Era una mañana soleada y calurosa en la ciudad de Morelia. El calendario marcaba el viernes 25 de enero de 2008, pero acaso eso importaba? Estaba ansioso y algo nervioso. Se acercaba el momento de mi segunda visita a las Aldeas Infantiles SOS y seguía las indicaciones que me habían dado para llegar a mi destino. Después de preguntar un par de veces y transitar por angostas callejuelas arribé al lugar deseado. La recepción fue sorprendente! Los chicos y las madres estaban esperándome en el portón de entrada y había varios medios locales cubriendo la visita.

No pasó mucho tiempo antes de que los niños se me colgaran de todas partes haciéndome preguntas y al proponerles de dar un paseo sobre la bici la excitación fue aún mayor. Los aplausos recibidos me hicieron sonrojar y a poco de estar con ellos ya me desafiaban a correr carreras con sus bicis. Acompañado por los chicos dimos una vuelta alrededor de las instalaciones de la Aldea.
Era el comienzo de una jornada emotiva e inolvidable dentro de mi viaje…
Las Aldeas Infantiles SOS en Morelia
Morelia es la capital del estado de Michoacán, en el centro de México y se encuentra situada a unos 300 kilómetros al oeste de la Ciudad de México. Michoacán es uno de los estados con más dificultades económicas del país, donde ya muchos niños son víctima de la pobreza, la violencia, el abuso o son abandonados por sus padres.
Las Aldeas Infantiles SOS de Morelia son las de más reciente formación en México. Su creación estuvo asociada a la campaña de recaudación de fondos “6 aldeas para 2006”, realizada en cooperación con la FIFA en el marco de la Copa Mundial de Fútbol FIFA 2006. Además de México, en el mencionado proyecto estuvieron incluidos Brasil, Vietnam, Nigeria, Sudáfrica y Ucrania.
El gobierno del antropólogo Lázaro Cárdenas Batel donó las tierras para su construcción y el 23 de julio de 2005, FIFA y Aldeas Infantiles SOS colocaron la primera piedra del nuevo hogar. La inauguración oficial
se llevó a cabo en septiembre de 2006 y desde ese momento las nuevas familias comenzaron a habitar en este nuevo hogar.
La Aldea Infantil SOS Morelia se ubica en el noreste de la ciudad, en la Colonia Primo Tapia, un barrio pobre de la ciudad. A pesar de la difícil situación económica de las familias de la comunidad, posee una buena infraestructura, con negocios, transportes públicos, un jardín de infantes y escuelas de primaria y secundaria cercanos.
Esta aldea consta de 14 casas familiares, además de la casa del director de la aldea, una sala multiusos, un área administrativa y un taller. También cuenta con un campo de fútbol para los niños y jóvenes de la comunidad. En cada casa vive un grupo de niños y niñas, conviviendo como hermanos y bajo el cuidado amoroso y profesional de las madres o “tías” de la aldea. Actualmente son nueve las casas ocupadas y se espera que próximamente la Aldea esté habitada al máximo de su capacidad, con 126 chicos.
Los 74 niños que en este momento viven en la Aldea tienen un promedio de edades entre 5 y 7 años, con la mayor de 13 y el menor de 1 año. Todos asisten a establecimientos educativos cercanos a la institución, en donde también se desarrollan actividades deportivas comunales aprovechando las facilidades con que cuentan estas Aldeas. Por otra parte, se está trabajando para conseguir los fondos necesarios para construir una planta de reciclado de agua para poder disponer de los recursos hídricos necesarios para mantener los amplios espacios verdes del lugar.
Y cómo siguió la visita?

Después de la gira olímpica alrededor de la aldea nos reunimos en el kiosco, al reparo del ardiente sol, para que les contara un poco de qué se trataba mi viaje. Hice un breve resumen de mi travesía mostrando en un mapa los caminos por los que ya había andado y luego dejé que me fueran haciendo preguntas. Lentamente los chicos se fueron soltando y el punto máximo se alcanzó cuando una niña se acercó y me preguntó si me bañaba…entre carcajadas le dije que siempre que pudiera, aunque a veces pasaba varios días sin poder hacerlo…hizo una mueca frunciendo su naricita y se alejó corriendo a pesar de que le juraba que esa mañana me había duchado!
