insistían en hacernos parar a cada rato para sacar fotos o simplemente observar el espectáculo que se extendía frente a nuestros ojos.

Hacia los hielosCuando la tarde ya empezaba a bañarnos con sus sombras, aparecieron las primeras señales de los hielos. A lo lejos podíamos ver que los picos se transformaban y pasaban a estar coronados por un color blanco inconfundible: los glaciares estaban allí! Lamentablemente se veían muy afectados por el calentamiento global y se notaba el franco retroceso de los mismos al punto de que en algunas partes la mención de los glaciares parecía ser sólo el recuerdo grabado en los carteles explicatorios más que en la realidad que se extendía frente a nosotros.

Avistando los primeros glaciaresQuedando pocos kilómetros según nuestros mapas y con unos cientos de metros por subir aún, la ruta emprendió un ascenso abrupto y empinado hacia el Columbia Icefield, la lengua glaciaria marca registrada de estos parajes turísticos. La trepada nos consumió las últimas energías y empapó nuestras camisetas. Veníamos avanzando muy lentamente y de a poco podíamos ir apreciando cada vez más el espectáculo de esta masa de hielo, El contraste con la civilización!hasta que de repente chocamos con la realidad urbana. Del entorno completamente natural en el que veníamos enfrascados aparecimos en el colosal Centro de Informes, que hacía las veces de Hotel y base de operaciones para las excursiones masivas de turistas. Era una mole que se destacaba en medio del ambiente amplio y vacío que daban las montañas y las laderas rocosas. El estacionamiento estaba lleno de autos, buses de excursiones y RVs. La gente pululaba de un lado para el otro gastando los botones de sus cámaras. Adentro el espectáculo era aún peor, con un inmenso negocio de souvenires de que salimos repelidos inmediatamente.

Lo que más me llamó la atención fue el despliegue realizado con unos buses de ruedas gigantescas como las de tractores, con los que, previo pago de la tarifa obligada, uno podía tener un acercamiento cara a cara con la superficie del glaciar. Sí, increíblemente y contra todo concepto conservacionista, estos montruos trepaban por la ladera del glaciar llevando turístas ávidos de “aventuras”. Estábamos frente a un claro ejemplo de “conservacionismo económico”. Una vez más el negocio prevalecía sobre la cordura ambiental. No nos esperábamos semejante espectáculo!!

Kathy por los caminosLa temperatura venía en picada y el sol se nos iba detrás de las montañas. Decidimos regresar a explorar el lugar la mañana siguiente y nos fuimos a instalar al campamento más cercano. Nuevamente conseguimos el último sitio disponible y el caos de la cena dominó la escena cuando las estrellas ya poblaban el firmamento. El termómetro había caído a escasos 3 C, pero estaba especial para apreciar las numerosas estrellas fugaces que pasaban sobre nuestras cabezas. Un premio extra dentro de esta ya más que generosa experiencia.

La mañana nos recibió con un golpe de frescor hasta ahora no experimentado. Si bien ya habíamos tenido un poco de frío, con el factor de la altura a la que estábamos se veía multiplicado y el asunto requería ponerse todo lo que había a mano para no tiritar descontroladamente. Afortunadamente el conjuro resultó ser efectivo una vez más y el día prometía ser a pleno sol y sin una nube en el cielo...tres días seguidos así...no sería mucho???

Coluumbia Icefields!A media mañana ya estábamos al pie del glaciar sacando fotos descontroladamente. Con Oscar habíamos trepado una muy empinada y escabrosa cuesta desde el estacionamiento para tener un acercamiento al lugar con nuestras bicis. Sólo llegamos a subir la mitad del camino sobre los pedales...el resto tuvo que ser a base de empujarlas en medio de las miradas atónitas de los turistas que iban llegando. La paciencia de Kathy para hacer las tomas que le pedíamos era merecedora de un premio nobel!!! Pobre, la volvimos loca!!


