*** LAS CRÓNICAS ***

4) Por los caminos de Alaska
(Dawson City, Yukon Territories, Canadá, 25 de Junio de 2007)


Y llegó la hora del ripio! Muchos viajeros me habían anticipado caminos terribles, trepadas ingentes, sangre sudor y lágrimas…pero claro, eran mayoritariamente viajeros de RVs…

Denaly Hwy La noche antes de largarme a recorrer la Denali Hwy conocí a otros ciclistas que justamente venían de recorrer esa ruta. Julia y Stefan conducían un sofisticado tándem, mientras que sus amigos Sven y Daniel piloteaban unas mountain bikes de última generación. Inmediatamente nos pusimos a charlar y a comparar notas de los viajes realizados. Julia y Stefan fueron los primeros ciclistas que conocí con el mismo destino que yo: Ushuaia. Seguramente nos vamos a cruzar por los caminos más adelante...

Y parece que no somos los únicos! Con el correr de los días distintos viajeros con los que estuve charlando me comentaron de otra pareja de estadounidenses, un holandés de 65 años y otro norteamericano, todos lanzados a recorrer los caminos de las Américas. Sin conocernos ya nos vamos conociendo! Dónde nos cruzaremos??Rodando por la Denaly Hwy

Pero volvamos a la ruta...la Denali no fue tan terrible como se anunciaba, ni tan desolada, ni tan plagada de osos...menos mal!!

El primer día fueron 90 km inaugurando las pistas de ripio. Lentamente fui testeando la respuesta de Maira, el balanceo, el peso, cada mínimo sonido que surgía de ella. No quería que nada fallara.

A pesar de que el avance era más lento y desgastante que en el asfalto, volví a experimentar le diversión que generan estos tipos de terrenos: buscando el mejor sector de la carretera sin importar el mantener o no la derecha, esquivando pozos inesperados, sorteando los cúmulos de piedra que hacen perder el control de la bici de un segundo al otro...un placer, acompañado de unos paisajes imponentes.

Vistas de la Denaly HwyInicialmente el camino transcurre siguiendo el curso de los ríos, rodeado de bosques y con las montañas como postal de fondo. Luego, al ir ganando altura, la vegetación se vuelve arbustiva, más baja y rala, pero con unas panorámicas de esas que quitan el aliento. Y el camino continua serpenteando hacia el horizonte lejano y aparentemente inalcanzable...

Las subidas requerían reducir la carga al máximo, utilizando el plato chico y el piñón más grande...bueno, casi, porque el orgullo aún me hacía reservar la mínima multiplicación para algo más duro...que no tardaría en llegar!!

Las bajadas eran un exceso de adrenalina. Si bien en asfalto uno se puede dejar llevar por la euforia de la velocidad, hacer lo mismo en el ripio es de una demencia total!! A menos que las condiciones del camino sean favorables, hay que ir frenando, cola en alto y centrando el peso en los pedales, de manera que si alguna roca o pozo sorpresivo repercute en la rueda trasera, ésta no se destruya inmediatamente con el golpe. Con semejante carga a cuestas no es un tema menor!!

Muchas veces los descensos son más agotadores que las subidas: las manos agarrotadas de tanto apretar los frenos, los músculos de las piernas se acalambran y la concentración que se requiere a cada metro superado te dejan de cama...pero está buenísimo!!

El tránsito era bastante animado, pero tal era la fama de la ruta que los pocos que se aventuraban (unos 30 a 40 por día) iban más bien despacio ya que por estos lares el objetivo era disfrutar de los paisajes y de la fauna.

Por mi parte llegué a ver algunos “moose”, águilas calvas (sí, esas típicas de los escudos yanquis), ardillas, liebres, un zorro rojo...pero ningún oso. Aunque me mostraron fotos de un grizzly cruzando el camino por el que yo había pasado tan sólo unas horas antes...esta vez tuve suerte! Como les dije yo al ver las imágenes: “los osos no existen, pero que los hay, los hay!”.

Considerando que no tenía ganas de tener un encuentro cercano con estas criaturas de Dios desde el cierre de mi carpa, opté por acampar en lugares con presencia humana. El mejor de ellos sin dudas fue el McLaren Lodge, donde Marie Ellen no sólo me dejó acampar gratis al lado del río, sino que además me prestó su computadora para que actualizara mis mails...ahí, en el medio de la nada!

