*** LAS CRÓNICAS *** 

46) Persiguiendo la Cruz del Sur

Luego de pasar las Pascuas con los chicos de la Aldea Infantil SOS de Ipiales, en Colombia, era hora de retomar los pedales y regresar al Ecuador, donde ya me estaban aguardando para una nueva visita en la Aldea SOS de Ibarra, a pocos kilómetros de allí.  

El cruce fronterizo se hizo rogar una vez más, esta vez porque al llegar, si bien lo hice temprano para evitar embotellamientos de transeúntes, me encontré con que había un corte de electricidad y por lo tanto no se podían efectuar los trámites correspondientes sin las computadoras del servicio de migraciones. Igualmente tuve suerte ya que si hubiera querido pasar una semana después, me habría atrapado la locura de los controles estrictos que desato la “pandemia” de la gripe A1H1 o gripe porcina y ahí sí que me habría demorado! 

Jim YeiserMi idea original era tomar un camino secundario a través de la puna por el poblado de El Ángel para evitar repetir una ruta que ya había pedaleado en mi camino hacia Colombia. Pero las nubes negras que tapaban las montañas y el haberme pasado de largo el desvío que debía tomar fueron señales suficientes para desandar el tramo que ya conocía hasta la ciudad de Ibarra.  

A poco de andar tuve uno de esos encuentros “causales” del viaje. Mientras trepaba la primera cuesta saliendo de Tulcán se acercó un viajero en moto y nos pusimos a charlar. Cuando estábamos intercambiando nuestros datos, le di una de mis tarjetas y al reconocer el logo se me quedó mirando: 

“Yo a vos te conozco! Ya nos encontramos antes!”  

Resultó ser Jim Yeiser, de Estados Unidos, y nos habíamos visto unos cuantos meses atrás en Monteverde, Costa Rica, pero con nuestros “disfraces” de viaje no nos habíamos reconocido. Qué grande parece el mundo y sin embargo qué pequeño resulta ser a veces! 

 EleccionesEl país estaba adornado de banderas multicolores por donde uno mirara. Y no era por los carnavales u otra festividad popular, era tiempo de elecciones nacionales. Los carteles proselitistas con los rostros de los candidatos inundaban las retinas por donde uno mirase y el color característico del partido político de preferencia era enarbolado en las casas y por donde fuera. El actual presidente, Rafael Correa, se jugaba la reelección para un segundo mandato y todo parecía indicar que arrasaría en los comicios venideros. Con un discurso que tenía muchos puntos en común (aunque mucho más moderado) con el de Hugo Chávez en Venezuela,  promocionaba la “Revolución Ciudadana” en cuanto cartel oficialista colgaba por ahí. Me llamó la atención la ausencia de grafitis o pegatinas en las paredes, tan comunes en mi país y que dejaban todo hecho un verdadero asco después de las campañas electorales. Las leyes locales no permitían semejante enchastre y por eso sólo se veían las coloridas banderas y los carteles colgados por todas partes, que luego de finalizadas las elecciones, serían rápidamente removidos dejando todo como estaba antes sin esas molestas huellas que suelen perpetuar a los candidatos políticos más allá de los tiempos, ganaran o no sus candidaturas.  

Luego de pasar unos días en la Aldea Infantil SOS de Ibarra, dejé a Maira y mis petates en buena custodia por unos días y me fui en bus hasta Quito para visitar a mi amigo Santiago Lara y su familia. Estar con ellos era como regresar a casa, ya que su hospitalidad sin límites me hacía sentir como en mi hogar nuevamente. Como últimamente me sentía un poco más débil de lo habitual, decidí hacerme un control de rutina y descubrí que tenía parásitos! Nada sorprendente considerando los hábitos alimenticios y las condiciones de higiene propias de una travesía como la mía. La medicina que me recetaron me curó en pocos días, pero me dejó totalmente “KO”. El reposo se volvió más que necesario y terminé pasando varios días sin moverme de la cama.  

Teleferico QuitoCuando las energías empezaron a volver a mi cuerpo, fui retomando las actividades poco a poco. Me había quedado con la sangre en el ojo de subir al volcán Cotopaxi, pero el clima seguía siendo esquivo. Cada vez que planeábamos hacer el intento con mis amigos Santiago García y Andrea Vallejos, el factor meteorológico nos hacía cambiar de planes y terminábamos haciendo un itinerario alternativo. El famoso “plan B” al que tanto estaba acostumbrado en mi viaje! Así tuvimos la chance de subir con el teleférico y trepar hasta la cumbre del Ruco Pichincha, el dormido volcán que domina la ciudad de Quito con panorámicas de otro planeta; hicimos un trekking al volcán Pasochoa, que nos agasajó con una inesperada niebla que se tornó en una molesta llovizna; recorrimos el centro histórico de la ciudad; visitamos museos y pedaleamos por el Santiago en el Rucu Pichinchagigantesco parque Metropolitano que domina la urbe y permite perderse por un rato en sus verdes recovecos olvidando que se está en la capital del país.  