Dónde está Kathy?Nos pasamos un buen par de horas en medio de la producción fotográfica. El número de turistas que pululaba por la zona era cada vez mayor. Los camiones empezaban a circular por el hielo. Se veían excusiones guiadas con pequeños hormigueros de gente disfrazados como para una incursión de alta montaña que contrastaban con un cada vez mayor número de personas que se aventuraba más allá de los límites oficialmente permitidos para tener una visión más cercana del lugar. El ambiente se volvió agobiante y tuvimos que retornar a nuestras bicis para retomar el camino y sentirnos de nuevo de regreso en un ambiente un poco menos explotado comercialmente. Era una pena que el sitio que en teoría debería ser el más protegido ambientalmente hablando sea el más atestado por la actividad humana...

Por lo que nos habían contado otros ciclistas, el paso del otro lado era mucho más empinado que de donde veníamos nosotros. O sea que nos esperaba una buena bajada por delante!! Y vaya si lo fue!!Al principio hubo un amague sin mucha pendiente, pero al llegar a la verdadera bajada fue increíble! Los chicos iban más adelante, así que me propuse superar mi récord de velocidad. Cuando me quisa dar cuenta iba por encima de los 70 km/h en un camino de asfalto en buen estado, con viento a favor, pero muchas curvas y contracurvas...y tráfico!!

Festejando los 81,5 kms por hora!VA las pruebas me remitoenía 110 % concentrado en la bajada, el cuerpo tenso, los brazos dolían de la fuerza que hacía para mantener la estabilidad que era amenazada constantemente por el frenético flamear de la bandera a mis espaldas. El velocímetro incrementaba los números de la lectura poco a poco hasta que en eso, de improviso, dos tramos con pendientes más pronunciadas me catapultaron como en la bajada inicial de una montaña rusa! Sentí que la bici se elevaba del suelo...por nos instantes creí que volaba!! Llegué a ver de reojo que iba a la friolera de 81,5 km/h!!! Qué adrenalina, qué copado...qué cagazo!!!

Iba circulando por la mitad del camino. Ya no me importaba el tráfico. Con mi tamaño y a esa velocidad me consideraba un vehículo como cualquier otro auto!!

El paisaje era un tunel en el que confluían borrosamente las montañas, el asfalto, los autos que venían de la otra mano...serían mis últimos kilómetros??? Iba gritando de la alegría!!

En eso ví que me acercaba a una curva muy cerrada con un mirador y que Oscar estaba allí. Poco a poco fui frenando hasta que logré parar justo cuando se terminaba el área de estacionamiento. Temblaba de la emoción, los brazos estaban agarrotados, mi sonrisa estaba estampada por el viento...qué felicidad!!! Definitivamente una de esas cosas que no eran recomendables de hacer si pretendía llegar entero a Ushuaia!! Pero sarna con gusto no pica!!!

Las máquinas!Continuamos juntos con Kathy y Oscar el descenso a la par del río Alexandra pasando por un encajonado valle donde la ruta y el curso de agua peleaban por dominar el terreno. Las inmensas paredes de roca que nos rodeaban eran el paraíso de los escaladores...y Kathy nos mostró los lugares por los que había realizado esas actividades en otras temporadas...qué locura!!!! Y después nos llamaban locos a nosotros por recorrer los caminos en bicicleta! Pse....

Por una vez decidimos hacer un campamento tempranero y nos quedamos en el cercano Rampart Creek. Deseábamos tener un poco de sol antes de la cena y de paso secar todo el equipo que permanecía húmedo después del rocío matinal que dejaba todo empapado a la hora de empacar. Nos instalamos en un sector reservado a los grandes RVs y en minutos desparramamos nuestras carpas y ropas mojadas por el amplio terreno que era una especie de Loft comparado con los anteriores campamentos.

La eterna sonrisa de kathy!Aprovechando el sol fuimos hasta el río con Kathy para pegarnos una enjuagada. El mejor lugar para hacerlo era en un sector con unos piletones naturales, ideales para remojarse sin quedar expuesto a las gelidas corrientes del agua que corría vertiginosamente un poco más allá. Desafortunadamente interrumpimos una bucólica cena que estaba teniendo una pareja de un cercano RV, con su mesita con mantel, las copas de cristal colmadas de vino entrechocando en un romántico brindis...