También en ese lugar conocí a Brandon y Don, dos pibes de Florida viajando en una vieja van estilo hippie, con quienes charlé un rato junto al fuego mientras el sol se resistía a caer en el horizonte. Me regalaron un par de paquetes de comida de emergencia del ejército que resultaron ser fantásticos! Con un poco de agua y gracias a una reacción química se cocinaba la comida en una cajita de cartón, con menú completo incluyendo entrada, bebida y postre...delirante y practiquísimo para un día de mucho pedaleo y poca voluntad de cocinar!

Y se vino el agua!!!A pesar de tener buen clima en general, con abundante sol enlas mañanas, hacia la tarde se empezaba a cubrir el cielo con unos nubarrones negros impresionantes que se quedaban enganchados en las montañas lindantes descargando la lluvia a lo lejos. Eso de pedalear en el sol y ver la lluvia ahí nomás era de lujo...hasta que el camino empezó a bordear la montaña, ascendiendo justo hasta el corazón de la tormenta! La temperatura cayó de agradables y hasta diría que calurosos 25 C a escasos 9 C, con lluvia y vientos cruzados....brrrr, qué frío!! Fue la media hora más dura del camino!!

hacia Paxon!En tres días transité los 180 km de ripio más otros 55 de asfalto hasta salir de la Denali. El paso McLaren fue el punto más alto, con 1370 msnm, que luego me llevaron a recorrer unos cuantos kilómetros de sonrisas en las bajadas subsiguientes. Eso sí, hubo una trepada inesperada hacia el final del camino, que convirtió la teórica bajada a Paxon en una tortura interminable, con pendientes pesadas, viento en contra y casi alcanzando nuevamente la altura del paso que había dejado felizmente atrás! Así no vale!!!

Paxon resultó ser un lugar sacado de una película de terror! Un parador en el cruce de caminos que era increíble: parecía estar abandonado, casi vacío de provisiones, sucio, con un personal con caras de hastío, como de que los estuviéramos molestando con nuestra presencia. La camarera era un caso particular: gordita rubiona, enfundada en jeans gastados un tanto chicos, con un sombrero tipo texano que parecía querer salirse de la gran cabeza, de mirada perdida, resoplando a cada instante, abatida por la vida...no tendría más de veintipico de años. Cuando le pregunté si tenía galletitas se quedó tildada como dos minutos (de reloj!) hasta que reaccionó con un “mmmmm, no”, mientras miraba perdidamente al descascarado techo. Parecia zombie...lo sería?

En una mesa había unos hombres tomando cerveza que me miraron despectivamente cuando entré con mi típica pinta de ciclista...demás está decir que ni me contestaron el saludo. Mientras no sacaran un arma y me rajaran a tiros estaba todo bien!

Lo más destacable del lugar era un cartel que anunciaba pomposamente en grandes letras: “baños limpios”. Una breve incursión bastó para demostrarme que no compartíamos los mismos criterios de limpieza...mejor seguir pedaleando, no?

La Richarson Hwy por la que seguí transitando fue un hermoso paseo ondulante entre bosques y lagos, en una ruta en buen estado aunque de escasas o inexistenetes banquinas. El famoso oleoducto Trans-Alaska se dibujaba de a ratos en los laterales, dándole un contraste de presencia humana al camino que discurría entre tanta naturaleza.

con Bob!Rodando por esos caminos conocí a Bob, que venía haciendo el apoyo logístico a un grupo de ciclistas que estaban recorriendo 600 km de un tirón (!!) como entrenamiento para una competencia en Francia. Y me decían loco a mí??!! 600 km de una!!! Era paradójico pensar que yo acamparía, pasaría la noche, pedalearía toda una jornada y me los volvería a cruzar de nuevo por el Tok Cutoff road al día siguiente!! Nooooo...están muy mal!!!

Los 200 km entre Gakona y Tok tuvieron un poco de todo: subidas y bajadas constantes, sol, nubes, viento en contra yEl imponente Stanford! tormentas eléctricas. Los últimos 100 km me regalaron una belleza espectacular, con el imponente monte Stanford a mi derecha, que con su gigantesco glaciar se camuflaba entre las nubes constantemente. Al verlo en toda su magnitud generaba una sensación de respeto. Varias veces se apareció al final del camino, encajonado entre cerros menores, como devorándose la cinta asfáltica.