También tuve la oportunidad de hacer una pedaleada hasta Mindo, un pueblito inmerso en vegetación casi selvática que está a unos pocos kilómetros de la ciudad…cuesta abajo! Santiago Lara me prestó una bici con doble suspensión donde recordé los beneficios de estas máquinas para las huellas por las que nos lanzamos. Era un verdadero placer dejar ir la bici sin temor a partir el cuadro o perder los dientes! Cuando me enteré lo que costaba el aparato que me habían dado casi me da un ataque cardíaco!!!Menos mal que terminé entero y con la bici sola pieza!      
Fueron días quese pasaron volando, Volcan Pasochoacomo pasa siempre cuando uno está disfrutando y acompañado de buenos amigos. Pero ya era hora de retomar el viaje. El Cotopaxi seguía burlándose de mí y finalmente di la batalla por perdida. Ya regresaría algún día a tomar revancha… 

El 5 de Mayo de 2009 regresé a los brazos de Maira y juntos emprendimos el camino hacia la costa Ecuatoriana. Me esperaba la famosa “Costa del Sol” y la visita a un par de Aldeas Infantiles SOS en Esmeraldas y Portoviejo. Opté por la ruta que bajaba hacia elmar por SanLorenzo, un camino que casi rozaba la frontera con Colombia y que se internaba poco a poco en la zonaafro del Ecuador. Me habían desaconsejado ir por allí yaque según me decían, Ana Lucia y Santiago Laraera una región muy peligrosa por eltema de la guerrilla, el narcotráfico y los robos habituales en la carretera. Pero por allí era mucho más directo que si tenía que regresar hasta Quito, así que me armé de coraje y me largué por ese camino.  

Por supuesto que la bajada no lo fue tal hasta bien avanzado en el recorrido. Los repechos y trepadas se sucedían uno detrás del otro y me preguntaba cuándo comenzaría a perder altura siendo que debía llegar al nivel del mar. La respuesta a mis plegarias vino después del poblado de Lita. El altímetro empezó a perder metros constantemente y me fui sumergiendo en una vegetación cada vez más frondosa. El clima se tornó opresivamente caluroso y húmedo, haciendo poco placentero el pedaleo. Pero era mejor que me acostumbrara, ya que era lo que me esperaba por las próximas semanas mientras me mantuviera a nivel del mar. El sol golpeaba con una dureza inusual y cada sombra en el camino era un oasis codiciado. El mejor premio para las horas de pedaleo era que estuviera nublado… 

 Camino al Pacifico Poblaciones

La pobreza era evidente por donde mirara. Los asentamientos eran de una precariedad escalofriante y sus habitantes, todos de color, traslucían la dureza de sus vidas en sus rostros.  Pacifico!Iba tenso, pensando que en cada lugar me podrían partir la cabeza para robarme la bici. Había escuchado muchas historias nefastas al respecto y no sabía si era exageración o verdad. Por las dudas, le metí garra a los pedales y en una jornada maratónica llegué hasta el costero poblado de Las Peñas. Allí pude posar mis pies en la arena y disfrutar de unas horas junto al mar, con la infaltable nostalgia de mi propio mar, del otro lado del continente, en Mar del Plata.  

La ruta costera, lejos de ir junto al mar, era un incesante subir y bajar que parecía empeñarse en drenar mis energías en  Esmeraldascomplicidad con el insoportable calor que reinaba en el ambiente. El color verde predominaba sobre cualquier otro, excepto cuando el azul intenso del cielo se imponía al mirar hacia el horizonte. La visita a la Aldea SOS de Esmeraldas, en Atacames, me permitió tomarme unos días de reposo del pedaleo junto al mar. Rápidamente llegué a la conclusión de que los reductos turísticos parecían ser todos iguales, con una caótica zona urbana, la costanera atestada de gente, una muralla de puestos de venta de artesanías y comedores con techos de paja cortando la vista al mar y más allá de ellos, por fin, la arena, las palmeras y el océano Pacífico. 