Le pregunté si no le molestaba que nos diéramos una lavada allí. Pobre tipo!!! Dijo que si, así que del hermoso paisaje natural del que estaba disfrutando minutos antes, pasó a tener a dos pestilentes ciclistas tirándose un poco de agua helada encima...qué glamour! Nunca olvidaré la expresión de este pobre hombre...

Un típico desayuno!Al día siguiente el clima siguió sorprendiéndonos con un cielo despejado y pleno de sol. Como la cosa estaba  fresca, optamos por hacer un buen desayuno para completar las bagels con nutella, la avena y las tostadas regadas con café y té. Sólo faltaban los hotcakes! Teníamos una mezcla instantánea que prometía espectaculares discos redondos de sabrosa masa para inundar con un empalagoso syrup. Pero nuestros rudimentarios implementos de cocina no podían evitar que se pegaran indefectiblemente uno tras del otro. La solución fue simple: hotcakes revueltos!!!! Nada mal debo decir!!

Obviamente arrancamos más tarde de lo esperado. Por primera vez recorrimos casi 15 kilómetros sin pausa hasta que llegamos al Saskatchewan crossing. La idea era simplemente cargar un poco de agua y seguir, ya que ese epicentro de turistas invadiendo el negocio de souvenires no era precisamente nuestro ambiente.

Pero no fue posible...primero nos cruzamos con Mario y Monique, una pareja de ciclistas de Montreal, y estuvimos charlando un rato con ellos. Cuando est’abamos por seguir camino Oscar se reencontró con unos viejos conocidos de suiza, Pascal y Franziska, que ya había visto en Skagway, Alaska. Otra media hora pasó volando y cuando finalmente partimos llevábamos a cuestas un gran cargamento de barras energéticas y otros productos que Franziska iba a utilizar para el Ironman que iba a correr en unos días en Penticton, pero que había tenido que dejar de lado por una lesión en su pierna.

Waterfoul Lake!20 kilómetros después quedamos impactados por la belleza del Waterfowl lake y la parada fue obligada. Es más, no pudimos con nuestro genio y de paso nos dimos un buen baño, almorzamos y hasta nos pegamos una siestita!!! Definitivamente estábamos batiendo récords, pero de lentitud!!! Inclusive nos habíamos cruzado con ciclistas que mientras nosotros recorríamos la carretera en una dirección, ellos ya iban de regreso por el mismo camino...

A pesar de que ya eran casi las 17 decidimos seguir viaje y recalar en el próximo camping, a pocos kilómetros de Lake Louise. El nombre no inspiraba mucha confianza: Mosquito creek!! Aún teníamos que superar un segundo paso, el Bow pass, con 2067 m de altura. La mayor en todo el trayecto desde el comienzo del viaje! Según nos habían dicho no era muy empinado, pero igual había que subir!! Cuando llegó el momento de trepar bajé la cabeza y le di duro como si la bici estuviera vacía...sin respiro llegué casi a la cumbre totalmente exhausto pero contento... me costó caro, porque al llegar al campamento un rato más tarde no me podía mover!!! Menos mal que Kathy y Oscar se encargaron de la cena...y gracias a las bebidas energéticas que nos habían regalado esa tarde me pude recuperar en un par de horas...Franziska ídola!!!

Bow PassNuestra última jornada también estuvo salpicada de sol y calor, aunque ya se veía venir el cambio de clima. Cinco días de tiempo perfecto en medio de las montañas era mucho pedir, no? Siguiendo las huellas del Bow river y con una escala a remojarnos las patas en el Hector lake hicimos el descenso final hasta el pequeño poblado de Lake Louise. Nos instalamos en el camping, que para mayor protección contra los osos, estaba rodeado de una cerca electrificada...y pensar que en todo el camino por la carretera no habíamos visto indicios de vida animal, a excepción de los incontables vehículos que transitaban por la ruta sin cesar...

