*** LAS CRÓNICAS ***



15) Del otro lado de "la línea": bajando la Baja

La salida de San Diego no fue muy simple que digamos. Debido a que las autopistas estaban vedadas al tránsito de bicicletas, me tuve que internar por calles secundarias hasta que indefectiblemente me perdí. Por suerte me crucé con Alfredo, un homeless que se desplazaba en su destartalada bici y que me acompañó hasta el cruce fronterizo por la puerta de Otay. Charlando con él me enteré de que hacía mucho que vivía como indocumentado en los Estados Unidos y de las frecuentes llamadas que recibía en su celular pude inferir que su trabajo era de “pollero”, es decir, los que les avisaban a los “coyotes” de los movimientos de la policía migratoria mientras sus colegas se dedican a pasar gente de manera ilegal al otro lado de la línea. Qué curioso que una persona que ayudaba a los buscadores del sueño americano a entrar en Estados Unidos fuera el que me auxiliara para salir de ahí!

Welcome to Tijuana!Oyendo los sones de la clásica canción de Manu Chao “Welcome to Tijuana” entré a México casi sin darme cuenta. Si no era porque preguntaba, me hubiera salteado el trámite migratorio sin percatarme de ello. De lo que sí me di cuenta era de que había cambiado de cultura abruptamente. La gente inundaba las calles, había puestos de venta ambulantes por todas partes, el tránsito era un caos total, los baches dominaban el camino, el ruido ambiental producto de los incesantes bocinazos era enorme, el parque automotor ya no era último modelo y ahora sentía que llamaba la atención. A diferencia del ambiente aséptico e indiferente que había experimentado previamente en Estados Unidos, apenas llegado a México pude comprobar el cambio de idiosincrasia. Las personas me hablaban!!!! Me preguntaban de dónde venía, al saberme argentino se enganchaban en infaltables discusiones sobre fútbol y me deseaban lo mejor para el resto del viaje…y eso a escasos minutos de haber cruzado la frontera!

Espontáneamente me prestaron un celular y así pude comunicarme con César Díaz, un investigador con el que tenía contacto por trabajos académicos previos y que me invitó a quedarme en un hotel cercano en mis primeras noches en la tumultuosa y caótica ciudad de Tijuana. A pesar de estar en uno de los sitios más célebres por la violencia e inseguridad, yo me hallaba en una burbuja, aislado de esa realidad, puertas adentro del hotel en el que me alojaba.

Pero eso no impidió que conociera un poco más de cerca de la noche típica de esta ciudad. Luego de mi visita a las Aldeas Infantiles SOS, fui con unos amigos al Salón de Baile “La Estrella”, un lugar característico para los locales que fue como entrar en un mundo diferente. Rodeando el cuadrilátero para danzar proliferaban las mesas con banquetas metálicas donde se agolpaba la gente. Una galería tapizada de provocativos murales en el que las mujeres lucían idílicamente esculturales rodeaba la escena iluminada por estridentes tubos fluorescentes. La música sonaba ensordecedora con las tonadas de la música norteña y los corridos, típicos del folklore regional. No había criterios a la hora de bailar y se veían parejas de todo tipo y color: flacos con gordas, altos y bajos, jóvenes con no tanto…lo importante ahí no eran las apariencias ni el qué dirán, más bien era pasar un buen rato y disfrutar del momento. Abundaban los hombres con sombreros blancos al estilo cowboy, que luego vería por todas partes, recios a simple vista pero que se revelaban unos tiernos a la hora de ponerse a danzar con sus ocasionales compañeras. La cerveza se vendía en cubetas plásticas llenas de hielo que contenían 10 botellas que se iban destapando y sirviendo con una servilleta en el pico para que uno lo pudiera limpiar antes de empinársela. Estaba inmerso en un mundo muy diferente al que venía observando y el contraste era palpable en cada rincón.