El camino principal se alejaba una vez más del mar, por lo que decidí tomar una ruta alternativa pasando por el poblado de Galera. Mi idea era llegar a la famosa playa de Portete, objetivo que se volvió cada vez más inalcanzable con el correr de las horas. Inmerso en una huella de tierra Atardecer en el Pacificoque seguía una topografía de lo más quebrada, iba maldiciendo al mapa que tenía por marcar las distancias con errores inaceptables para un viajero en bicicleta. La vegetación era exuberante y como es habitual en estos casos, abundante en fauna. Justamente en una bajada en la que venía embalado sin tocar los frenos casi muero de un ataque cardíaco al ver que iba directo a una enorme serpiente que descansaba sin grandes preocupaciones en medio del camino. Apreté los dientes, levanté las patas y sin darle tiempo a que reaccionara le pasé por arriba justo en la mitad del cuerpo! Por suerte fue rápido y no se enredó en las ruedas ni me lanzó un tarascón! Alcancé a ver con el rabillo del ojo como se escurría entre las plantas, seguramente insultándome con toda su furia. 

Definitivamente el mapa estaba mal, ya que los caminos no se condecían con los lugares por los que iba pasando con la bici. Después de preguntar a cuanta persona se me cruzó por el medio, llegué Muisné, o mejor dicho, al otro lado del río que debía atravesar para llegar a Muisné. La precariedad de las casas se correspondía con la ausencia de puente y la única manera de cruzar era en canoa. Mi pinta de extranjero subía la cotización del cruce a casi cuatro veces el valor original, que sabía de antemano por la gente que me había indicado cómo llegar allí. Me llevó un buen rato, pero después de regatear hasta el cansancio, por fin logré un precio decente para Maira y para mí y llegamos del otro lado. Qué desgastante resultaba todo ese franeleo simplemente por portación de cara de gringo!! 

BalseandoPortete parecía ser un destino fantasma. La imprecisión en las distancias cada vez que preguntaba cuánto faltaba me llevaron a seguir rodando cuando la noche ya había caído hacía rato. Estaba un tanto perdido en la negrura del paisaje cuando decidí preguntar una vez más por dónde estaba.

“No es recomendable que pedalee de noche”, me dijeron, “es peligroso por acá, le pueden robar todo. Y el acceso a Portete es la peor zona. Ahí siempre asaltan a los turistas. Mejor quédese por acá” 

Me indicaron que parara en lo de doña Chela, en el caserío de Pueblo Nuevo, donde encontré una humilde cama donde reposar y un buen plato de arroz con camarones, infaltables en la dieta de la zona. Tan infaltables como los plátanos, que parecían estar a la orden del día en cualquier plato que uno ordenara. Y para alguien como yo, que cualquier derivado de la banana es sinónimo de descompostura instantánea, fue toda una odisea mantener una dieta aceptable evitando el nefasto componente de cada comida…una buscapina por favor!!!     

Cojimies

Por la mañana, mientras desayunaba (sin plátano) conocí a un pescador de la zona que me recomendó una alternativa interesante para la pedaleada del día. Siguiendo su consejo, fui hasta el pequeño poblado de Daule y me embarqué en un bote que me llevó hasta la vecina localidad de Cojimíes. Desde allí tendría la oportunidad de recorrer los próximos 40 kilómetros por la costa…literalmente rodando por la arena de las playas! Era la primera vez que podría pedalear literalmente tan cerca del mar y con un terreno perfectamente plano! El único detalle a tener en cuenta eran las mareas. El margen de tiempo para poder realizar la travesía era de unas pocas horas antes de que el mar subiera y me dejara atrapado contra los acantilados. Era un riesgo aceptable, así que sin dudarlo me largué a recorrer ese tramo a escasos metros de las olas. Una experiencia de lo más recomendable, que tuve que descartar en los últimos 15 kilómetros cuando la amenaza de terminar nadando con la bici se volvió una realidad muy cercana.  

 Rodando por la playaEl camino que seguía la costa no era tan atractivo y el polvo que levantaban los vehículos en su frenético paso lo hacían aún más detestable. Al llegar a Pedernales, sólo encontré caos en el transito, ruido y demasiada gente en comparación a lo que venía viendo. Obviamente, opté por continuar en busca de alguna playa donde poder acampar… 

A pocos kilómetros de allí crucé por tercera y última vez en este viaje la línea del Ecuador. El cartel que indicaba el límite entre los hemisferios Norte y Sur no era muy impactante y casi que pasé de largo. Era un momento decisivo, regresaba definitivamente al sur y el final del viaje se acercaba inexorablemente. Esa noche, acampando en la solitaria y hermosa playa de Bahía Camarones, por primera vez en mucho tiempo volví a reencontrarme con una vieja amiga, la constelación de la Cruz del Sur, que a partir de ahora marcaría el rumbo para el resto del recorrido.   

