*** LAS CRÓNICAS ***

5) Trepando hasta el Artico: la Dempster Highway


La Dempster Hwy es un camino sin igual: no sólo porque es la única carretera en el territorio canadiense que se atreve a cruzar el Círculo Polar Ártico, sino porque combina una diversidad de matices paisajísticos que pocas rutas ofrecen. Construída trabajosamente sobre el “permafrost” o suelo permanentemente congelado, es una gran obra de ingeniería que requiere de constante atención para permitir la circulación de vehículos durante todo el año. El destino final es Inuvik, la población más importante en estas latitudes tan altas, con más de tres mil habitantes y una gran riqueza cultural dada por sus habitantes originales, los Gwich’in e Inuits.

Fueron 9 días de rodar que tuvieron un poco de todo...así que mejor verlo día a día, les parece?

Comienza la DempsterDía 1: los primeros 40 km desde Dawson City fueron asfaltados y llanos, una mera entrada en calor para lo que esperaba después. Luego de un café con free refill en el parador del cruce me adentré en la mítica Dempster...

El ripio resultó ser una superficie de tierra o greda bien compacta y fácil de andar. Arrancábamos bien! La pendiente era suave (en contra, por supuesto!) y poco a poco iba gananado altura. Me rodeaba una vegetación abundante y verde, que sofocaba con el calor que impartían los rayos del sol.

Luego de andar unos 20 km me encontré con las primeras obras de mantenimiento del camino. Todo bien, excepto por los camiones que iban regando todo con agua para facilitar el trabajo de las topadoras y la cosa se puso un poco más pesada, ya que con la superficie más blanda el peso de la bici se clavaba sin piedad y exigía mayor esfuerzo para moverse...

Hacia el North Fork ValleyDe a poco me fui adentrando en el valle del North Fork river, que antes de que me sumergiera en la arboleda se había mostrado espectacular desde la cumbre que había remontado por varios kilómetros.

Fui cruzando muchos arroyitos tentadores para quedarse a acampar o para tirarse una siesta, pero la idea era llegar al Tombstone Campground, con al menos lugar donde poner la comida a salvo de los osos...nunca se sabe, no?

Por otro lado, los mosquitos comenzaron a aparecer en números cada vez mayores, haciendo de cada alto en el camino una especie de autoflagelación dejándose devorar por esos bichejos.

The North Fork ValleyLa sumatoria de kilómetros (más de cien) y la trepada constante me consumieron todo el día y las energías. Llegué al sitio de acampe a las 19 hs, después de 7h40m de pedaleo. El imponente cordón de las montañas del Tombstone National Park justificaba cualquier esfuerzo! Con el sol de la tarde era un espectáculo para deleitarse desde el más que bien mantenido sitio de acampe, en el corazón de dichas elevaciones.

La gente del camping no sólo me dejó quedar gratis por estar viajando en bici, sino que me habilitaron para pasar la noche en el refugio para cocinar, único lugar libre de mosquitos en la zona...y eso tenía un valor agregado inmenso!!!

Tombstone MountainsDía 2: un nuevo amanecer con sol...o más bien una noche de sol casi continuado! Arranqué temprano ya que me esperaba un día aún más largo que el anterior: 125 km con dos trepadas importantes. La primera, ahí nomás de arrancar...

Encaré la subida paulatina para cruzar el North Fork pass, punto más alto de la Dempster con 1340 m de altura. Pero no podía avanzar más de unos metros que tenía que detenerme a sacar alguna foto. Las vistas de las montañas Tombstone quitaban el aliento y cuanto más subía, más me detenía a observar ese paisaje cautivante.

Ilya, Ian, Blawriol,Angelina, Melanie, Marielle y Nick Coincidí en esas paradas con una van cargada de científicos de la Universidad de Ottawa, que estaban por allí estudiando el tema del permafrost y la cadena alimenticia de dicho ecosistema. Paraban tanto con los muestreos y las fotos que ese día nos cruzamos mil veces...es más, tenían el mismo destino que yo, Engineer Creek Campground, y yo llegaría antes que ellos!!!! Se portaron bárbaro conmigo y en cada encuentro fui ligando algo más para mi depósito de combustible insaciable...

Una vez superado el paso se abrió ante mi un nuevo paisaje, totamente diferente y también espectacular: el camino se zambullía por un amplio valle de vegetación rala, tipo tundra, con cordones de montañas reverdecidas y de cumbres redondeadas que encauzaban en trayecto. Y se extendía hasta el infinito! Sabía que tenía muchos kilómetros por delante...serían todos así?

