*** LAS CRÓNICAS ***

6) En la tierra del oro: recorriendo la Klondike Hwy.


Regresando de InuvikEl regreso de Inuvik fue rápido y vertiginoso: David y Jim, unos camioneros que había conocido durante mi parada en el Círculo Polar Artico, se ofrecieron a darme una arrimada hasta el cruce entre la Dempster Hwy. y la Klondike Hwy. No hacía falta recorrer otra vez los mismos 742 km de vuelta, y menos por esos caminos!!!

En 9 horas desandamos lo que me llevó 9 días! Y eso que tuvimos una demora de una hora en uno de los cruces de Ferry! La perspectiva desde la inmensa cabina del camión me dejó claro una cosa: si los autos parecían hormigas, cómo me vería yo en la bici desde esas alturas!!?? Infimo, eso fue lo que pensé!

El paisaje volaba a 110 km/h. Reconocí cada bajada y cada subida como si las hubiera hecho ayer mismo. El rugido del motor al subir me recordaban los gloriosos instantes de adrenalina con sonrisas imborrables en esos descensos a mil, mientras que los rebajes me traían a la memoria las largas horas de trepadas bañado en sudor y cubierto de polvo.

Llegando a Eagle Plains tuvimos que atravesar un incendio forestal que se había extendido hasta el camino mismo. El fuego estaba ahí nomás de nuestro paso y el humo era tan espeso que hubo que detenerse por completo para evitar salirnos de la angosta pista. Ahí fuí testigo del verdadero uso de la radio en los camiones para comunicarse entre ellos. Nada de códigos ridículos ni mensajes misteriosos como abundan en algunas películas Hollywoodenses. Más bien avisos prácticos y concretos para que otro conductor  no nos llevara puestos!

hacia la frontera con AlaskaRecorriendo las planicies hacia Tombstone pasamos por una tormenta infernal, con la mitad del cielo cubierta por nubes negras y la otra con el sol brillando a pleno. El conjunto daba un marco ideal para que se vieran unos arcoiris como hacía mucho que no veía. La lluvia se descargó sin piedad sobre nosotros, lo cual no me preocupaba mucho en esas instancias…pero sería un adelanto de lo que me tocaría camino a Whitehorse…

Fueron cinco días para recorrer esos 500 km que me separaban de la capital del Yukon, transitando por la Klondike Hwy. Era la antigua arteria de circulación por la que los pioneros del oro habían circulado en busca de la riqueza y la fortuna…sólo unos pocos lograron salvarse de la miseria. Y creo que los más acertados comercialmente hablando fueron los que regenteaban las postas por el camino, o “Roadhouses”, indispensables para la subsistencia de las caravanas que Ruinas de la Roadhous Montagese desplazaban entre Whitehorse y Dawson City.
En mi derrotero paré varias veces en las ruinas de estas construcciones de madera que habrán sido un oasis paradisíaco para los viajeros, especialmente en época de invierno. 

La ruta era bastante angosta y casi sin banquinas. El asfalto tenía una rugosidad tal que se sentía la vibración en las manos, generando un rápido adormecimiento de las mismas. Cada tanto debía sacudirlas para recuperar la circulación y sacarme esa molesta sensación de cosquilleo que producía. Si bien había alguna que otra subida, lo más duro del camino resultaron ser los falsos llanos. Esas partes que a simple vista parecían ser totalmente planas o inclusive hasta en bajada, pero que misteriosamente hacían que el peso de la bici se sintiera como nunca. El altímetro quitaba el manto de misterio al asunto con la crudeza de la realidad: seguía subiendo lentamente, metro a metro, a pesar de que pareciera lo contrario. El viento tampoco se hizo amigo y en casi todo el trayecto se las ingenió para soplar en mi contra. Para completarla, hubo bastante lluvia en esos días…digamos que el panorama no pintaba de lo más agradable, no?