Cruzando el EcuadorProseguí mi derrotero por la Costa del Sol en un terreno un poco menos abrupto. Los kilómetros pasaban con mayor velocidad y los apacibles poblados pesqueros se intercalaban con los atestados centros turísticos. Después de una breve parada en el pacífico Jama, llegué a las playas de Canoa, reconocido reducto para los fanáticos del surf. La calma que reinaba en el ambiente me resultó algo sospechosa y poco después me enteré de que por un desperfecto en la central de energía, no había electricidad. La paz duró hasta la noche, momento en el que restablecieron la corriente y se inició el caos sonoro. De cada hostal, restaurante o bar tronaba la música a todo volumen como en una loca competencia de decibeles. Junto a la habitación donde estaba hospedado comenzaron a retumbar unos sonidos Hip-hop y raperos que me hicieron sentir parte de la saga “Rápido y Furioso”, pero versión playera y sin los autos!!! Por favor, que vuelva el corte de luz!!!!  

Al día siguiente atravesé la playa con Maira y, como si estuviera cargando una tabla de surf, encaré hacia el mar. Pero no estaba tan mal de la cabeza, no tenía intenciones de barrenar olas con una bicicleta de 80 kilos, sino que más bien, aprovechaba la marea baja para proseguir rodando por la arena hasta la cercana población de San Vicente. Allí una balsa me permitiría cruzar la Bahía de Caráquez, y desde el pueblo homónimo, continuar viaje.  

 BalseandoPor la tarde pasaba por San Jacinto, y en una parada a comprar algo para comer en un mercadito, la buena onda de sus dueños y su entusiasmo para promover las bondades del lugar me convencieron de hacer noche allí. Cerca vivía Exon, un muchacho que había conocido cuando acampaba en Bahía Camarones y con quien me había vuelto a cruzar por allí. Su hospitalidad no tardó en salir a relucir y quedé invitado a desayunar en su casa a la mañana siguiente.  

Exon y su familiaEl desayuno casi se convirtió en un almuerzo. La calidez de Exon y su familia me mantuvieron cautivo por horas y recién por la tarde llegué a Portoviejo, donde me esperaba una nueva visita a las Aldeas Infantiles SOS. Pero estaba adelantado en algunos días para mi cita con los chicos de las Aldeas SOS y aproveché para dejar las cosas en la casa de los padres de unos amigos de amigos de amigos y partí hacia las playas de Machalilla y Puerto López.  

Hospedado en el pintoresco camping familiar de Cristóbal Ventura, tuve la chance de recorrer las hermosas playas vírgenes de la reserva natural de Machalilla y al mismo tiempo, conocer de cerca la Isla de la Plata, una especia de muestra en miniatura de las remotas e inaccesibles (principalmente por cuestiones económicas) islas Galápagos. Allí tuve la oportunidad de ver de cerca los exóticos piqueros de patas azules, unas aves que sólo se ven en las inmediaciones de las Galápagos…y allí! 

Tenía que retornar a Cuenca para hacer algunas reparaciones en la bici, donde había enviado los repuestos necesarios conseguidos gracias a las gestiones de mi amigo Santiago Lara. Maira necesitaba un recambio de componentes mecánicos antes de meternos en los difíciles y duros caminos que nos aguardaban en Perú y Bolivia. Pero no quería circular por las rutas principales, el tránsito por allí era muy molesto y el paisaje monótono y aburrido. Así fue que terminé internándome en una maraña de caminos secundarios, donde el sentido de orientación estuvo dado por la gente que me iba cruzando y a los que les preguntaba cada detalle de la ruta. Claro que no siempre tenían mucha idea de las distancias y la ausencia total de carteles me obligaba a parar en cada cruce hasta que alguien pasara y me confirmara el rumbo. Era como una búsqueda del tesoro y llegar al poblado deseado era el desafío de cada jornada.  

Isla de la Plata Puerto Lopez


Me fui adentrando en la zona bananera del país. Hacia donde mirara, lo único que se veían eran plantaciones de bananas. Más y más plantaciones de bananas…hasta el infinito. El calor era devastador y el sol estaba haciendo estragos en mi piel. Mientras tanto, seguía avanzando en ese laberinto de caminos que ni siquiera figuraban en mi mapa. Lo más interesante de este tramo fue poder conocer pueblos que habitualmente están fuera del circuito turístico tradicional. Cuando pasé por la Municipalidad de Baba a pedir el sello para mi cuaderno de ruta, se despertó un interés tal que a poco de estar allí quedé rodeado de casi todo el personal administrativo y hasta fui saludado por las autoridades locales como si fuera un héroe. Inclusive ligué unos jugos de regalo cuando hice una pausa a hidratarme un poco! 

 BananalandiaLos poblados en las zonas cálidas se caracterizaban por estar plagados de bicicletas taxi. No podía terminar de comprender cómo desplazaban esas moles de hierro sin cambios de velocidades, cargados de gente y mercaderías. Definitivamente lo mío era un paseo en comparación a lo que hacían estos trabajadores del transporte urbano. Se me ocurrió preguntarle a uno de ellos a cuánto se cotizaba el viaje…me desmoralizó aún más saber lo poco que ganaban con tanto esfuerzo. No quedaban opciones, había que ganarse la vida para sobrevivir... 