Hubo un show de imitadores de cantantes famosos mexicanos que fue seguido por el ansiado espectáculo en vivo: la presencia de Los Cadetes de Linares, un grupo musical clásico que denotaba una gran trayectoria en los escenarios de la escena local. Desde 1961 venían acumulando éxitos y se notaba en los años de los protagonistas originales de la formación musical. El sonido era muy malo y casi no se entendía lo que cantaban, pero la gente en su totalidad conocía los versos de cada canción y las coreaban a viva voz mientras se sacaban fotos junto a sus ídolos. Todos vestían unos trajes blancos impecables, decorados con ribetes dorados y las joyas que traían encima contrastaban con los lujos del ambiente en el que estábamos. No faltaba en sus cabezas el tradicional sombrero blanco…

El animador de la noche parecía llevar décadas en el lugar y todas sin dormir una sola hora. Con su desgarbado porte y escasos cabellos, anunciaba a cada rato que la diversión no culminaría hasta las 7 de la mañana! Al verlo uno dudaba de que él pudiera sobrevivir hasta esas horas!!

De todos modos, por lejos lo más extravagante que me tocó presenciar fue un divertimento con ribetes macabros. Entre los habituales vendedores de flores que pululaban por el salón, apareció un extraño personaje que se acercaba a las mesas blandiendo un par de palillos metálicos y ofreciendo algo que no me quedaba muy claro. Al preguntar de qué se trataba me dijeron que eran “choques”. Lo qué?? Sí, choques eléctricos! El chiste consistía en hacer una cadena de manos entre los presentes en la cual los extremos se tomaban de los palillos metálicos. Entonces el hombre giraba una perilla disimulada en una caja que de lejos era un inocente personaje de Plaza Sésamo y la corriente circulaba de manera creciente hasta que uno soltaba las manos y cortaba el enlace. Quién hubiera dicho que se pagaría por recibir descargas eléctricas???

Al retirarnos hicimos un breve recorrido por el centro y pudimos ver de cerca los locales nocturnos que atraían masas de turistas americanos en busca de desenfreno y diversión. En “el callejón” apreciamos el despliegue de oferta sexual que abundaba en esa oscura calle donde incontables señoritas ofrecían sus servicios frente a bares, discos y hoteles de dudosa categoría. Daba pena ver lo jovencitas que eran y la dura realidad en la que vivían.

Como si fuera parte de una organización criminal de las tantas que abundan en Tijuana, la noche anterior a proseguir con mi viaje hice un intercambio de mercancías en la frontera. Miguel, un argentino que había conocido en San Diego, me había ofrecido una revitalizante dosis de yerba mate y dulce de leche para que disfrutara en el camino, pero finalmente nos habíamos desencontrado. Esta vez, con la oscuridad nocturna como cómplice, Miguel había cruzado de este lado de la línea y por fin me había podido reunir con mis preciados bienes argentos. Gracias a él pude tomar unos cuantos mates y empacharme con la golosina predilecta de los argentinos…qué maestro!!

El escaso espacio para rodarLa partida de Tijuana requirió de un alto grado de concentración y destreza. Venía muy mal acostumbrado a circular por carreteras con banquinas amplias y a un tráfico en general respetuoso hacia el ciclista. Acá la realidad era otra. Nuevamente volvía a tener que rodar en modo defensivo para evitar ser arrollado por un carro o un bus. Los restos de vidrio rotos amenazaban mis cauchos todo el tiempo y los pozos que debía sortear desafiaban mis habilidades de acróbata a cada minuto. Hice un rodeo por los bajos de la ciudad, donde fui pasando junto a pobres y precarias construcciones que colgaban de los cerros al mejor estilo de las favelas de Brasil. 

Cementerio de fierrosEl lenguaje local era otro descubrimiento permanente desde que había ingresado en este país. Si bien se hablaba castellano, los modismos y la cantidad de palabras que eran diferentes a las que yo estaba habituado requerían de un nuevo aprendizaje para comprender a la gente y ser comprendido.