Pensé que todo eso estaba jugando en contra de mi desempeño, ya que me sentía muy cansado y con un rendimiento inferior al esperado después de lo que había hecho en la Dempster. Además, el camino no presentaba grandes dificultades técnicas. Después de meditar un poco sobre el asunto creo que me di cuenta de lo que pasaba. Me había pasado 96 horas en Inuvik con un sol eterno que nunca se escondía y cada día me había quedado despierto hasta bien entrada la madrugada haciendo cosas sin darme cuenta de la hora. Así, en la última semana mi promedio de horas de sueño no superaba las 6 por “noche”!!! Poco para el esfuerzo físico que significaba la pedaleada de cada día!! Me dio sueño de sólo pensarlo!!

La lluvia se hizo frecuente en estos días, en especial el primero, donde tuve dos encuentros con otros ciclistas bajo el agua. Todos parecíamos coincidir en algo además del medio de transporte: llevábamos impermeables amarillos!!Maurice Bernier

Primero fue Gerald Byrd, de Spokane, Estados Unidos, que venía recorriendo los caminos en una bicicleta reclinada, similar a mi “Garota” con la que anduve unos cuantos kilómetros por Brasil y hacia Chile unos años atrás. Poco después me crucé con Maurice Bernier, de Québec, un personaje admirable por su tenacidad y perseverancia. A pesar de tener problemas motrices que le dificultan el uso de sus manos y hasta sus piernas para andar, venía pedaleando en una bici equipada bastante rudimentariamente y con el objetivo de llegar a Inuvik. Sólo como comienzo de un viaje que lo llevaría hasta México y tal vez más lejos. Cuando me contó que prácticamente ya había rodado por casi toda Norteamérica y parte de Centroamérica en sucesivos viajes me quedé impresionado! Un gran ejemplo de lo que se puede hacer con fuerza de voluntad.

contenedores de comida a prueba de ososCada unos 100 kilómetros había sitios en los que recalar, donde se podía descansar tranquilo sin preocuparse por la presencia de los osos. Cada área de descanso o camping con tachos de basura a prueba de estos animalitos era una opción de acampe. Hacía rato que venía usando estos contenedores como depósitos para mi comida. Simplemente tenía que abrirlos por la parte trasera, utilizada para cambiar las bolsas,  para encontrar un gran espacio libre donde colocar mis alforjas con toda la comida y poder dormir sin tener un osito golpeando a las puertas de mi carpa por la mañana en busca de algún alimento. Lo más gracioso era ver la reacción de la gente al verme hacer esto…a nadie se le ocurriría meter su comida entre la basura!! Claro, ellos tenían sus vehículos para guardar todo sin problemas…pse!

disfrutando de los refugiosLos refugios de cocina volvieron a ser una buena opción de pernocte gratuito, aunque la escaséz (relativa) de mosquitos en esta zona los había despojado de los enrejados mosquiteros que eran indispensables en la Dempster…claro, después de semejante experiencia, nada me podía asombrar en ese aspecto!!

El paisaje que fue dominando el trayecto se pobló de un nuevo tipo de árbol antes ausente: el sauce. Sus hojas susurraban con el viento generando un suave sonido que era muy placentero al oído…excepto cuando anunciaba viento en contra!

pilones de madera a los costados del caminoEn grandes extensiones del camino vi gigantescas pilas de troncos que al principio creí obra de alguna especie de castor mutante con ansias de construir represas a los costados de la ruta. Bueh, no era tan así…más bien eran los troncos amontonados después de haber sido barridos de las márgenes de la vía de circulación para tener mayor espacio. Eran toneladas de madera en innumerables montañas que le daban un toque muy particular a las vistas a medida que subía y bajaba por las moderadas cuestas del trayecto.

coyote nada tímidoEn una de esas secciones me pareció ver un perro cruzando la ruta. Un perro por acá?? Al acercarme vi que en realidad era un coyote. No uno, dos! Pensé que se espantarían con mi presencia, pero no fue así. Se quedaron en las cercanías, como midiéndome, y hasta empezaron a acercarse más de lo que deberían. A tal punto que en un momento dejé la cámara de fotos y me puse a gritarles para que se alejaran ya que tenían pinta de estar más muertos de hambre que yo!! Lo único que me faltaba era que un par de coyotes famélicos me mordieran los garrones!!!