La TundraUna vez más los protagonistas eran los voraces y exageradamente abundante mosquitos de la región. A menos que hubiera un poco de viento, era impensable detenerse so pena de sentir aguijones clavados por todas partes. El simple hecho de hacer pis requería toda la atención del mundo para no quedar perforado por esta horda de salvajes que no reconocía reglas de ética o comportamiento social...pse!

pedaleando en tierra de mosquitosEl repelente no resultaba muy eficaz. No se si sería por la transpiración abundante en la bici o que, pero por más que me echaba cantidades peligrosamente tóxicas de DEET sobre mi piel, estos guachos seguían drenando mi sistema sanguineo como si nada...agh!!!!

me sigue la lluviaDe a poco algunas nubes comenzaron a asentarse en las montañas linderas...de gris pasaron a negro y cuando me quise dar cuenta, el agua arreciaba a la distancia. Como si fuera un dibujito animado, una nube cargada de lluvia comenzó a seguirme por el camino (y no es delirio mío), descargando su helado contenido sobre mi cada vez que me alcanzaba...será posible, che!!

El camino se fue encajonando en un valle más cerrado, una vez más con vegetación más alta, y seguía amenazante el tema de la lluvia. Lo más complicado sería el tema del camino, ya que no me gustaría tener que transitarlo en condiciones húmedas...

Nubes amenazantes y cottonEn eso una curva me dejó de frente con una nube negra impresionante, en la que pude apreciar los rayos cayendo ahicito nomás. Una pared de viento en contra me detuvo y las gotas gélidas empezaron a caer encima mío. Después de 80 km de andar era hora para una pausa! Me envolví en una lona y aproveché para comer algo mientras capeaba el temporal.

Tan rápido como comenzó, terminó. Salió el sol, amainó el viento (con el regreso de los queridos mosquitos) y bueh, dió para una breve siestita arropado por el calorcito recién llegado...

El Windy Pass hizo honor a su nombre, con una pendiente continuada y breve que terminó de drenar mis piernas mientras el viento soplaba en mi cara. Nunca a favor????

rodando por el Ogilvie ValleyDe ahí en más quedaban 50 km con un buen descenso entre cerros renegridos y rocosos para internarme en el valle del rojizo Engineer River, que serpenteaba en el estrecho espacio que había, muy próximo al camino. Estaba en el territorio de las Ogilvie Mountains...

La última parte fue un placer con una suave pendiente a favor, disfrutando del sol y en una pista compacta y húmeda por el reciente chaparrón. Llegué al camping a eso de las 20 hs y me fui derecho a buscar el refugio de cocina y....nooooo, lo estaban pintando, asi que habían sacado las puertas y los mosquiteros que hacían de ventanas!! Así no vale!!!

No quedó otra que armar la carpa en medio de una nube de mosquitos simplemente de ciencia ficción! Menos mal que tenía la red mosquitera para la cabeza porque era imposible estar dos segundos sin que se metieran por cualquier parte a chuparte la sangre!! En los 5 minutos que tardé en colocar mis cosas en la carpa se metieron unos 50 de estos insectos que me tuve que tomar el trabajo de aplastar uno a uno antes de acostarme...grrrrr!!!

Por suerte Brad y Oksana, de Seattle, me invitaron a cenar en su copada van amarilla libre de estos molestos compañeros de hábitat y me recargaron el tanque de combustible con un riquísimo Tai Chicken! Mmmmmm....

También pasé un rato, ya a la intemperie, con mis colegas científicos una vez que arribaron al campamento. Comprendí la utilidad de los equipos mosquiteros que tenían puestos, no muy fashion, pero totalmente prácticos!!

Día 3: amaneció espectacular por una vez más. Sin embargo el encargado del camping me presagió lluvias por la tarde....”vaaaamos, lluvia, dónde????, si está buenísimo!”  Sería víctima de mis propias palabras...

El Ojilvie river allá a lo lejosLa jornada de pedaleo debería ser un poco más tranquila, con unos 50 km inicales con una suave pandiente a favor siguiendo el curso del Ogilvie River, atravesando su encajonado valle. Las vistas resultaban encantradoras, más con el cómodo avance que llevaba en la bici. Las condiciones del camino seguían siendo buenas, con un terreno compacto y firme.

Antes de comenzar a trepar hacia las Eagle Plains hice un alto junto al río para comer algo y recargar agua, ya que no tendría más acceso al preciado líquido hasta llegar al Eagle Plains Lodge, a más de 120 km de distancia y luego de atravesar un terreno bastante escabroso. Tenía que cargar al menos como para un día y medio...

Con el peso extra encaré la subida, que se prolongó por 15 km. La pendiente era muy fuerte, por lo que el avance se hizo lento y pesado. Caían litros de sudor por mi piel, sentía las pulsaciones aumentar, los músculos de las piernas tensionarse, el sufrir de los tendones...y el paisaje pasaba leeeeeento junto a mí.