Jeanni!También las noches tuvieron lo suyo. Primero fue en el expresso de Jeannie, que no sólo me sirvió el mejor café que tomé hasta el momento, sino que me dejó acampar bajo el alero de un porche en un hotel abandonado para evitar la lluvia que se avecinaba. Encima me convidó con un guiso de porotos espectacular y me dio café hasta reventar!! A pesar del cansancio casi no duermo de la sobredosis de cafeína que tenía!!

La segunda noche llegué al Midway Service totalmente agotado con la esperanza de acampar allí, pero estaba cerrado...maldito domingo!! Igualmente Jay, el dueño, abrió el negocio especialmente para mi y me cedió un viejo bus para que pasara la noche. Justo a tiempo antes de que se diluviara todo...qué bueno que fue estar seco y calentito mientras afuera caían baldazos de agua...

1000 Kms!!!!El 18 de Junio finalmente llegué a Tok. Poco antes cumplí mis primeros 1000 km de camino!!! Qué alegría!! Vinieron bien para ir ganando confianza, asentarme en la bici, ganar un poco de estado físico...y precisar un día de descanso!!

Recalé en el Sourdough Campground, un camping plagado de RVs pero también con sitios para carpas. Digamos que no era exótico únicamente por ser Argentino, sino que también lo era por andar en bici. El 90 % de los residentes ocasionales eran parejas de jubilados norteamericanos recorriendo Canadá y Alaska en sus enoooooormes vehículos.

Vistas en el Tok CutoffKen y Ann, los dueños del camping, la han dado un toque único al lugar, rescatando las viejas veladas del campamento tradicional: cada noche después de una cena servida en un pan casero (de rechupete!), Ken armaba un show con canciones y chistes, preludio al famoso “pancake toss” o tiro del panqueque al balde...qué era eso?? Pues todos los presentes podíamos participar con dos tiros para embocar un panqueque en un balde (“the buckit”) y de esa manera ganarse un desayuno gratis. Y es más, quedar inmortalizado en el salón de la fama con foto y todo Segundo triunfo en el Pancake Tossrodeado delos previos ganadores del concurso...interesante...más porque no gané una vez, sino dos!!! Imagínense la cantidad de chistes que hizo Ken con el maldito argentino este que además de ganar se comío todo lo que había!! Es que el desayuno era “all U can eat”...y para un negocio no hay peor csa que un ciclista hambriento! Seguramente se acordarán de mí por mucho tiempo...por el défict que le generé! Si no me creen, pueden entrar en el sitio web y busquen a los ganadores del 18 y 19 de junio de 2007...dos al hilo!!!

La ídola de granma Lou!El encuentro humano más destacable fue la larga charla que mantuve con Granma Lou, una viejita de 92 años que hace 66 que vive en Alaska...una fuente de sabiduría, experiencia y ejemplo de vida...una divina!!

Una vez más los dichos de la gente me auguraban dolores musculares a granel a cambio de paisajes de novela: la Taylor Hwy y la Top of the World Hwy, que me llevarían hasta pagos canadienses. Y esta vez no me mintieron!

La rompe piernas de Taylor!A cachetazo limpio apenas encarar los primeros kilómetros se hizo evidente que no sería fácil. Más bien era una montaña rusa y no un camino! La ruta trepaba con ingentes pendientes de hasta 14 % de inclinación durante varios kilómetros, al llegar a la cumbre, se zambullía en una bajada de características similares para empezar inmediatamente a subir una vez más. De locos!!

El paisaje mostraba las huellas de los grandes incendios del 2004: ese año ardieron más de 6 millones de acres!! Los árboles seguían en pie, renegridos, como fósforos quemados plantados en medio del nuevo verdor que comenzaba a resurgir a sus pies.

Huellas de los incendios!Toda la gente con la que hablaba me decía lo mismo: “sigue así todo el tiempo”...no, vamos, me están gastando?? Pues no...era así nomás.

En medio de una trepada alcé la cabeza y me crucé con Jennifer, una cilcista de Anchorage que venía de recorrer la Dempster Hwy hasta Inuvik. Me pasó bastante información confiable al respecto y también me confirmó lo antedicho: la cosa seguiría así por muchos kilómetros!!