Rodando por las rutas aprendí que “libre” era la carretera gratuita y “cuota” la autopista con peaje. Entre Tijuana y Ensenada era el único lugar en Baja California donde uno podía escoger entre una y otra y a pesar de estar prohibido circular con bicicletas en la cuota, hice un tramo de la misma para mantenerme cerca de la costa. Una costa que tenía una gran influencia americana, con grandes condominios de precios inaccesibles para los locales y buenas ofertas para los residentes en la excesivamente cara California. Es más, los carteles que anunciaban estos sitios de esparcimiento y recreación estaban escritos directamente en inglés!

Con Najash y Esther en EnsenadaLlegando a Ensenada me crucé con otro ciclista que venía entrenando por la ruta. Najash me ofreció de quedarme en su casa junto con su novia Esther, pero como ya tenía un sitio donde parar gracias Gerardo, del sitio warmshowers, quedamos en vernos al día siguiente para ir a recorrer un poco la ciudad y los alrededores. Los chicos se portaron bárbaro e hicieron que esos dos días en Ensenada fueran inolvidables. Nos dimos una escapada hasta la Bufadora, un fenómeno natural de los que hay pocos. Estaba formado por una cueva junto al mar en la que el agua entraba con la presión de la marea generando un geiser natural que la expulsaba a varias decenas de metros de altura, acompañado de un rugido o bufido muy particular y característico. También recorrimos los cafecitos de la ciudad y uno de los bares más típicos, el Hussong’s, donde cerveza en mano la gente atestaba el lugar, los músicos entonaban canciones norteñas a pedido, había chicas atractivas y mironas y se respiraba el espíritu latino…

De yapa fui a nadar con ellos a la pileta en uno de sus días de entrenamiento y en mi primera incursión a un gran supermercado en México me emocioné hasta las lágrimas al ver que acá se vendía la preciada crema para peinar de Sedal!!! Mis rulos agradecidos!!!!

El 5 de diciembre continué por la ruta hacia La Paz, donde esperaba llegar para la nochebuena. Tenía por delante de mi casi 1500 kilómetros de camino, que estarían llenos de vivencias de todo tipo.

Los paradores salvadoresLos primeros dos días de andar hasta San Quintín fueron todo un desafío. La carretera carecía totalmente de banquinas y era escalonada, por lo que salirse de la delgada línea por la que circulaba era como saltar indefectiblemente al vacío. Los camiones pasaban en cantidades abrumadoras y no siempre eran pacientes a la hora de pasarme. Así, los finos que me iban echando se multiplicaban con las horas de rodar y tenía que tener todos los sentidos atentos para no terminar arrollado por una de estas moles con motor. En contraste, en un día de recorrer esos caminos recibí más bocinazos de aliento y saludos que en todo mi viaje! La gente era encantadora en ese aspecto y prácticamente todo el mundo se solidarizaba con mi lento y esforzado modo de avance.

Me llamó la atención el regreso de los perros a la escena. No había caído en la cuenta de que en los meses previos no había visto estos ejemplares por los caminos. Ahora abundaban por donde fuera y no sólo en vida, sino también apachurrados en la carretera cada pocos metros. Los mapaches y zorrinos habían sido reemplazados por los canes, que tapizaban la ruta en todos los estados de putrefacción imaginables: desde atropellados hacía poquito hasta los que de tanto tiempo ya parecían integrarse al asfalto. Un espectáculo tétrico!

Recordatorios de los peligros del caminoIgualmente hubo otra cosa que me llamó aún más la atención: la cantidad de cruces que poblaba las márgenes de la ruta. Sin duda alguna que era un camino peligroso ya que a cada rato aparecía una como recordando lo fatal que podía ser el circular por ahí. Eran parte de un lúgubre sistema de marcar el kilometraje? Nunca había visto tantas seguidas en mi vida. A veces se encontraban en ambas márgenes del camino y una inspección visual más cercana revelaba las mismas fechas del accidente: seguramente choque frontal! También era una fija que cuado los carteles anunciaban alguna curva peligrosa, en ésta siempre habían cruces a sus lados. Yo sólo esperaba no ser la próxima cruz en el camino!!!