Tan lento que una vez más los mosquitos, alertados de mi presencia vaya uno a saber con qué eficiente sistema de comunicación, se deleitaron conmigo. Me picaban en cada centímetro de piel que tuviera expuesto...y también a través de las calzas!!! En un momento sentí un pinchazo en la pantorrilla y pude ver diez, si, diez mosquitos a la vez clavando sus agijones en mi gamba, sin importarles un cuerno el movimiento de carrusel que llevaban!!! Definitivamente, unos flores de HDP!!!

vistas desde Eagle PlainsMientras tanto el río en el que unas horas antes había estado casi chapoteando se veía a varios cientos metros por debajo y se podía vislumbrar su serpenteo por el valle que giraba y se perdía hacia la derecha del camino. Un valle encapotado y en el que la lluvia se podía apreciar a lo lejos, pero en franco avance hacia mi...oh, oh...

Llegué exhausto al mirador del km 259. Me quedé un rato recuperándome y comiendo unas barritas de cereales mientras miraba sin aire ese imponente paisaje que se extendía frente a
mí...desde allá trepé????? Que delirio!!!!

Me quedaban 13 km más...una bicoca...o no! Ya en lo alto el viento se hizo fuerte...y en contra. Lejos de ser planas, las Eagle Plains resultaron ser una suceción de subidas y bajadas al mejor estilo de la Top of the World Hwy...veía la antena de telefonía que era mi destino final del día, pero lejos de acercarme, parecia que cada vez se hacía más chica!

Hogar dulce hogar!Cuando me quedaban sólo dos kilómetros pasó lo temido: la tormenta finalmente me alcanzó y levantó una pared de viento y agua que me hizo tardar casi 10 minutos en trepar los últimos mil metros. Debía encontrar un sitio de acampe por ahí ya mismo, pero sólo veía rocas. Encaré por el camino que trepaba hasta la antena. Estaba empapado y tiritando de frío. Un rato más así y el riesgo de la hiportermia se haría presente...

Al llegar al alambrado que rodeaba la antena, de repente la lluvia paró y salió el sol...justo!!! Vi una grieta en el portón de acceso, suficiente para pasar mi cuerpo a duras penas, así que no lo dudé: mandé mi equipo adentro, dejé la bici afuera y me instalé con la carpa. Así al menos no tendría que preocuparme por los osos, no?

Cuando tenía todo desparramado para que se secara, otra nube negra arremetió y se largó con todo. Me refugié dentro de la carpa rápidamente para ya no volver a salir por un buen rato...mientras me entretenía aplastando los mosquitos insolentes que ya se habían instalado como en su casa dentro de mi bulín...pse!

Día 4: llovió toda la noche. El viento siguió soplando con violencia. Al escuchar el despertador a las 6 de la mañana, me asomé y no vi nada. Nada de nada, porque estaba en medio de una nube! La visibilidad era nula!!! Qué hacer???? La lluvia que siguió poco después definió las cosas: mejor seguir durmiendo porque así no vale la pena...además, ni quería pensar en lo horripilante que estaría el camino...tan firme y bonito que era seco, con esta lluvia debería ser un barrial asqueroso...esperemos a ver qué onda...

Dormí la friolera de 14 horas!!!! Creo que lo venía necesitando...pero 14!!! El resto del día se pasó en tareas reservadas para una situación como esa: hacer pequeños arreglos, leer, escribir, escuchar música, comer...igual tenía qu eser precavido con las provisiones ya que paradójicamente, estaba todo mojado pero no tenía agua para tomar! Y la comida no sobraba precisamente...

Cada tanto amagaba con despejar, pero sólo asomaban un poco las montañas en el paisaje cuando al rato se tapaba de nuevo y seguía lloviendo...seguimos esperando...

Día 5: me levanté a las 4:30 de la madrugada. Ya no llovía, pero igual seguía en la nube. Qué hacer?? No podía aguantar más tiempo ahí sin provisiones, así que decidí mandarme igual. Me esperaban 100 km de camino plagado de subidas y bajadas que podían llegar a llevarme el día entero si el camino estaba tan mal como yo pensaba...

Mientras tomaba un té escuché un ruido de generador en lo bajo del camino. Por ahí un RV había parado a pasar la noche allí!! Podré conseguir más agua?? Sin pensarlo me puse la red antimosquito y me largué a través del esponjoso terreno, empapándome las patas hasta llegar a un camión que estaba estacionado en medio de la bruma. Golpée la puerta…nada…insistí…al rato escuché movimientos y gruñidos…recién ahí caí que eran sólo las 5 y pico!!! Claro, yo estaba más desvelado que no se qué! El camionero resultó ser un gordo inmenso, sudoroso y cubierto de tatuajes, cosa que contrastaba con su barba y rulos que en otro contexto lo hubieran hecho pasar fácilmente por un judío ortodoxo!! Le explique rápidamente mi situación, tal vez muy rápidamente…cuando le manguée el agua me dijo “no”, y se volvió a acostar…ok, graciasssss…

Regresé riéndome solo de lo ridículo de la situación…claro, en vez de decir “bicycle”, sólo dije “ bike”, que normalmente confunden con los motoqueros…así que se habrá creído que era un desubicado con algo de insomnio…no?