La precariedad de las viviendas en algunas zonas era sorprendente. En las afueras de Babahoyo las casas estaban edificadas en zonas de esteros inundables, elevadas del suelo con pilotes de madera. Los cables de corriente eléctrica se ramificaban desde los postes de luz como los hilos de una telaraña, dando la sensación de que las endebles estructuras eran meras marionetas suspendidas del aire.  

En Balzar fui agasajado nuevamente con unos jugos de regalo por parte de la gente del negocio donde me detuve a hacer una pausa. Allí conocí a Manuel, un vendedor ambulante de escobas que parecía ser la única persona que se sabía todos los caminos y lo que es mejor aún, las distancias entre cada lugar con una precisión escalofriante! Gracias a su ayuda diagramé la última parte de mi recorrido por esas planicies antes de encarar la trepada hacia Cuenca.  

PoblacionesLa noche me sorprendió  llegando a Palestina, un cruce de caminos donde no había muchas opciones de alojamiento entre las que elegir. Había pedaleado casi 160 kilómetros y el cuerpo pedía tregua. Me metí en el primer hospedaje que encontré y después de comer algo por la calle regresé para desmayarme en la cama. Estaba en eso cuando escuché unos sonidos algo perturbadores. Primero pensé que estaban mirando una película en la televisión, pero después recordé que en ese lugar no había cable. Los gemidos y jadeos se escuchaban fuertes y claros…y venían de la habitación de al lado! Mis vecinos ocasionales estaban disfrutando de una noche de lujuria y pasión y por lo que aparentaba, la estaban pasando muy bien! La magia de la fantasía se cortó cuando pasó el encargado del lugar y con voz fuerte y clara les dijo: 

“vamos hermanito, que ya tengo que cerrar la puerta con candado!” 

Juan y sus batidosCoitus interruptus, o al menos acelerado! Al parecer mi hospedaje también funcionaba como albergue al paso. Preferí no ver el rostro de los protagonistas y quedarme en la imaginación con la banda sonora…y yo solito con mi bici!!! Aghhhh!!!! 

Finalmente había llegado la hora de la verdad: debía encarar el cruce de los Andes y regresar a la zona serrana para llegar a Cuenca. Me esperaba la trepada hasta el Parque Nacional Cajas, alcanzando los 4200 metros de altura…empezando desde cero! Y sólo en 75 kilómetros! Definitivamente no era la opción más sencilla, aunque sí la más directa.  

Como de costumbre, mi ambición inicial de progreso fue elevada. Casi tanto como el camino que tenía que recorrer. La fuerte pendiente fue cascoteando mis ilusiones y poco a poco tuve que ir reduciendo mis expectativas de avance. Para peor, la ruta estaba en construcción y parecía un paciente psiquiátrico con problemas de personalidad: asfalto, ripio, asfalto, ripio…y así todo el tiempo! 

 Hacia las nubesLos kilómetros pasaban con una lentitud pasmosa. A medida que ganaba altura, las nubes se adueñaron del paisaje, dejándome inmerso en una incertidumbre perpetua. Simplemente no tenía idea de por dónde se escurriría la ruta a continuación. Por donde mirara parecía imposible que hubiera paso. Miles de veces revisé si tenía pinchada la rueda. Sentía que una fuerza misteriosa se colgaba de mí y me arrastraba hacia atrás constantemente. Era más duro de lo que esperaba.  

Finalmente, cuando el día llegaba a su ocaso, arribé al caserío de Yerbabuena, paradorPor encima del cielo habitual de los buses que cubren el servicio entre Cuenca y Guayaquil. Había trepado 2350 m de altura en sólo 37 kilómetros! No podía dar una pedaleada más y la oportuna aparición de los trabajadores del camino me dio un lugar bajo techo donde pasar la noche: la casa que se estaba construyendo para que fuera su campamento mientras seguían las obras de repavimentación.  

El amanecer recompensó  las penurias vividas el día anterior. Como si estuviera asomándome Cruzando los Andesdesde un avión, las nubes habían subido el nivel del suelo a 2000 metros de altura y daba la sensación de estar flotando en campos de algodón. A lo lejos, en el horizonte, el majestuoso Chimborazo surgía a través de este manto esponjoso dejando relucir su nariz cubierta de nieves eternas.  