Hector LakeLuego de tomarnos la tarde con tranquilidad e instalar el campamento a pleno, hicimos una incursión en la única tienda para comprar alimentos del pueblo. Mi indignación fue total al ver los exorbitantes precios de los productos, con un costo de alrededor de un 50 % más caro que en los lugares más caros por los que ya había estado en las regiones más al norte del país. Cuando le pregunté a la cajera del por qué de semejante robo me contestó: “porque hay que traer todo desde Calgary, que queda lejos”...casi la acogoto!!! De Calgary??? Pero si quedaba a una hora en vehículo por una autopista de aquellas?? Entonces qué tenían que decir los habitantes de Inuvik que dependían del flete a través de los 800 km de ripio por la Dempster Hwy??? Era inútil quejarse ni patalear. El lugar estaba destinado al turismo de nivel y nosotros no pertenecíamos a esa estirpe de viajeros. Nuestros sueños de comidas elaboradas después de cuatro días a base de pasta deshidratada y arroz se esfumaron inmediatamente y volvimos a nuestra dieta habitual del camino. Qué bajón!

El campamento en Lake LouiseLa jornada siguiente decidimos hacer una incursión a los lagos Louise y Morraine, a unos kilometros del pueblo. Como por arte de magia el sol aún reinaba en el cielo y el calorcito se hacía sentir en la piel. Luego de trepar unos cuantos metros de desnivel en medio de una caravana incesante de vahículos llegamos al Lake Louise. La belleza del espectáculo natural que brindaban sus aguas de color esmeralda y las montañas nevadas como marco de fondo se perdían en la multitud de gente que abarrotaba el paseo costero.

El paisaje estaba dominado por un imponente “Chateau” de primer nivel que servía de alojamiento para gente de alto poder adquisitivo...y estaba lleno! La habitación más económica costaba 400 dolares y se podían gastar hasta 2600 dólares por una velada en ese castillo de lujo...sin incluir las propinas!! Era abrumador. Nos sentíamos sapos de otro pozo. Tanta ostentación de poderío económico hacía que el verdadero valor natural del lugar quedara relegado y reducido a un mínimo. Estábamos en un Parque Nacional?? Parecía que no! Todo este lujo para tan pocos privilegiados...hacía que uno se cuestionara el enorme desequilibrio entre estas potencias “primermundistas” y nuestras naciones “en vías de desarrollo”. Cuanta gente vivía en condiciones poco menos que aceptables para que sólo algunos disfrutaran de estos placeres? El contraste era muy fuerte y nos dio pena apreciar semejante situación en un lugar que debería ser protagonista por la simpleza de sus riquezas naturales y no por la explotación económica de dichos recursos naturales.

Sin manosEn el lago Morraine fuimos testigos de un panorama similar, aunque esta vez sin ostentosos hoteles. De regreso al camping se nos agotó la buena fortuna climática y un torrencial aguacero nos empapó de pies a cabezas durante el vertiginoso descenso. El frío se asentó y ya no volvimos a ver el sol. Parecía que el clima acompañaba nuestros sentimientos de cierta desilusión con la experiencia que habíamos tenido en este sitio tan explotado a nivel comercial.

Como para levantar los ánimos nos hicimos una buena cena y nos pasamos la noche entretenidos intentando mejorar nuestras habilidades lingüísticas. Kathy debía hablar en castellano, Oscar en inglés y yo en francés. Lo más gracioso es que Oscar no me entendía cuando yo le explicaba las cosas en francés tratando de mejorar su inglés, así como Kathy no comprendía el inglés de Oscar ni mi francés inventado...y ni Oscar ni yo teníamos idea de lo que nos quería decir Kathy!!! Nos divertíamos fácil y barato!!!!

El domingo por la mañana c onocimos a Ralph y Pat una pareja de americanos de los que ya había oído hablar por otros viajeros, pero que aún no me había cruzado por los caminos. Estaban realizando su viaje desde el extremo norte de Alaska, en Prudhoe Bay, hasta Ushuaia, en Argentina!! Nos pasamos unas cuantas horas comparando notas e intercambiando información. Por ahí nos cruzaríamos en las rutas más adelante!!!

La jornada fue gris, fría y lluviosa. Nos instalamos en el refugio de cocina y monopolizamos una de las mesas y la salamandra, que encendimos para calentar el ambiente y de paso secar nuestras húmedas ropas. En pocos minutos el lugar era una tienda de gitanos!!