No se vé nadaPasadas las 6 me largué al camino…bah, camino es una forma de decir: el barrial era impresionante y la neblina tal que no veía más allá de diez metros! Maira pareció clavarse en el suelo. Estaba todo tan blando que a cada rato miraba si no era que había pinchado la bici. Qué pesado!! A pesar de estar bajando parecía que subía por el esfuerzo adicional. No distinguía lo que seguía delante de mis narices…y eso que es bastante grande!!

Sólo se vislumbraba una blancura impenetrable que me rodeaba y la vegetación lindera que iba apareciendo a medida que avanzaba…

No me quedó opción más que mandarme por la huella principal, la más transitada, ya que a pesar de tener mucho barro suelto, era la parte más firme del camino. Eso me dejaba expuesto a cualquier vehículo que pasara, ya que difícilmente me podrían ver en esa espesura. Iba tenso, atento a cualquier ruido de motor, oteando lo que me deparaba el camino metro a metro…tenía su encanto a pesar de todo!

Tardé una hora en avanzar poco más de 5 km. Si la cosa seguía así, las perspectivas de llegar en un día a Eagle Plains eran utópicas. En eso vi un par de luces frente a mi. Si, las primeras señales de vida! Un RV venía hacia mí lentamente…me corrí para que me viera y pasó despacio a mi lado…sin detenerse!! Que nabo!! Al próximo no lo dejo ir ni mamado!!

Dicho y hecho, al siguiente RV que pasó le hice tantos gestos que si no paraban eran unos insensibles!!! Me dieron un poco de agua y me aseguraron que unos kilómetros más allá la cosa se ponía mejor. Será???

Poco después pasó otro RV que me confirmó que en unos kilómetros más la neblina se despejaba un poco y el camino no estaba tan empantanado. De paso me dieron una buena provisión de comida y agua como para tirar el resto del día…un ciclista nunca dice que no a la comida!!!!

Cuando venía saliendo del chiquero me pasó una pick up que frenó poco después. Era Olav, dueño del Arctic Chalet , un Bed & Breakfast en Inuvik, que ya había recorrido el camino en bicicleta anteriormente. Con la gran solidaridad de los que han vivido estas cosas, me dio más agua y comida y me invitó a quedarme con él y su esposa en su albergue cuando llegara a mi destino final…qué maestro!!

Las condiciones mejoraron y el resto del día me la pasé subiendo y bajando, observando cómo el camino se perdía en las cumbres reverdecidas, para una vez llegado al punto más alto, volver a bajar y trepar a la siguiente.

Si creía que los mosquitos habían sido abundantes hasta el momento, después de la lluvia no les cuento!!! Hordas, patotas diría, de salvajes moscos dispuestos a todo con tal de sacarme un mililitro de sangre! Mientras sufría sus embates iba pensando…por qué no implementar un sistema de sapos mascota para los turistas? Unos simpáticos animalitos que se podrían amaestrar para llevar en el hombro al mejor estilo loro y que básicamente engullirían cuanto mosquito se acercara…claro, se volverían gordos inmediatamente!!! Pero todos comprarían o alquilarían uno y sería una mina de oro!!!

O mejor aún, se podría generar una cruza genética con oso polar para que resistan los crudo inviernos de estas latitudes y así al germinar estos terribles insectos se los manducarían de una.

También serviría idear un sistema de viento portátil, algo similar a un ventilador, que mantuviera una corriente convectiva alrededor del cuerpo espantando a estos bichos malditos. Y de paso, en la bici nos daría la sensación de ir viento a favor…psicológicamente sería una ayuda bárbara!!!

A ver si la ciencia y la tecnología se ponen manos a la obra para acabar con este flagelo…que dicho sea de paso, alguien me puede decir para qué corno hacen falta tantos mosquitos en el ecosistema?

Cuán grande sería mi desesperación que el repelente pasó a ser casi parte de mi dieta. Tal vez ingiriendo DEET transpirara ese tóxico producto y los ahuyentara. Ni siquiera el poderoso “Jungle Juice”, un líquido viscoso que es 99 % DEET (contra el 30 % habitual de los otros repelentes) funcionaba por más de 10 minutos…

Ya me habían dicho antes de salir: “no lleves productos cosméticos ni desodorantes porque atrae los mosquitos”. Pues bien, empíricamente he demostrado que no es cierto. Por más que uno huela desagradablemente a chivo despues de pedalear tantos días seguidos sin una ducha a mano, se ve que ese olor (mezclado con los demás que emana el organismo) les resultaba hasta diría que afrodisíaco!!! Bichos asquerosos!!

Creí que la radiación de la antena bajo la que pasé un día y medio acampando junto con los litros de DEET que ingerí a través de mi piel podría desarrollar alguna especie de inmunidad o de superpoderes para pedalear más rápido…pues no fue así…seguí igual de “normal” que de costumbre…agh!!!!!