Negocios de barrioFui recorriendo esta zona de campos y cultivos donde la gente casi siempre me saludaba desde lo lejos. Los pueblitos salpicaban el camino, generalmente agolpados a los lados de la carretera y con pocas calles de extensión hacia los lados. Eran una fuente segura de reaprovisionamiento y no tardé mucho en descubrir que en México si había algo que abundaba era la comida. Los puestitos donde se podían comprar tacos, burritos, carnitas y las mil y una variedades gastronómicas de este país eran un festín para el ciclista. …claro está, acompañado por las infaltables tortillas de trigo o maíz!!  Lamentablemente, fue una desilusión cuando pedí un café y lo único que recibí a cambio fue un vaso de agua caliente…era instantáneo!!! Para los buenos expresso debería esperar a estar en ciudades más grandes.

Burritos de NutellaOtro detalle significante fue descubrir que el agua para beber debía comprarse. No era posible tomar el agua de red, por lo que uno dependía de las tiendas para reaprovisionarse del preciado líquido o de las plantas purificadoras de agua, con precios más económicos. Con el tiempo me dí cuenta que en todas las casas existían garrafones de 20 litros por lo que simplemente la estrategia cambió a pedir si me “regalaban” un poco de agua…si preguntaba dónde conseguirla indefectiblemente me mandaban a las tiendas!

Poco a poco fui sumergiéndome en esta nueva sociedad donde nunca faltaba alguien que se acercara a charlar un rato. Claro que primero tenía que vencer el prejuicio inicial de creerme gringo. A pesar de hablar en español, me contestaban en inglés y tenía que aclarar a cada rato que era argentino y no estadounidense. Sería un karma que me seguiría por todas partes...

Las perpetuas alambradas hicieron que tuviera que recurrir a la solidaridad de la gente para conseguir un lugar para pasar las noches ya que no se podía acampar libremente por cualquier lado. Para eso aún faltaba llegar al desierto central de Baja California.

Así fue que en San Quintín terminé pidiendo permiso para pernoctar en la Iglesia Episcopal de la Fe en Cristo Jesús. Allí fui bien recibido por el Pastor Pabel y su familia y me dejaron poner mis cosas en uno de los templos que tenían allí. Poco después me invitaron a participar del servicio religioso y acepté con gusto. Fue una experiencia increíble. Me resultaba curioso oír los salmos con tonada mexicana y poco a poco me fui sumando a la celebración con la guía experta de Miguel, el hijo del pastor, que me iba explicando la evolución de la ceremonia. Lo más emotivo fue cuando Pabel me presentó ante la comunidad y junto con los otros ministros y el resto de la gente, hicieron una oración especial por mi viaje y para que todo saliera bien. Me conmovieron hasta las lágrimas! Después de la ceremonia me invitaron a cenar a un restaurante donde pude seguir ampliando mis conocimientos de gastronomía mexicana…

Charla en la escuela secundaria 35 Emiliano ZapataCon los chicos de la Emiliano ZapataAl día siguiente uno de los hermanos de la congregación me invitó a pasar por la escuela en la que su mujer daba clases para contarles de mi viaje a los estudiantes. Sin dudarlo nos pusimos rumbo a la Escuela Secundaria 35 Emiliano Zapata. Al principio los chicos me miraban curiosos, se escuchaban sonrisitas y estaban un poco tímidos. Pero se fueron soltando poco a poco y después era imposible pararlos! Me hicieron mil preguntas, fuimos a ver a Maira y se quedaron impresionados con la carga que llevaba (yo también!), me sacaron un montón de fotos y hasta me pidieron autógrafos en las pruebas que recién les habían entregado…ya sea por natural interés o para zafar de una hora de clases, la interacción fue muy intensa y me costó irme de allí.

Cerca del mediodía retomé la ruta. Tenía las energías a pleno de tanta amabilidad recibida y estaba cargado de los buenos augurios de toda esta comunidad…así se hacía mucho más fácil encarar las subidas que me esperaban.