La buena suerte nos llegó de la mano de una pareja de mexicanos y una familia que dejó una buena reserva de comida como regalo para quien lo quisiera, ya que no querían regresar a sus hogares cargados con sobras del campamento. Fue una bendición para nosotros y nos abalanzamos como langostas sobre el preciado botín con sonrisas de oreja a oreja y miradas de satisfacción por la cantidad de exquisiteces que habíamos heredado y al módico precio de nada!!!! Celebramos con una suculenta cena con salchichas a la salamandra, arroz saborizado y ensalada con condimentos varios...hasta teníamos queso parmesano!!!! Que lujo!!!

Tinma y MarkusSe sumaron a nuestro banquete una pareja de ciclistas alemanes, Markus y Tina, que demostraron tener un excelente sentido del humor soportando el inagotable repertorio de incoherencias que desplegábamos sin pausas...

Fue una velada inolvidable, plagada de risas y rodeados de un verdadero sentimiento de amistad. Un recuerdo imborrable que junto con los demás vividos en los días anteriores, quedaría guardado en ese rinconcito reservado a los buenos recuerdos.

Ya nos quedaban pocas horas juntos...dentro de poco nos separaríamos para seguir con nuestros respectivos rumbos: Kathy hacia Calgary y de regreso a Quebec, Oscar con destino a los Parques Nacionales de Estados Unidos y yo volviendo hacia la costa con rumbo a Vancouver. El “Sudacois” llegaba a su fin...al menos por ahora! Sin embargo las experiencias vividas perdurarían por mucho tiempo en nuestros espíritus, alegrándonos con los recuerdos de una semana excepcional en medio de un entorno natural abrumador por su belleza y riqueza paisajística.

Hasta la próxima!!

Buena senda,

Damián


Un adicional...

Una imagen puede decir mucho más que miles de palabras. Kathy se tomó el trabajo de compilar unas cuantas fotos y pequeños videos que describen brevemente el espíritu de la convivencia que tuvimos esos días en los que el “Sudacois” estuvo rodando por las Rocallosas...

Espero que puedan captar la hermosura de los lugares por los que estuvimos y sentir la alegría que nos transmitió el entorno que nos rodeaba. Que lo disfruten!!


Agradecimientos

Franziska Krebs y Pascal Riesen, por compartir con nosotros tantas raciones energéticas y la buena onda con nosotros.

Ralph y Pat, por la espontánea camaradería entre ciclistas de largo aliento y con anhelos similares...buena senda!!

Mishka y Omar, de Puerto Vallarta, por tantas exquisiteces que nos dejaron de recuerdo en su paso por el camping de Lake Louise.

Tina y Markus Fink, los alemanes con mejor sentido del humor que he conocido en mucho tiempo!!! Gracias por compartir su alegría y carcajadas con nosotros!

Oscar Cañón, una vez más, por las experiencias compartidas y ese sentimiento de hermandad que ya nos une en esto que es volver realidad nuestros sueños más ansiados...nos vemos en California!!

Kathy Sauvageau, por tu infinita paciencia, tu increíble capacidad de adaptación, tu indomable espíritu de libertad y esa chispa de alegría inagotable en todo momento. Hasta que nuestros caminos se crucen nuevamente!!!


Algunas estadísticas

Días en el camino: 75

Días de pedaleo: 51

Kilómetros recorridos: 4487 km (1120 en ripio)

Promedio de kilómetros recorridos por día: 88,0 km

Horas sobre la bici: 272h39m (11d08h39m)

Promedio de velocidad: 16,47 km/h

Máxima velocidad: 81,5 km/h, bajando el Sunwapta Pass (15-08-2007)

Metros trepados: 38.284 m

Altura máxima: 2067 msnm, Bow Pass (16-08-2007)

Tiempo que me temblaron las manos después de haber superado los 80 km/h en la bici: unos cuantos minutos!!!

Cantidad de turistas que vimos en los puntos de mayor atractivo natural: demasiados! 


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