Por último, mejor no entrar en detalles en lo torturante y desesperante que podía resultar el tener que acudir al llamado de la naturaleza en medio de ese ambiente tan agresivo para el ser humano. Como si fueran un botín preciado, las nalgas expuestas al aire se convertían rápidamente en un bocado delicioso y apetecible…doy fe con las múltiples picaduras que me quedaron!!!

las reservasLuego de atravesar estas infestadas tierras de mosquitos (les dije que había mosquitos, no?), por fin llegué a Eagle Plains luego de casi 100 km de marcha forzada. Tuve varias gratificaciones: el viento que soplaba en esa planicie descampada haciendo la vida al aire libre justamente vida, el encuentro con la caja de comida que había mandado desde Dawson City a través del Centro de Visitantes de la Dempster…y una ducha de 10 minutos por 25 centavos!!!!!!! Ahhhhh, qué placer!!! Los pequeños grandes detalles de la vida en el camino…

Para redondear, conocí a una pareja divina de Montreal, Rejcanne y Michel, que me invitaron a compratir la cena con ellos…salut!!

Día 6: como para variar un poco la dieta matinal, opté por desayunar en el Lodge. A pesar de estar bien temprano, me llevó un buen rato, no sólo por lo lento del servicio, sino porque la cosa era tan abundante (y no es cuestión de desperdiciar!), que me llevó casi una hora terminar con todo! Cuando salí un alma generosa me había dejado una barrita de cereales sobre el bolso frontal de la bici…

Esta vez estaba nublado y el viento soplaba fuerte…en contra, por supuesto. Al menos no se sentían…si, los mosquitos!!! Me largué al camino en una helada y vertiginosa bajada hasta el Eagle River…lástima que ya podía entrever cómo era la subida homónima que me esperaba del otro lado!

Fue una trepada larga y pesada con el estómago tan lleno…arriba me encontré con un paisaje barrido por los vientos, con nuevas subidas y bajadas hasta donde alcanzaba la vista…igual estaba bárbaro…ya se venía el ansiado cruce del Círculo Polar Ártico!!!

el Círculo Polar ArticoLlegué poco después de las 13 hs…qué emoción estar en un lugar tan particular como este! En esta latitud, 66 33 N el día dura 24 horas en el solsticio de verano. Pero más al norte, esto se prolonga en varios días al año, como en Inuvik, que cuenta con 56 días sin noche durante el verano boreal!!

Digamos que el paisaje difería un poco con el que había visto en la Antártida al cruzar el Círculo Polar Antártico en el otro lado del hemisferio. Allá sólo se veía hielo, acá reinaba el verde perdido en las redondeadas y onduladas montañas del cordón Richardson.

Estuve un buen par de horas disfrutando del recién aparecido sol, sacando fotos, comiendo algo y charlando con la gente que iba pasando y me sumaba como punto de atracción turístico al ya vistoso cartel del lugar.

Pero había que seguir…aún tenía otros 40 kilómetros por delante, teóricamente en leve descenso, hasta llegar al Rock River Campground, también conocido como “bug city”, por la mala fama que tenía en cuanto a proliferación de mosquitos y moscas negras…y bueh, habrá que ir al refugio de cocina nomás, no?

cotton grassEsos kilómetros restantes, además de reservar unas cuantas trepadas energéticas estuvieron más que escénicos costeando las Richardson con amplias vistas panorámicas del camino adentrándose en la tundra. Unas flores blanquecinas como el algodón (de ahí su nombre cotton grass) bañaban grandes extensiones del terreno, dando la impresión de que aún la nieve estaba presente en esta época del año.

Mientras hacía algunas fotos pedaleando (todo un proceso de logística estando solo) pasó un auto que de inmediato clavó los frenos y retrocedió hacia donde estaba…”otro que se cree que estoy en problemas porque me vio parado”, pensé. Qué sorpresa sería la mía al verlo bajar a Frank, un alemán que conocí en el Hostel en Dawson City y con quien festejamos su cumple en el Diamond Tooth Gertys, el cabaret-casino del pueblo.

Estaba con dos chicas y otro flaco que se habían juntado para recorrer la Dempster hasta Inuvik…y justo pensaban acampar en el mismo lugar que yo. Digamos que no hace falta aclarar que terminamos todos cenando junto al fuego con una pareja de ingleses que se nos sumó…y disfrutando las garrapiñadas que el loco este me había comprado de regalo después de ver con qué placer las devoraba en Dawson City!! Un genio!!

las Richardson MountainsDía 7: ya de entrada me esperaban 20 kilómetros de subida para superar el Wright Pass, límite entre las provincias de Yukon y North Western Territories. El sol brillaba fuerte, pero mi sorpresa fue enorme al ver que las Richardson estaban cubiertas con unas gruesas nubes blancas que ensombrecían su base, auspiciando algo para nada bueno…

“Uh, irá a meterse justo por ahí el camino??” Mientras avanzaba lentamente tenía una doble sensación contrapuesta: el placer de semejante panorámica a la que se sumaban los cotton grass con pinceladas blancas en el suelo y el cagazo de tener que bancarme un lindo temporal ahí arriba.

preparado para tragar tierraEl viento soplaba fuerte y estaba un tanto fresco…qué me esperaba?? Un camión tempranero disipó mis dudas: la estela de tierra que iba levantanmdo me marcó la huella del camino y pude ver cómo giraba hacia la izquierda y se mandaba entre las montañas un poco más allá del pesto de las cimas cercanas. Me relajé, saqué unas fotos, pasé los cambios y me puse a trepar lentamente.