Reten militar a la vista!Desierto pasado por aguaClaro, no contaba con que el clima se pusiera en mi contra y apenas dejando las costas del Pacífico con rumbo a Rosario, una lluvia persistente y helada cayó sobre mis huesos dejándome empapado y congelado. Pasé uno de los tantos retenes militares del camino bajo la mirada incrédula de los soldados y luego de una bajada tiritando llegué al pueblo en cuestión. Busqué refugio en la primera gasolinera que encontré y allí Florentina, una empleada con un espíritu rebosante de alegría y de eterna sonrisa, me recibió con un café caliente y unas galletas para amainar mis temblores. No era prudente seguir pedaleando en esas condiciones y decidí buscar refugio. Esta vez encontré albergue en la Iglesia el Nazareno, donde Laura y Samuel me dieron un cuartito para reposar mis húmedos huesos.

Cirios al amanecerCirios al atardecer!Comenzaba la gran trepada hacia el desierto central de Baja. La gran joya natural de la península, donde las postales que brindaba el paisaje eran cautivantes y de ensueño. No fue fácil alcanzar este lugar ya que la gran pendiente se encargó de que costara llegar a este punto. Si bien la topografía hasta este momento se había encargado de tenerme en constantes subidas y bajadas, esta vez la cosa iba en serio. Pero el esfuerzo valió la pena. Lentamente los diversos tipos de cactus fueron poblando el terreno y un poco más tarde aparecieron los cirios, de una belleza única con sus estilizadas figuras estirándose hacia los cielos. Por lo que me habían Desierto central de Baja Californiacomentado, sólo se veían en esta región del planeta y en Siria…o sea que lo que tenía frente a mis ojos era algo único y maravilloso.

Naturaleza vs. hombreSin embargo también había contrastes y era lamentable ver cómo la basura proliferaba por todos lados. Las botellas y bolsas de plástico formaban parte del entorno y eran las huellas patentes del triste paso del hombre por esos pagos. Los vidrios rotos abundaban en las márgenes de la carretera y muchas veces era difícil encontrar un sitio donde poder parar a descansar por un rato. También era llamativo ver el gran número de depósitos de chatarra de autos y vehículos que se apilaban en cantidades con diversos estados de oxidación.

Como en las áreas de descanso en Canadá!El grado de urbanización había decrecido notablemente y sólo se encontraban esporádicos ranchitos cada unos 50 kilómetros donde si uno tenía suerte y estaba abierto, se podía comer algo. A veces parecían construcciones abandonadas, que también se veían por todas partes. Los baños eran casi siempre casetas ubicadas fuera de los edificios, con un hoyo en el suelo donde se podían desagotar las presiones del cuerpo. Poco a poco el ver un inodoro con descarga de agua se convirtió en una utopía!

Por suerte el tránsito era mucho más relajado y ahora los camiones hasta se tomaban el tiempo de aguardar detrás de mí en las curvas cerradas, esperando a ver que no viniera nadie de frente. Me pasó en varias ocasiones de tener una de estas moles resoplando con su ruidoso freno a motor por varios minutos mientras yo pedaleaba lo más rápido posible, trepando y estirando mi cuello para ver si venía alguien del otro lado. Cuando veía que estaba libre la pista, les hacía señas de que pasaran y siempre me correspondían con un saludo de manos o a bocinazos.

10.000 Km.!Poco antes de llegar a Cataviña, el pueblito más grande de la región, crucé la marca de los 10.000 km!!! Qué emoción!!! Casi un tercio del viaje ya bajo mis ruedas!! Como regalo atravesé una zona plagada de formaciones rocosas grandes como una casa, pero lamentablemente tapadas de De y hacia la lluviagrafittis por los ocasionales visitantes de la región. El cielo estaba gris amenazante y no pasó mucho tiempo antes de que se largara a llover. Y cómo llovió!!! Llegué totalmente ensopado y calado del frío, por lo que hubo que ponerle fin a la jornada de pedaleo. Ahí hice migas con la gente de la comisaría y me ofrecieron una casita para quedarme. Estaba vacía y sería el consultorio para el futuro médico del pueblo. No tenía luz (como el resto del poblado), ni gas, ni agua, pero para mi era como un hotel 5 estrellas!! Tenía un lugar seco donde tirarme y descansar por la noche.