Al pasar por Stewart Crossing, en mi segundo día de pedaleo y luego de una jornada muy larga y agotadora, decidí parar a darme el gusto de comer algo diferente en el boliche del caserío. Los precios eran un tanto elevados para mi presupuesto, pero no podía negarme unos panqueques regados en “syrup” para recuperar energías. Debería verme un tanto abatido y mi estado sería lamentable, porque la gente con la que charlé en esa media hora que estuve allí me invitó el desayuno! Rato después otra pareja llegada apenas se retiró la primera…me ofreció lo mismo!!! Dos veces en el mismo día!!! Lástima no haber podido conseguir un vale para usar después…   

Atardecer en Pelly CrossingEn Pelly Crossing tuve un episodio también relacionado con la hambruna habitual (creo que podría comer hasta vaciar un supermercado!!). Cometí una vez más el error de ir a hacer las compras antes de comer algo…después de 100 km de pedaleo y de haberme alimentado básicamente con barritas de cereales y unas galletas con queso, digamos que no estaba en mi mejor raciocinio para seleccionar mis alimentos! Dicho y hecho, terminé comprándome una bandeja de chocolates en oferta…de 1,1 kg de peso!!!!! Cuando regresé al camping y vi todo lo que había juntado y la pila de chocolates me puse a reir solo…era imposible que me comiera todo eso (a menos que quisiera dejar el hígado en el camino) y tampoco me entraba en las alforjas!!! Qué Presto para devorarme el cinnamonanimal!! Terminé regalándole medio kilo de chocolates a George y Judy, una amistosa pareja que había conocido al llegar y que tenía una tribu de 4 chicos para alimentar…seguro ellos le darían un buen uso a las raciones extras!!

El viernes 13 de Julio fue un día de lo más interesante. Después de pasar por Carmaks y revivir parcialmente lo experimentado en Paxon con una mesera de mirada perdida y un cocinero que dejaba ver su hastío a simple vista, encaré los últimos 60 kilómetros que me quedaban para esa jornada. Poco a poco el sol que venía iluminando los paisajes se fue ocultando detrás de las nubes hasta que la negrura del cielo fue invadiéndolo todo. Hacia mis espaladas aún veía cielos azules, pero apuntaba en la dirección equivocada, derechito hacia la tormenta.

Rodando hacia el final del díaIba descontando los kilómetros que me restaban para llegar a mi destino final, el Braebun Lodge, único refugio por la zona, cuando los limpiaparabrisas en acción de los autos que venían de frente me confirmaron lo que temía: me iba a empapar! Y así fue nomás! Como cruzando una barrera imaginaria me metí de lleno en la lluvia fría que caía implacable y me pegaba fuerte en la cara con la ayuda del viento en contra. Quedaban sólo 8 kilómetros, por lo que no valía la pena emponcharse todo…un laaargo falso llano hizo que ese trayecto se hiciera interminable.

Pero al llegar tuve una buena recompensa. Después de apoyar la  bici en la entrada, lo primero que me encontré fue un hombre preocupado porque la hamburguesa que se había pedido era muy grande y no la podía terminar (!!). Cuando me ofreció la mitad ni lo dudé y hasta creí que era una especie de aparición del cielo! Nunca disfruté tanto una hamburguesa casera como en ese momento!!

Maude y David en acciónMientras completaba mi cena con una exquisita sopa con pan casero me pareció escuchar mi nombre. Al mirar hacia adelante vi que eran Maude y David entrando en el boliche! Qué hacían acá si deberían estar dos días detrás de mí después de haber terminado la Dempster y pasado por Dawson City?? Pues resulta que la rueda trasera de David se había desbaratado y no les había quedado otra opción más que hacer dedo. Venían con una pareja de suiza, cuyo hijo se llamaba…si, Damián!! Qué buen gusto!!!