Unos kilómetros antes de la cumbre el viento se tornó terrible. Era un huracán que me impedía avanzar, me estaba helando (la temperatura había caído a 6 C) y se me hacía difícil mantener el equilibrio. Después me enteraría que ese tramo es conocido como el “hurricane valley”…qué más decir, no?

bienvenido a la tierra del oso polarIgualmente poco a poco seguí con la marcha y finalmente llegué al ansiado límite. La mañana se me había ido en esta trepada…sólo quedaban unos 80 km!!!!

Nuevamente la panorámica era soberbia. El camino se internaba precipitadamente en el vasto terreno que se extendía hacia el horizonte, adentrándose en un estrecho valle para ganar su paso hacia el Peel river, allá lejos en la distancia.

Fueron unos descensos espectaculares acompañados de unas cuantas subidas también. Tal cual me habían advertido, las condiciones del ripio ya no serían las mismas. Ahora estaba un camino serpenteando hacia el río Peelpoco más poceado y con rocas florecidas, por lo que había que prestar más atención al derrotero. Pero nada drástico.

Cuando apretaba el hambre y ya eran pasadas las 15 paré a comer algo en un desvío hacia un campamento de vialidad. Con sorpresa me encontré con un tour de jubilados que estaban justamente haciendo lo mismo, y Tony, el guía, me invitó a sumarme. Qué delicia!!! Debo haber parecido un salvaje devorando toda clase de alimento que veía, sobre todo porque eran cosas que hacía rato no probaba…gracias!!!!!

El día fue pasando lentamente. Siguió un trecho con 7 kilómetros de subida, más bajadas, un poco de cross country en una zona donde estaban trabajando en el camino y la pista estaba más que maltrecha…faltando 35 kilómetros…otra trepada interesante, larga, que se extendía hasta el infinito. El viento y el largo andar venían drenando mis fuerzas, pero quería llegar al Nitanlaii Campground…en teoría esto debería bajar pronto, no??

Costó pero finalmente llegué. Con el cambio de hora (se me cayó una hora en el camino al cruzar el límite en el Wright Pass) eran pasadas las 21 y no había nadie en la recepción. Directamente busqué el refugio de cocina para escaparme de los nuevamente abundantes y carnívoros mosquitos y vi un par de bicis acodadas en el costado. Sí, otros ciclistas!!

con Maude y DavidResultaron ser Maude y David, una pareja de Montreal, que estaban recorriendo desde Inuvik hasta Vancouver aprovechando sus vacaciones como docentes. Nos instalamos en el pequeño recinto donde la densidad de mosquitos era menor (500 por cm2 en vez de 10000!!) y nos quedamos charlando un buen rato y comparando notas. Yo había terminado lo más duro respecto a las subidas…ellos recién estaban por empezar!!!!!

Día 8: luego de un breve desayuno y despedirme de los chicos, terminé de organizar todo el equipo y pasé por la administración a por mi sello del lugar. Ahí me encontré con un ser espectacular, Robert AlecieRoberto Alexie, un nativo Gwich’in de 73 años con quien me colgé charlando casi dos horas. Me contó cómo era la vida tradicional de su cultura, cómo las cosas iban cambiando con los años, con una juventud menos interesada en los valores y tradiciones de su pueblo, hasta debatimos por largo rato sobre los efectos del cambio climático, que también lo preocupaban ya que afectaban las fuentes de recursos para su pueblo. Un hombre que me mostró el lado de su cultura en armonía con el medio ambiente, que siempre les dió abrigo y alimento para subsistir.

Hice una breve pasada por Fort McPherson a ver la célebre tumba de la
patrulla perdida, un desafortunado grupo de oficiales de la policía montada que en el invierno de 1910-1911 perecieron al perderse en el trayecto entre el poblado y Dawson City. Y estaban a tan sólo 36 km de regresar al pueblo!

Mientras sacaba unas fotos escuché en un perfecto criollo “no me digás que sos Argentino!!!”  Era Roberto, un compatriota que vivía en Whitehorse y estaba por allí ocasionalmente por su trabajo de ingeniero civil. Fué un placer volver a charlar un rato usando todos nuestros giros típicos del lenguaje…y seguro que lo vería cuando pase por su ciudad en unos días más…qué loco! Dos argentinos al mismo tiempo en Fort McPherson!!!!

la monotonía de los últimos kmA todo esto, aún me quedaba el pedaleo del día! Con tanta charla se me habían hecho las 14 y sólo tenía andados unos 12 km!! Pero no era muy complejo lo que tenía por delante: 60 kilómetros prácticamente llanos donde el gran desafío resultó ser la piedra suelta que me acompañó por casi 40 kilómetros, haciendo el avance difícil e inestable. Simplemente había que buscar la mejor huella, sin importar en qué parte del camino quedara, y tratar de evitar que un auto me pasara por arriba!!