Con Salvador osorio, Carlos Freyre y José Luis Suarez en CatavinaPero la inclemencias climáticas harían que mi permanencia en Cataviña se prolongara un día más. Hacía 4 años que no se daban tormentas tan intensas como las que estaban registrándose por esos días y justo me había tocado a mi ser testigo de ellas!! El frío era intenso y tampoco perdonaba. Aproveché para escribir un poco y conocer a la gente del lugar, que indefectiblemente se reunía en el bar La Machaca a tomar algo o comer. Allí conocí al reverendo Carlos Freyre, un personaje de esos que los hay pocos, con quien charlé un buen rato y compartimos el desayuno. Hasta me hizo colar en el hotel del pueblo para que pudiera darme una reconfortante ducha caliente, todo un lujo para mí!!!

El 11 de diciembre parecía que el clima había mejorado y que ya podía continuar con mi camino. Me despedí de mis nuevos amigos locales y emprendí la pedaleada con ambiciones elevadas de recorrer al menos unos 100 km. La naturaleza me demostró de nuevo lo equivocado que estaba. A poco de andar el cielo se oscureció y empezó a lloviznar. La llovizna se convirtió en aguacero y junto con el viento la cosa se fue poniendo áspera. Veía como el termómetro caía sin piedad marcando unos escasos 6 C y eso sin tener en cuenta la sensación térmica. Estaba rodando en medio de la nada y no se veía un mísero lugar donde encontrar refugio. Tenía que continuar como fuera hasta Chapala, a unos 15 kilómetros de distancia, donde me habían dicho había un restaurante y una gomería. Agaché la cabeza, me concentré en la línea blanca del asfalto y le dí sin parar, so pena de pescarme una buena hipotermia.

Cuando por fin llegué a mi ansiado destino vi que la gomería parecía más un conjunto de ruinas que otra cosa. Les pregunté por el restaurante a unos que pasaban por ahí y me dijeron que no había nada. Y ahora? Y bueh, chorreando agua y tiritando del frío me encontré con Andrés, el llantero, que me dejó meterme en una casa abandonada para refugiarme del aguacero.  

Hotel de lujo en la llantera de GuayaquilUna vez que me cambié me acerqué al carro desvencijado en el que estaba trabajando y al son estrepitoso del estéreo donde sonaba “El Diablo” nos pusimos a charlar un rato. En un lunfardo casi ininteligible para mí me fue contando de su vida. Había sido drogadicto por muchos años y ahora decía que hacía un tiempo lo había dejado…por su hijita más que nada. Me fue relatando historias escalofriantes sobre el mundo de las drogas y las cosas que hacían sus amigos por conseguirlas. Todo estaba permitido y ya me estaba entrando un poco de temor cuando me miró y me dijo: “Igual vato no te preocupes, que yo no robo para drogarme. Yo trabajo, junto mi lana y con eso me compro el cristal. Acá estás seguro…” Al menos eso esperaba yo!!!

A la mañana siguiente, mientras desayunaba algo en el restaurante que efectivamente existía un kilómetro más adelante, tuve mi primer encuentro con ciclistas en la Baja. Eran Amber y Duhane, una pareja de Vancouver que venían rodando desde sus pagos e iban hasta el final de la península. Había oído hablar de ellos anteriormente, pero nos habíamos cruzado por el camino sin vernos…incluso habíamos coincidido en el pequeño poblado de Cataviña dos días sin encontrarnos!!

Uno de los mejores despertaresEse día rodamos juntos una buena cantidad de kilómetros aprovechando un espectacular viento a favor y una suave pendiente en bajada que nos permitió regocijar con los paisajes espléndidos de cactus, cirios y hasta las atípicas extensiones del terreno cubiertas por el agua de las abundantes lluvias! A pesar de que nos separamos por tener planes diferentes para la noche, nos volveríamos a cruzar en el futuro más veces de las esperadas!