A pesar de todo, toda esta belleza junta no facilitaba el pedaleo, que prosiguió en trepada constante y sin piedad. Después de varias horas y unos cuantos litros de sudor, alcancé el hito de Tres Cruces, a 4150 metros sobre el nivel del mar, la divisoria continental de aguas más cercana al océano Pacífico en Sudamérica. El cielo estaba encapotado y el frío impedía hacer grandes pausas, así que después de festejar con un merecido chocolate, enfilé a través de las increíbles lagunas del Parque Nacional Cajas, dando rienda suelta a la adrenalina del descenso.  

Llegué a Cuenca justo a tiempo para retomar contacto con la civilización y saludar a mi papá por su cumpleaños número 70. Supuestamente debería haber estado de regreso en Mar del Plata para ese 28 de Mayo de 2009 y festejarlo junto con él, pero la extensión del viaje para intensificar la labor social con Aldeas Infantiles SOS aún me mantenía bastante alejado del hogar. El video que había preparado junto con los chicos de seis Aldeas SOS durante mis visitas había llegado a aparecer en la página web justo a tiempo, y si bien no reemplazaba mi ausencia, había tenido el efecto deseado de acercarnos en ese día tan especial. 


 

Chancho asado!La estadía en Cuenca se prolongó más de lo esperado. Además de poner a punto a Maira y reencontrarme con viejos amigos de mis épocas de docente en la Universidad de Mar del Plata, volví a alojarme en la Aldea SOS de Ricaurte, donde fue muy emocionante poder volver a ver a los chicos después de varios meses y más aún, poder presentarles en persona el video que había armado de su Aldea. Era la primera vez que regresaba a una ciudad por la que ya había pasado y que visitaba por segunda vez una Aldea Infantil SOS. Un buen cerdo asado, plato típico de la región y del país, sirvió para festejar el reencuentro.   

A través de Juan Villarino, otro viajero de mi ciudad que ha recorrido gran parte del mundo a dedo, me puse en contacto con la gente de la ONG “Movimiento de los Pueblos por la Salud” y en conjunto con ellos y la Facultad de Medicina de Cuenca, se organizaron varias actividades alrededor de mi presencia en la ciudad. El más destacable fue un espectacular “Critical Mass” (Masa Crítica), para bogar por los derechos de la salud, el deporte y la infancia. Fue un evento sin precedentes, convocando gente de diversas áreas de la educación y el deporte, del que esperamos se pueda avanzar en la concientización del uso de la bicicleta y el cuidado del medio ambiente.


Masa critica en Cuenca

Cumplí los 30.000 kilómetros de recorrido al dejar la ciudad de Cuenca. Iba hacia la frontera con Perú para cruzar por el paso de Macará, pero como de costumbre, no quería repetir el camino que ya había pedaleado hasta Loja en mi primera pasada por el país y por eso opté por regresar a los llanos bananeros en las proximidades de Machala. A veces dudo de mi integridad mental y creo que en ocasiones mis decisiones rozan la idiotez total: volví a internarme conscientemente en un calor demencial, exacerbado por una humedad de 110%!! Por qué no habré seguido por la 30000 kilometros!frescura de las sierras?  

Sin embargo, hubo un aspecto positivo en la elección de la ruta. Estaba por cruzar la ruta para refugiarme en una estación de servicios para conseguir algo de sombra y tomar algo fresco, cuando tuve una visión cercana al delirio por insolación. Como una especie de Papá Noel salido de otro planeta, vi acercarse a un personaje de barbas blancas desplazándose en una bicicleta fuera de lo normal. Era Valdo, de Brasil, que con sus jóvenes 65 años había comenzado su viaje alrededor del mundo en una particular bici reclinada. Nos saludamos y al ver mi camiseta me espetó: 

“yo te conozco! Sos el argentino que pedalea por las Aldeas Infantiles SOS, no?”  

 ValdoMe comentó que mientras preparaba su travesía había llegado a conocer mi página web y se había sentido motivado por mi causa social. El ahora recorría el globo terráqueo pedaleando por la Paz. Charlamos un buen rato, intercambiamos contactos y nos despedimos hasta la próxima. Esperaba estar de vuelta en su Joinville natal en 5 años y poner una casa de ciclistas…que prometí visitar apenas estuviera funcionando! Un ejemplo de perseverancia y voluntad que no abunda en nuestros días…y una prueba más de que para hacer este tipo de viajes, la edad no es una limitación.  

Si bien estaba muy cerca al cruce fronterizo de Huaquillas-Tumbes, todo el mundo me había desaconsejado ir por allí por cuestiones de seguridad. La costa norte de Perú tenía muy mala fama entre los viajeros en bicicleta y era mejor evitar esa zona. Las playas podrían ser muy bonitas y agradables para pasar unos días, pero ya había tenido suficiente en mi pasada por la costa ecuatoriana. Giré una vez más hacia las sierras y me interné nuevamente en sus interminables trepadas. 