Venía yo muy concentrado en lo mío con el camino ya que el paisaje era muy monótono y sin mucho interés. Sólo vegetación arbustiva, árboles bajos y alguna que otra laguna al costado del camino…

los 2.000 kmsCasi estaba por cumplir los 2000 km de camino cuando un camionero se detuvo a mi lado y me avisó: “tené cuidado que a 100 m de acá, a la izquierda, hay un grizzly al costado del camino”. De repente recordé que estos animalitos andaban por la zona…ups!

Opté por sacar la foto conmemorativa de los 2000 km (tal vez la última??) y luego de esperar a que pasaran unos vehículos (cosa de que metieran ruido), cautelosamente me mandé por el camino…

Lentamente, observando atento…pero sólo veía vegetación. Hasta que en eso, a mi derecha (no la izquierda!!) miré y ví un oso! A unos 20 metros de distancia, en un pozón de agua, como manducándose algo. Frené sin hacer ruido y me quedé estático por unos instantes. Qué hago? Agarro el spary para osos o la cámara de fotos? Instintivamente manotée la cámara de fotos. Saqué un par de imágenes y de repente me di cuenta de mi estado de indefensión, ahí en la bici en el medio de la nada. El viento soplaba en contra.

el osoBien, así no me olía. Saqué otro par de fotos. Y ahora? Si seguía le iba a pasar muy cerca. Era un oso relativamente chico, así que podría ser una cría de grizzly o un oso negro. Y si era una cría y era la madre la que estaba a la izquierda del camino? Me corrió un sudor helado por la espalda. Miré hacia atrás. Nada. Me colgué la cámara al cuello y estaba por avanzar cuando el oso levantó la cabeza y me miró. Recordé todo lo que me habían dicho y había leído sobre el tema en dos microsegundos. Justamente era muy malo molestarlos cuando comían!!

Me miró, lo miré. Estaba tenso como una roca. En teoría tenía que hacer ruido, parecer grande, asustarlo…pero y si en vez de huir cargaba contra mí defendiendo su presa? Tímidamente el inconsciente me hizo sonar el timbre de la bici. Una vez. Casi sin querer. Sonó ridículo. Los segundos fueron eternos. De repente, el oso se dio vuelta y se zambulló en la vegetación desapareciendo de mi vista…uffffff!!!!! Hecho una gelatina, me subí a la bici y creo que batí el record de velocidad sobre ripio suelto en los últimos 10 km que me quedaban hasta el cruce del río Mc Kenzie con el ferry.

Desde ya que descarté la idea de continuar un poco más y acampar en la vera de un río y me quedé ahí nomás, en el campamento de los empleados del ferry, al resguardo del ruidoso generador que seguramente espantaría cualquier oso que anduviera por ahí…joder!!!

Día 9: sería una jornada más que larga con 130 km de camino por andar, cuyos primeros 80 fueron de una gran monotonía de paisajes en la eternidad de la vegetación arbustiva y la falta de curvas. Básicamente un terreno plano, cuya mayor dificultad eran los tramos de ripio suelto, el enloquecido tráfico de los locales, que a diferencia de los turistas, se mandaban a mil por hora pasándome bien cerquita y arrojando piedras, el calor y la sed con tanta tierra en el aire.

Luego de un descanso en el Caribou Creek campground la topografía se tornó mas irregular, con trepadas no muy pronunciadas, pero agotadoras ahora que el viento se había despertado de nuevo…si, claro, en contra!!

Ferry en el McEnzieLos últimos 50 km se hicieron rogar. Parecía que no tenían final! Pero ya estaba allí! Casi a punto de llegar al extremo norte de esta travesía, no podía aflojar!! Cuando pasé frente al aeropuerto y volvió el asfalto no lo podía creer!! Que suave que era el andar!! El sol encendía el delta del Mc Kenzie river y ya se vislumbraba la ciudad…qué felicidad!!!

bienvenida a Inuvik Eran pasadas las 22 cuando llegué al emotivo cartel de bienvenida a Inuvik. Me tomé mi tiempo para hacer unas fotos, y después, con una alegría inmensa y un cansancio de novela caí en el Arctic Chalet, donde Olav y Judi me recibieron como a un viejo amigo de la familia y me dieron una cabañita para que me acomodara…mi primera vez en una cama con sábanas desde el comienzo del viaje!!!!!

Definitivamente un “pequeño” desvío en la ruta tradicional que valió la pena cada gota de transpiración, cada metro pedaleado…

A partir de ahora ya no tengo que explicar más que voy rumbo a la Argentina y que no me equivoqué de dirección: de ahora en más, mi norte es el sur!!!