La cena se convirtió en un evento de camaradería, intercambiando historias y personas en común a lo largo del camino. Hasta nos devoramos uno de los famosos “cinnamon bun” del lugar, unos pasteles de canela gigantescos, como para alimentar 5 personas normales o dos ciclistas!!

Cuando partieron eran las 22. Estaba todo mojado y no tenía ganas de armar la carpa en esas condiciones, así que me tiré el lance con el dueño del lugar, Steve, para ver si había algún techo donde pudiera poner la bolsa de dormir. No, no había! Y como encima en la zona rondaban unos 6 osos grizzly, soltaban a los perros para mantenerlos alejados. O sea, ni siquiera poner la carpa ya que los perros eran medio salvajes…o sino los osos!!! Qué bajón!! Y ahora qué?

Después de insistir un rato y no dar señales de moverme de ahí, me mandó camino abajo hacia el Braebun Lake, donde debería encontrar a un tal Don, que tenía unas cabañas en las que podría instalarme. No me había quedado muy claro el asunto, era tarde, estaba fresco…la cosa no pintaba bien. al agua patos!

Al llegar a la costa pregunté en una casa y ahí lo encontré a Don, tomando unas cervezas con los vecinos. Debo haber parecido un tanto ridículo a esas horas de la noche, vestido de ciclista y tratando de explicar lo sucedido en pocos minutos…pero igual funcionó! Don me invitó a seguirlo…a través de un arroyo sin puente! Afuera los zapatos y a meterse en las frescas aguas hasta las rodillas empujando la bici hacia el otro lado del curso de agua.

Don BanksDon ya había pasado con su desvencijado auto y me indicó una de las cabañas que se veían desperdigadas por el bosque. Era un Lodge que estaba reacondicionando y que no estaba operativo. Se disculpó mil veces por el desorden ya que recién había llegado de estar una semana en Carmaks y cuando esperaba encontrarme con un lugar sucio y desvastado, al abrir la puerta vi una espectacular cabina con tres camas, cocinita, lámparas de aceite al viejo estilo, salamandra…de lujo!!! Y él se sentía mal por no poder ofrecerme algo mejor!!!     

Terminamos tomando unas cervezas y charlando hasta las 2 de la madrugada! Era un personaje muy interesante, que vivió toda su vida en el “bush”, trabajando en la explotación del oro (y, estaba en el Yukon!), guiando cazadores y pescadores por los bosques, en la construcción…una fuente inagotable de anécdotas interesantísimas sobre la vida en esos pagos, lejos de las grandes urbes. Hasta me mostró las cartas manuscritas de su abuelo, que había sido uno de los tantos pioneros buscadores de oro a fines del siglo XIX.

Por la mañana me preparó un desayuno pantagruélico: huevos, bacon, tostadas, jugo, café…y carne de “moose”!!! Impresionante!!!! Y exquisito también!

Con el estómago pesadísimo volví a cruzar el cauce de agua, retomé la ruta y debo haber estado unos 30 kilómetros haciendo la digestión hasta que pude recuperar el ritmo en la bici! Pero sarna con gusto no pica!!!

Luisa y Ricardo ColaciEl 14 de Julio llegué a Whitehorse después de un escénico paseo bordeando lagos de colores verde esmeralda y bajo un sol que llegó a ponerse más caliente de lo que esperaba. Aterricé en la casa de Ricardo y Luisa Colaci, el argentino que me había encontrado en Fort Mc Pherson, allá por la Dempster Hwy. Me recibieron como a un hijo más, me atiborraron de buena comida casera, me brindaron su hospitalidad sin límites y charlamos mate en mano en nuestro “dialecto argentino” hasta el cansancio.