Estuve a punto de quemar mi mapa de la ITMB cuando descubrí lo mal que estaban ubicados los pueblos y más aún, las distancias. Un error de 25 kilómetros no era tan grave si uno iba en auto, pero en bicicleta y en plena subida significaba horas extra de esfuerzo! Resultaba aún más frustrante llegar al sitio donde debía aparecer un poblado, para descubrir que éste se encontraba a unos cuantos kilómetros de la carretera…en el fondo del valle. 

Una de estas inesperadas y eternas subidas quedará por siempre grabada en mi memoria. No tanto por lo empinada o lo largo, sino más bien porque al costado de la carretera proliferaban los criaderos de pollos, con un olor hediondo que hacía  prácticamente imposible respirar sin tener arcadas. Y el martirio se prolongó por muchos kilómetros! 

Poblaciones Catacocha

Cuando llegué  a Catacocha, abatido y exhausto, me enteré de que ese día se realizaba la procesión de la Virgen del Cisne, patrona regional venerada con mucho entusiasmo por los habitantes de la zona. Las calles estaban adornadas con globos, pancartas y cintas de colores. Por la noche una multitud invadió la plaza central, donde se realizó una ceremonia religiosa como cierre del evento. Lamentablemente muchos de los asistentes se habían quedado a dormir en el pueblo, por lo que no fue nada fácil conseguir un lugar donde pasar la noche. Después de recorrer todos los hospedajes y regatear al máximo, conseguí una minúscula habitación donde pasar una de mis últimas noches en este país. Aleluya! 

Palo borrachoFinalmente, después de muchos altibajos topográficos, un merecido descenso me dejó a las puertas de Macará, último poblado en mi paso por Ecuador. Era el fin de las pendientes abruptas, de bajadas con mil subidas intermedias, de una geografía cambiante que en pocos kilómetros podía llevarme de la costa a las sierras y de allí a la selva. Un crisol de culturas y gastronomías donde cada rincón tiene su magia y encanto. Un lugar que se había ganado mi respeto y mi cariño a través de la hospitalidad de su gente. Un país pequeño con un corazón grande.

Hasta la próxima! 

Buena senda, 

Damián 

Querés ayudarme a seguir pedaleando? Hacé clic acá! 

Un libro para no perderse 

Mientras me recuperaba de mi proceso de desparasitación en Quito, tuve la oportunidad de leer un libro de esos que vale la pena recomendar. Había vuelto a visitar a mis amigos de Radialistas y José Ignacio López Vigil me obsequió una de sus obras más reconocidas: Las mil y una historias de Radio Venceremos.  

 Amigos RadialistasEn él se recopilan las anécdotas vividas por los guerrilleros durante la infame guerra acontecida en El Salvador y cómo Radio Venceremos, el medio de difusión de la guerrilla, se convirtió en un elemento decisivo en la definición de esta lucha sin sentido.  

Repasando sus páginas pude comprender con mayor profundidad el drama que había vivido el pueblo salvadoreño y sobre todo, entender el por qué de muchas actitudes hacia mi persona cuando pasé por su país. Después de las atrocidades vividas e impulsadas en gran parte por el gobierno Estadounidense, era lógico que a alguien con pinta de “gringo” como yo se le hiciera un poco cuesta arriba el recorrer sus caminos.  

Los invito a conocer estos relatos, parte de una historia que no se debe olvidar y de la que aún hay mucho por aprender… 

Las mil y una historias de Radio Venceremos

Agradecimientos 

James Yeiser, por los encuentros no tan casuales en los caminos! Por otro viajero con compromiso social…buena senda mi amigo! 

Parque Nacional CajasSantiago Lara y su familia, Ana Lucía, Ana Carolina y Micaela, que pasaron a ser parte de mi familia con todo su cariño y afecto! Gracias por el aguante y por su increíble hospitalidad!

Santiago García y Andrea Vallejos, por su gran corazón y por mantenerme entretenido en mi estadía en Quito con el más variado surtido de actividades al aire libre! 

José Ignacio López Vigil, por tu camaradería y por permitirme disfrutar y aprender de tu Transito pesadoobra literaria. Y a toda la barra de Radialistas por la buena onda y calidez habituales! 

Alexandra Velasco, por la invitación a la parrillada de Biciacción y los recuerdos para llevar en la bici. 

Maria Eugenia Quezada y Nadia Díaz, por darme a conocer los detalles sobre la Marcha Mundial por la Paz y no Violencia, permitiéndome difundir su mensaje a lo largo de mi recorrido.  

Exon Mieles Molina, por permitirme compartir un exquisito y abundante desayuno con tu familia de paso por Charapoto.  
 Las Peñas
Miryam y Ana Coral, por darle cobijo a Maira en Portoviejo en los días que fui a recorrer la zona de Machalilla. 