Costó, y mucho. El sol pegaba duro. El agua era un bien escaso...y empezaron a sucederse las pinchaduras. Más bien reventones en la rueda trasera, que testearon mi paciencia y el control en mí mismo hasta límites insospechados!!

Parché las cámaras mil veces y mil veces se volvieron a desinflar...y ni hablar de lo que representaba eso en el ripio! Le fui perdiendo la confianza a la pobre Maira al punto de estar más concentrado en el aire de la rueda trasera que en las trepadas o el intenso tráfico. Agh!!! más y más tierra!

Durante los días que circulé por estos caminos ví pasar decenas de inmensos RVs y motocicletas que iban a Dawson City para una fiesta especial por el solsticio de verano el 21 de junio. Y después los ví regresar por el mismo camino...cómo tragué tierra en las partes de ripio gracias a ellos!!

En el final del asfalto pasé por un pueblito llamado Chicken...bah, más bien tres pintorescos negocios de souvenirs en el medio de la nada. Un resabio turístico de los viejos tiempos en que la euforia del oro reinaba por estos pagos, allá por finales del siglo XIX. Igualmente fue un paraíso para mí: comida, agua y un taller para seguir metiéndole parches a las cámaras!!

Vistas desde la Top of the World HywLa parte de ripio que siguió hasta la frontera demostró ser una prueba agotadora. Tres subidas fueron particularmente mortales. El avance era lentísimo, el sudor caía copiosamente y adhería el polvo que los vehículos levantaban al pasar. En esos momentos, cuando la caravana era larga, sencillamente no se veía nada y sólo se respiraba tierra. Para completar el escenario, los mosquitos tenían tiempo suficiente para darse una panzada con mi cuerpo, y una vez pipones, dormirse una siesta encima mio...agh, así de lenta era la cosa.

Igual valía la pena ya que el paisaje que se extendía frente a mí al llegar a la cumbre justificaba el esfuerzo: valles interminables cubiertos de árboles hasta donde alcanzara la vista, con la cinta de agua que surcaba por ellos reflejando el sol en cada meandro, con las montañas superponiéndose en un degradé de claro-oscuros como solapadas una detrás de la otra...y por otro lado, la clemencia de los conductores que al verme en tal deplorable estado paraban y me daban agua fresca o alguna gaseosa...lástima que casi todos tomaban diets!!!!

Welcome to Canadá!Al tercer día de andar y luego de recorrer poco más de 1200 km en Alaska, llegué a la frontera. El paso más boreal entre Estados Unidos y Canadá. Allí conocí a Rod, el guardia canadiense de turno, que junto con Mike, el americano, me atendieron de lujo

dándome café, barras de cereales y agua fresca para poder continuar la ruta...unos ídolos!!

Y es que faltaban mas de 100 km sin abasteciemiento alguno, y ellos lo sabían muy bien.

Top of the world Hwy!Ahí me dí cuanta del por qué del nombre de esta ruta, Top of the World Hwy: intercalando asfalto con ripio, el camino iba surcando el filo de las montañas en un incesante subi-baja que se extendía hasta el infinito. Cada vez que se alcanzaba una cumbre, podía ver cómo le seguía otra...y otra...y otra más adelante. Así durante 80 km!! Por tramos se atravesaban desfiladeros a ambos lados del camino y obviamente no daban abasto los ojos para captar semejante belleza.

Al principio fue difícil ya que los vientos huracanados pujaban por sacrame de la ruta mientras descendía vertiginosamente en busca de mi parada para la noche, un área de descanso a 20 km de la frontera.

Venía con la rueda agonizante y desecho del cansancio, por lo que fue todo un logro llegar entero. Y también una desilución: acostumbrado a los paradores en Alaska, con baños gigantes e impecablemente limpios (ideales como refugios de emergencia), me encontré con unas letrinas mínimas y sucias...sabiamente alguien había escrito en una de ellas: “Bienvenido al Yukon, amigo!”.

Vivaqueando en el medio de la nada!Terminé vivaqueando en las ruinas de una antigua posta de caminos, con el techo semiderruído pero con suficiente reparo como para evitar tener que armar la carpa...osos? A esa altura no me importaba nada!!