Una vez que culminó la ronda de preguntas por parte de los chicos y las tías vino el turno de los periodistas, que habían asistido al lugar para promocionar el trabajo con Aldeas. Mientras tanto los chicos no dejaban de trepárseme encima, tocar cuanta cosa había sobre la bici (Oliver fue un éxito de taquilla!) y pedirme nuevos paseos con Maira.
Era la hora del almuerzo y las mamás hicieron un despliegue de exquisiteces gastronómicas regionales para agasajarme que daban ganas de quedarse allí y pedir asilo en una de las casas! Qué delicioso estaba todo!!
Por la tarde y luego de estar conversando con el director, Adrián Romero Ramos, recibí una sorpresa inesperada. Las madres fueron llegando una a una y estaba por retirarme pensando en que tenían una reunión, cuando Mary, la esposa de Adrián, entró con una torta con velitas en las manos. Uh, quién cumple años?, pregunté…pues tú, me dijeron! Como me habían oído decir que mi cumpleaños había sido durante el viaje, decidieron festejármelo una vez más, en familia. No lo podía creer! Me hicieron emocionar hasta las lágrimas con ese gesto tan genuino y del corazón.
Quedaba pendiente una nueva vuelta olímpica. Esta vez me tocaba visitar cada casa para saludar y despedirme de los niños. Nunca pensé que pasaría casi tres horas en eso!! Por su relación directa con la Copa Mundial de Fútbol, las casas se bautizaron con el nombre de los países que quedaron finalistas en dicho campeonato deportivo. Así, tuve el placer de poder pasar por la casa de la Argentina, entre tantas otras.
Cada hogar era un mundo aparte. Pero había algo que se repitió en todas y cada una de las visitas: siempre había un chico que con una sonrisa que
desafiaba salirse de su pequeño rostro se arrojaba sobre mis brazos pidiéndome que lo alzara. El tour para mostrarme sus habitaciones era otro clásico en el que entre tirones y forcejeos luchaban para acercarme a sus camitas para enseñarme sus juguetes o los dibujos que hacían.
En una de las casas tuve que alzarlos por los aires a todos y cada uno de ellos antes de que me dejaran proseguir; en otra los hermanitos entonaron una canción por turnos mientras una de las niñas se abocaba con pasión y destreza a peinar mis rulos y ponerles varias coletas. No faltó el hogar en el que directamente me quisieron adoptar como “tío”, ni la casa donde hubo demostraciones de baile! Era un imán que no me dejaba partir. Las sonrisas y la alegría que desprendían estos chicos eran contagiosas y se me encogió el corazón por la catarata de afectos recibida.
Como bien me dijeron por ahí, uno no adopta a los chicos, ellos lo adoptan a uno. Nada más cierto!!
Mensajero de sonrisas
Estando con la gente de las Aldeas surgió una idea interesante. Ya que en Mar del Plata hay una Aldea SOS y que voy a ir recorriendo unas cuantas en mi camino hasta que llegue de vuelta a mi ciudad, por qué no llevar un mensaje de los niños de cada Aldea que visite para los de Mar del Plata?
Así fue que con la colaboración de las madres y el afecto de los chicos nació este primer obsequio que llevaré conmigo en la bicicleta hasta llegar a casa nuevamente. Gracias por el esfuerzo y la dedicación!!
Epílogo
Describir las emociones y sensaciones vividas en esta jornada compartida con los chicos es muy difícil. Transmitir este tipo de vivencias a través de imágenes o palabras es algo que está más allá de mi alcance. Pero lo que sí les puedo decir es que estas experiencias expanden los horizontes y cargan de esperanza a pesar de lo complicada que es nuestra realidad social. Los invito a formar parte de esta gran familia y colaborar con su labor, pueden aportar su granito de arena contribuyendo económicamente con donaciones para permitir que continúen con su trabajo. Desde ya, mil gracias de todo corazón!
Buena senda,
Damián
Agradecimientos
Adrián Romero Ramos, director de Aldeas Infantiles SOS Morelia, y a su familia, por el entusiasmo y la pasión con la que fuí agasajado y recibido durante mi visita.
Jorge Adolfo Reza Maqueo, por gestionar la asistencia de los medios para que hubiera difusión de la visita y por todo el gran trabajo realizado para que la Aldea SOS Morelia siga creciendo y evolucionando.
A las madres de los chicos, que me recibieron en sus hogares como a uno más de la familia, con mucho cariño y hospitalidad.
A todos y cada uno de los chicos de las Aldeas Infantiles SOS Morelia que con sus abrazos y muestras de afecto me demostraron que siempre hay esperanza en este mundo.