Buena senda,

Damián

Un avisito

Muchos de ustedes saben (los que no ahora no tienen excusa!), que el próximo 18 de Julio es mi cumpleaños. Si todo va bien dejaré atrás los 33 sin haber sido crucificado (toco madera!). Seguramente la emotiva fecha (al menos para mí) me agarrará en algún lado hacia o recorriendo el rain forest de Alaska en el Tongass National Park, una variante en la ruta original.

Como me imagino que muchos estarán ansiosos y deseosos de hacerme presentes por tan especial ocasión (eh!, sólo se cumplen 34 una vez en la vida!!), he conseguido una dirección postal a la que pueden mandarme todo lo que quieran…eso sí, no se olviden de que viajo en bici y no puedo cargar mucho más conmigo. Así que dejemos el TV plasma de 42 pulgadas y el equipo de audio Home Teather para la vuelta y seamos prácticos! Lo que no sea transportable o digerible tendré que reenviarlo por correo…y no es la idea, no?

Desde ya que aguardo ansioso recibir sorpresas de parte de ustedes a la vieja usanza, sin tanta tecnología de por medio, y así sentirnos un poco más cerca…

Acá va la dirección, por donde andaré a fines de Agosto (así que tienen tiempo!):

Bon Van Handerberg (Att. Damián López)
Institute of Ocean Sciences
Dept. of Fisheries & Oceans
9860 West Saanich Road
Sidney, BC
CANADA
V8L 4B2

Se agradece por anticipado!!

Agradecimientos


Los incontables alemanes llegados en canoa a Dawson City desde Whitehorse, que me llenaron de comida con los sobrantes de sus viajes.

Heidi, del Centro de Visitantes de la Dempster Hwy, por organizar la logística de envío de comida a lo largo del camino, la compu para escribir y la buena onda!

Dennis y Lyn Lehoux, de Saskatchewan, por llevar mis cajas con comida a Eagle Plains e Inuvik.

Sylvie Boudreau, del Centro de Visitantes de Dawson City, por dejarme usar el teléfono para la entrevista con Radio Canadá.

La gente del Tombstone Campground, por dejarme pernoctar gratis en el refucgio para cocinar a salvo de los mosquitos…y por los brownies!

Brad y Oksana, por el exquisito Tai Chicken en su copada van amarilla…al resguardo de los infames mosquitos.

Ian, Ilya, Nick, Angelina, Melanie y Marielle, de la Universidad de Ottawa, que me fueron reaprovisionando a lo largo de sus múltiples paradas en el camino y por las interesantes charlas de tono más científico.

Rejcanne y Michel, de Montreal, por las exquisitas fajitas y por refrescarme un poco mi francés quebecois!

Denis Hewson, un mago (!) de Vancouver, que me obsequió el calco con la bandera de Canadá que ahora llevo en la bici.

Frank, Susan, Anita, Brad, Janet y John, por la buena velada en el Rock River Campground…y las garrapiñadas!!

Mary Whitley, de Whitehorse, que me siguió con su auto unos kilómetros sólo para obsequiarme un poco de comida sobrante que tenía…en medio de los vientos huracanados del Wright Pass!

Dennis Witner, Rachel y Tom, por la buena onda, el jugo y los chocolates!

Tony Greenfield, que junto con su grupo de jubilados me obsequiaron un inolvidable almuerzo cuando menos me lo esperaba.

Maude y David, por la camaradería típica entre ciclistas y por compartir el refugio de cocina conmigo en el Nitanlaii Campground…buen camino!!

Robert Alexie, encargado del Nitanlaii Campground, por las lecciones de vida.

Arie, un holandés de casi 65 joviales años, que fue mi primer desahogo luego del encuentro con el oso y que me volví a encontrar en Inuvik. Gracias por toda la comida que me obsequiaste en el reencuentro!!!

Olav y Judi Falsnes, del Arctic Chalet, Inuvik, que me recibieron como a un viejo amigo de la familia, dejándome quedar en su espectacular Bed & Breakfast sin costo alguno, con acceso a una computadora e internet para hacerles llegar estas líneas….gracias!!!
 
…y a Maira, que se portó impecable a pesar de las achurías que le hice por estos caminos!!!

Algunas estadísticas

Días en el camino: 32

Días de pedaleo: 24

Kilómetros recorridos: 2144 km (1020 en ripio)

Horas sobre la bici: 138h05m (5d18h05m)

Promedio de velocidad: 15,53 km/h

Máxima velocidad: 69 km/h, bajando a Chicken (21-06-2007)

Metros trepados: 19.127 m

Altura máxima: 1352 msnm, Top of the World Hwy (22-06-2007)

Osos avistados: ya está! Con uno así de cerca alcanza y sobra, no??

Litros de DEET absorbidos por mi piel en el vano intento de ahuyentar los mosquitos: demasiados!!!!


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