Pasé la noche en el Nuevo Rosarito, en la humilde casa de Beto Camacho, un amigo del reverendo Freyre. Fue muy interesante charlar con este hombre de más de 70 años y con una experiencia de vida en el campo como pocos. Recién en estos últimos meses había llegado la corriente eléctrica al pueblo y muchas cosas aún eran como en los viejos tiempos en los que no existía la carretera por la que yo estaba circulando. La sencillez y transparencia de este hombre fueron gratificantes y conmovedoras.

Luego de una larga jornada de pedaleo y después de rodar por una interminable y aburrida recta en la que por kilómetros se podía apreciar una enorme bandera de México, atravesé el paralelo 28 y llegué a Guerrero Negro. Era mi primera población relativamente grande después de varios días de andar por las soledades del desierto central. Me emocioné de ver electricidad, acceso a internet…baños completos!! Allí me quedé en la casa de la familia de Marcelo y Elizabeth Neim, unos Testigos de Jehová que había cruzado en la ruta y que me habían invitado a su hogar cuando pasara por allí.

Jesus y Diego pescando langostas en Guerrero NegroEra una familia de pescadores de langosta, así que al día siguiente fui invitado para sumarme a ellos en una jornada de trabajo y por supuesto que acepté sin dudarlo. Junto con Diego y Jesús me pasé un día entero en las pangas o lanchitas de pesca aprendiendo el duro oficio de estos hombres. Había que revisar 43 jaulas sumergidas en las aguas, ir sacando las langostas que dieran con el tamaño mínimo para su comercialización y cambiar la carnada, que eran unas ostras a las que se les había partido el caparazón para dejar expuesto el animal a las voraces candidatas a la olla. Un trabajo arduo y pesado que pude experimentar en carne propia junto con ellos. La recompensa al regresar por la tarde fue poder degustar uno de estos animalillos que habitualmente tienen precios prohibitivos para un viajero de mi estirpe…qué delicia!!

JaphyEl ambicioso plan de recorrer en un día los 140 kilómetros que me separaban con el oasis de San Ignacio se vio frustrado nuevamente por la realidad climática. Esta vez no eran las lluvias las que se imponían entre mi bici y la meta, sino más bien los fuertes vientos que se habían puesto de acuerdo para conspirar con mi avance. El terreno era relativamente plano y gobernado por extensas rectas que aseguraban que si el viento pegaba del lado equivocado, seguiría así por mucho tiempo. En eso venía avanzando lentamente cuando vi algo que me llamó la atención. Pensé que era otra de las tantas cruces al costado del camino, pero no, resultó ser Japhy , un ciclista de origen nepalés que estaba recorriendo los caminos de las Américas desde Los Angeles hasta la Patagonia.

El camino era uno solo y qué mejor que tener algo de compañía? Seguimos rodando juntos y descubrimos que ambos teníamos la misma ambición de alcanzar San Ignacio ese día…qué ilusos!! No tardamos mucho en hacer buenas migas y convertirnos en un par de vagabundos de las rutas. Japhy había terminado sus estudios de antropología y acertadamente pensó que lo mejor para su profesión sería conocer en persona aquellos lugares y culturas estudiadas con el detalle que ningún libro podía ofrecerle. Y allí iba, recorriendo Latinoamérica buscando su destino y utilizando una bicicleta como medio de transporte. Un personaje con una claridad de mente difícil de encontrar en alguien de 23 años, sensible al entorno natural y humano por el que íbamos viajando. Me hizo acordar mucho a mi amigo Jonas cuando lo conocí en medio de los Andes en 1999 y prendió la semilla de este viaje en mi espíritu.

Japhy en nuestro refugio en San BrunoNos faltaban 25 kilómetros para lograr nuestro objetivo y quedaba muy poco de luz. Hicimos un alto en un ranchito en un cruce de caminos y la suerte quedó echada en pocos minutos: Marco Antonio nos recibió con una gran sonrisa y el café que tenía calentándose sobre un espectacular fuego nos convenció rápidamente en que nos quedaríamos allí. Poco a poco fue llegando gente de la zona y el ambiente tomó un cariz familiar estupendo en el que compartimos nuestras aventuras de viaje y ellos sus experiencias de vida. Devoramos con extremo placer los tacos de carne que nos hizo nuestro anfitrión y cuando todo el mundo se retiró nos acomodamos en el salón donde estaban las mesas para pasar la noche. Impecable!