El día siguiente fue otra larga jornada trepando, bajando, tragando tierra, saludando a los motoqueros a su manera “cool” extendiendo levemente el brazo hacia el lateral y levantando un par de dedos en V (eso sí, campanita incluída!), deslumbrándome con los paisajes, reparando la cámara trasera, preguntándome cuándo catzo bajaría de los mil cien metros de altura, viendo al pasar un par de incendios forestales a lo lejos, adentrándome en una ocasional y breve lluvia, charlando con gente copada como Paul Comparelli (un ciclista que ahora estaba viajando en moto), delirando con sólo pensar en todo lo que quería comer (hubiera matado por una docena de facturas!!)...después de todo eso llegó la ansiada y esperada bajada a Dawson City, con 14 km de puro placer con la sonrisa al viento.

Sin siquiera cruzar el río Yukon hasta la ciudad, recalé en el Hostel de Dieter Reinmuth . Un lugar único regenteado por un personaje único. Todo era al viejo estilo: sin electricidad, cocina a leña...y baño a leña!! Sí, había que calentar el agua en una caldera (que de paso calefaccionaba el ambiente) y despues usando baldes y cucharones uno podía “ducharse” como se hacía allá lejos en el tiempo. Es más, en el “baño” se meaba en piletones en los que luego había que echar agua del río a modo de “tirar la cadena”...una vuelta a lo rústico con la mejor onda. Y manejado por un individuo que se recorrió el mundo en bici durante los años 70s y 80s...si vieran la bici que usó!!!

Me hizo sentir tan ínfimo con mi viaje llevando tantos chiches y tecnología a cuestas! Definitivamente de esa gente que vale la pena cruzarse y conocer por los caminos...

Dawson City!Ahora sigo en Dawson City, un pueblo al mejor estilo “Far West”, pero en Canadá, con amplias calles de tierra, veredas de tablones, casas de madera con arquitectura del viejo oeste...y hasta uncabaret-casino con bailarinas de can-can!! Será todo armado para el turismo, pero la atmósfera de los días de la fiebre del oro en el Yukon se respira en cada rincón de este lugar...

Hasta la próxima, ya desde el extremo norte del continente en Inuvik!!

Buena senda,

Damian

Final del día hecho puré!
Y legan las flores!
Con Sven, Stefan y Daniel

Que baje por favor! Mateando en el Sourdough Campground Parada a picotear algo

Agradecimientos

Stefan, Julia, Daniel y Sven, por la buena onda, las anécdotas, la cámara de repuesto...y la cerveza!!

Marie Ellen, por la buena conversación, la compu y las galletas de avena en la mañana.

Don y Brandon, por las raciones de emergencia y el melón deshidratado (riquísimo!).

Bob y el resto de la tropa de los 600 km, por tantas barritas energéticas y hacerme sentir superman cuando en realidad ustedes estaban más locos que yo....600 km de corrido...pse, delirante!!

Jeannie, por la hospitalidad y el buen café.

Jay, sin tu generosidad hubiera quedado hecho sopa!!

Jennifer, por los datos y contactos para lo que sigue en el camino.

Rod y Mike, ya que sin su ayuda me hubiera muerto de sed y hambre camino a Dawson City!

Uwe, Roger, Barbara y Patrik, por invitarme la primera cena en Dawson City...y estaba famélico!!

A la gente del El Dorado Hotel de Dawson City (Heidi, Nicole, Jim...), por prestarme la compu para poder escribir estas líneas sin tener que gastar fortunas en un cybercafé.

...y a todos los RVs y autos que se apiadaron de mi convidándome con algo de tomar o comer durante estos días en el camino...

Algunas estadísticas

Días en el camino: 21

Días de pedaleo: 16

Kilómetros recorridos: 1327 km (280 en ripio)

Horas sobre la bici 82h40m (3d10h40m)

Promedio de velocidad: 16,01 km/h

Máxima velocidad: 69 km/h, bajando a Chicken (21-06-2007)

Metros trepados: 12.252 m

Altura máxima: 1352 msnm, Top of the World Hwy (22-06-2007)

Osos avistados: aún cero...pero ya vienen!

Litros de sudor transpirados en tanta subida: miles!!!!


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