También fue oportunidad para encontrarme de nuevo con Maude y David, Frank, el alemán del Hostal en Dawson City, y hasta con Julia y Stefan, los alemanes recorriendo el mundo en tándem! Si lo hubiéramos programado no salía tan bien!!

MairaEl martes 17 de Julio continué mi ruta con un destino no planificado. La idea original era recorrer la Cassiar Hwy., pero luego de averiguar sobre el Tongass National Forest en el Inner Passage del Sudeste de Alaska, decidí indagar un poco esa región.

Compartí el camino por unos 20 km con Maude y David, que seguían mi ruta original, hasta el desvío que me llevaría por la South Klondike Hwy. hasta Skagway. Fue mi primera experiencia compartiendo la ruta con otros ciclistas en este viaje!!!

Luego de la emotiva despedida (ya les había tomado cariño a estos chicos!) puse rumbo sur. El día acompañaba con el clima, y el paisaje de montañas y árboles en medio de una zona de suaves subidas y bajadas hacía el andar de lo más agradable.

mini desierto de CamaksPoco antes de pasar por Carcross, un pequeño poblado cuyo minúsculo centro tenía grandes reminiscencias de Dawson City con sus edificios de fachadas antiguas del Far West, me encontré con una curiosidad de la naturaleza: un mini desierto de arena en medio de esta zona boscosa y vegetada. Según dicen ellos, el desierto más pequeño del mundo!!!

A partir de ahí empecé a adentrarme en la zona montañosa hacia el White Pass, mítico paso que  junto con el Chilkoot trail, hacia el Shite Passeran empleados por miles de buscadores de fortuna arribados de latitudes inferiores a Skagway y debían desafiar esa trepada como primer obstáculo en su largo periplo hasta las entrañas del Yukon en busca del ansiado oro.

El windy arm del Bremmer Lake me fue acompañando por muchos kilómetros de vistas impresionantes. Las montañas presentaban caídas abruptas hacia el espejo de aguas verdes, encajonando el camino en un estrecho espacio que era constantemente  bañado por una innumerable cantidad de cascadas.

lagos multicoloresDespués de un par de largas y agotadoras subidas llegué al Tutshi lake, donde armé campamento. Allí Monika y Peter, un matrimonio de Alemania, me regalaron algunas provisiones para engrosar la triste cena de noodles que me estaba haciendo…entre esas vituallas extras había “beef nuggets” hechos con carne de Argentina!!! Eso sí, procesados (y estropeados) en Estados Unidos!!

Mientras comenzaba a atacar los alimentos llegó un auto donde venía Mary Whitley, de Whitehorse. Era la misma mujer que me había seguido en la Dempster para darme un poco de comida y que me había cruzado esa mañana cuando salía de la ciudad. Como iba a pasar el día a lo de unos amigos en Skagway, quedó en visitarme a la vuelta…y cumplió! Y aún más, me obsequió una caja con comida Thai como adelanto para mi cumple! Idola total!!

Huevo de cumpleañosCon una vista espectacular del lago frente a mi carpa me fui a dormir…habían sido 120 km largos!

Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz!! Así amanecí el 18 de Julio. Un día precioso, con sol y nada de viento. Mi regalo de cumpleaños fue un huevo duro y una manzana que la pareja de alemanes me habían dejado sobre la mesa por la mañana. Unos divinos!

El pedaleo se hizo lento por las interminables paradas a contemplar el paisaje, pleno de lagos, árboles moldeados caprichosamente por los rigurosos vientos y nevadas del invierno, acercándome hacia el paso por el cual descendería abruptamente bajando mil metros de desnivel en 18 kilómetros. Qué mejor presente que un descenso así??

Definitivamente la bajada fue adrenalítica! Llegué a los 70 km/h a pesar de las curvas y contracurvas que abundaban por el camino y la bandera flameando a mis espaldas desbalanceando un poco el andar. Pero estaba bueno!!!!! Buenísimo!!!