Cristobal Ventura, Lidia Baque y Jamilexy Ventura Baque, por la hospitalidad y amistad con la que me acogieron en su camping “la Canoa” mientras estuve en Machalilla.  

Laura Slee, por las fotos subacuáticas durante la visita a la Isla de la Plata. 

 Panoramica del descensoLinda & Charles Grant, por su contribución para comer algo en los caminos! 

Lisa y Kelly Babcock, por compartir una hermosa jornada juntos en las playas de Machalilla. 

A Dolores y su familia, por el jugo convidado en Balzar. Y a Manuel, que con su sabiduría de las calles, me pudo orientar por los caminos del Ecuador. 

A los empleados de la Municipalidad de Baba, por el intenso entusiasmo demostrado con mi travesía y a Juan, por convidarme con ese exquisito batido energético! 

Trabajo duroA los empleados de la empresa Fopeca, constructora de caminos, por darme un techo donde pasar la noche en mi paso por Yerbabuena. 

Guido Guaillas, del Restaurante Selena, en San Pedro, plena subida al Parque Nacional Cajas, por el riquísimo jugo de naranjas! 

A René Zalamea, director de la Aldea Infantil SOS de Ricaurte y a todos los chicos, mamás y tías de la misma, por la segunda bienvenida y la calidez con que me recibieron en mi segunda pasada por Cuenca.  

Juan Pablo Montero y su familia, por tu amistad y tu hospitalidad nuevamente! Gracias por darme una mano con los envíos de correo!  Rodando por la playa

Arturo Quizhpe Peralta, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de Cuenca, por el interés demostrado en mi travesía y por apoyar la gestión y realización de las actividades que realizamos en conjunto en el ámbito académico.  

PalmerasKlever Calle, Patricio Matute y Jorge Parra, de la Facultad de Ciencias Médicas de Cuenca, por su amistad y colaboración para generar y llevar adelante las propuestas realizadas en mi paso por Cuenca.  

Jorge Quizhpe, del “Movimiento para la Salud de los Pueblos”, por tu gran labor y la hospitalidad con que me recibiste. Y a Silvina por las exquisitas pizzas!!!  

Juan Pablo Pazmiño y su familia, por el reencuentro después de tantos años y esa gran cena con amigos junto a los tuyos.  

Pesca!Galo Tamayo y el equipo técnico de Cikla Cuenca, por los mimos dedicados a Maira para poder encarar con presteza los kilómetros que nos aguardan en Perú  y Bolivia. 

A Valdo, por tu ejemplo y perseverancia. Que tengas buena senda recorriendo los rincones del planeta! 

Suboficial 2do. Francisco Ojeda Calle y Cabo 2do. Ronald Jaramillo Cabrera, por darme un lugar donde pernoctar en la comisaría durante mi paso por Saracay. 

Kelvin, de Hidrobo Estrada, compañía constructora de caminos, por regalarme un collar para adornar a Maira camino a Chaguarpamba. 

Jose Elicio Paladines, de Hidrobo Estrada, por convidarme a compartir el almuerzo con los demás trabajadores en mi camino hacia Catacocha.  

Algunas estadísticas 

En este período de pedaleo

Días en el camino: 73
Días de pedaleo: 22
Kilómetros recorridos en bici: 1840 km – 140 km en tierra/arena/ripio
Promedio de kilómetros recorridos por día: 83,6 km
Horas sobre la bici: 112h04m (4d16h04m)
Promedio de velocidad: 16,4 km/h
Metros trepados: 20.965 m
Altura máxima: 4154 msnm, Tres Cruces, Parque Nacional Cajas (28-05-2009) 

 Manuel  Piqueros pata azul  Playas turisticas

En todo el recorrido

Días en el camino: 753
Días de pedaleo: 362
Kilómetros recorridos: 30.347 km - 3236 km en tierra/arena/ripio
Promedio de kilómetros recorridos por día: 83.8 km
Horas sobre la bici: 1.905h39m (78d13h35m)
Promedio de velocidad: 15,9 km/h
Máxima velocidad: 81,5 km/h, bajando el Sunwapta Pass, Canadá (15-08-2007)
Metros trepados: 322.946 m
Altura máxima: 4415 msnm, Páramo Vn. Chimborazo, entre Riobamba y Guaranda, Ecuador (04-01-2009) 

Víboras atropelladlas en los caminos: una, y más que suficiente!! 

Cantidad de veces que tuve que rechazar ofrecimientos gastronómicos por tener plátano, banana, verde, maduro o como quieran llamar a este nefasto (al menos para mí) componente alimenticio: ufff, perdí la cuenta!!

Sombras 


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