Chau caucho!La cosa no fue gratuita: después de una breve parada a ver el paisaje desde el precipicio y a unos 8 kilómetros de Skagway, sentí que algo no estaba bien. Un “bump, bump” en la rueda trasera presagiaba malas nuevas. Se había partido un rayo? Se había descentrado la rueda? No…se había tajeado el caucho vaya uno a saber por qué y la cámara pujaba por salirse de la cubierta…qué bajón!!! Como estaba cerca le saqué un poco de presión a la rueda y seguí bamboleándome hasta llegar al Hostal donde había reservado para pasar la noche. Me merecía una cama para mi cumple!!Skagway

Después de cambiar el caucho me di una vuelta por el pueblo, cuyo centro era un estudio de Hollywood con la tónica del viejo oeste, montado para satisfacer la horda de turistas en cruceros que invadían el lugar todos los días y que ocupaban cada centímetro de las calles y las veredas. Una locura increíble, con negocios de ventas de souvenirs pasando desde remeras por 5 dólares hasta diamantes por varios miles!!!

En el Hostal, la divina de Nancy, su dueña, me había preparado una torta por mi cumple, así que festejamos con los ocasionales huéspedes. Igual faltó un poco la calidez y ese “no se qué” que se tiene con los amigos y la familia en el pago. Me puse nostálgico y extrañé un poco estar con los seres queridos…sería el viejazo?? Veremos cómo me reciben los 35 en Sudamérica!!

Se venía el “Inner Pasaje”…pero eso es parte de otra crónica.

Hasta la próxima!

Buena senda,

Damián

 

Agradecimientos

David White y Jim Freeman, por llevarme en camión de regreso desde Inuvik a la Klondike Hwy en tiempo récord!

Maurice Bernier, por el ejemplo de vida y voluntad que representa el verte pedalear por los caminos del mundo.

Louise Millar y Richard Deams, por invitarme ese gran desayuno en Stewart Crossing…y George y Judy Ayers por la intención de invitarme también!!

Marvin y Collen Pender, por la leña que me dio calor en Pelly Crossing mientras escribía mis notas.

Gloria Yoder, por los pomelos más exquisitos que haya comido en años!!

Gerard, Helene y Damien Berger, por su buena onda, el “cinnamon bun” y haber permitido el  reencuentro con mis amigos Maude y David!

Don Banks, por haberme dado un techo donde dormir y haber compartido conmigo tantas buenas historias de la vida en el “bush”…y por el desayuno con carne de “moose”!!

Steve Watson, por haberme enviado con Don y por hacer esos espectaculares “cinnamon bun” que pueden resucitar hasta a un ciclista hambriento!

Ricardo y Luisa Colaci, que me dieron todo su afecto y hospitalidad haciéndome sentir como en casa mientras estuve en Whitehorse.

Maude, David, Frank, Stefan y Julia, por los reencuentros con amigos del camino que llenan el vacío que se tiene en ese aspecto al estar lejos de casa. 

Mary Whitley, nuevamente por tu generosidad y amabilidad.

Monika y Peter Mack, por el detalle del huevo duro diciendo “Feliz Cumpleaños” en la mañana del 18 de Julio.

Nancy, del Hostal de Skagway, por haberme hecho una riquísima torta para festejar mi cumple.

…y a todos los que me enviaron mensajes de salutación con incontables muestras de afecto y cariño por mis 34 pirulos!!! Se agradece de corazón!!!

Algunas estadísticas

Días en el camino: 45

Días de pedaleo: 31

Kilómetros recorridos: 2852 km (1070 en ripio)

Horas sobre la bici: 181h12m (7d13h12m)

Promedio de velocidad: 15,74 km/h

Máxima velocidad: 70 km/h, bajando a Skagway (18-07-2007)

Metros trepados: 24.381 m

Altura máxima: 1352 msnm, Top of the World Hwy (22-06-2007

Adrenalina liberada en el abrupto descenso hacia Skagway: muuuuucha!!

Horas que duró mi sonrisa después de semejante descenso: unas cuantas!


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