El oasis de San IgnacioPor la mañana Marco Antonio nos invitó unos exquisitos jarros de café y luego de charlar un rato con los camioneros recién llegados retomamos los pedales para llegar al mítico San Ignacio. Resultó ser un verdadero oasis lleno de palmeras que contrastaban fuertemente con el resto del paisaje que veníamos viendo inmersos en el desierto. Fuimos hasta la misión a darle una mirada al pintoresco casco antiguo y a quiénes nos encontramos allí? Sí! Amber y Duhane, que habían llegado el día anterior y estaban descansando y paseando en esa jornada. Hubo que celebrar el encuentro así que luego de un tardío almuerzo emprendimos la marcha con Japhy rumbo a lo desconocido.

La Misión de San IgnacioUn desconocido que se hizo breve y cercano, porque con los estómagos llenos y la fiaca post-almuerzo no pudimos avanzar mucho antes de que nos alcanzara la noche. Llegamos al pequeño poblado del Ejido Alfredo Bonfil y comenzamos la búsqueda de un sitio para pernoctar. Con mi caradurez habitual logré obtener el permiso para instalarnos en una casa en construcción que habíamos visto por ahí. Tuvimos que entrar por las ventanas tapiadas ya que estaba cerrada, pero no fue un gran obstáculo. Hicimos una limpieza a fondo de una de las habitaciones y nos sentamos a picar algo. En eso oímos el ruido de motores y escuchamos a unos muchachos que evidentemente estaban allí tomándose unas cervecitas…serían los pandilleros de la zona? Dónde nos habríamos metido?? Nos iban a robar todo? Permanecimos tensamente en silencio pero finalmente nos descubrieron. Y bueh, a dar la cara!! Resultaron ser unos corderos y no los lobos que nos imaginábamos. Nos convidaron cerveza, la música que sonaba era de Maná y hasta nos llevaron en su camioneta hasta un restaurante para que comiéramos algo!!!

Con el mar a la vista!Luego de reincidir en el mismo restaurante para el desayuno salimos con rumbo a la costa. Ese día por fin veríamos el mar de Cortés…subimos una suave pendiente rodeando el volcán tres Vírgenes y desembocamos en una bajada adrenalítica e infernal que nos depositó al nivel del mar en las cercanías de Santa Rosalía.

Los esperamos con los brazos abiertos!La llegada a este pueblo no fue la más pintoresca hasta el momento. Abundaban los depósitos de chatarra y la basura estaba esparcida por todas partes. Los buitres o zopilotes volaban en círculos sobre nosotros y pronto aprendimos a reconocer la cercanía de los centros urbanos por su presencia. La basura era sinónimo de asentamientos humanos y donde hubiera residuos abundaban estos animales carroñeros. Igualmente lo más escalofriante era verlos posados sobre los cactus o los carteles con sus alas desplegadas…estarían refrescándose? tomando sol? u observando las futuras presas que se venían desplazando lentamente en bicicletas???

Santa Rosalía se redimió rápidamente cuando los aromas que provenían de un asador de pollos nos detuvieron en seco. Era irresistible y la cantidad de gente que abarrotaba el local era indicativo de la buena calidad de la mercadería. Y no nos equivocamos!! Nos mandamos un pollo entero entre los dos y hasta nos encontramos con uno de los muchachos del Ejido Bonfil que casualmente andaba por allí!

Copando la ruta con Amber y DuhaneEsa noche terminamos en un pueblito de pescadores llamado San Bruno. Buscábamos dónde acampar cuando nos topamos con las ruinas de un complejo turístico que nunca había llegado a ver la luz. Hasta tenía una canchita de golf y todo en medio de los cactus! El techo que tenía la zona de recreación nos vino como anillo al dedo y allí nos instalamos cómodamente preguntándonos cuál sería la historia de semejante lugar…

Que el mundo a veces es un pañuelo no me caben dudas…sino de qué otra manera puede ser que justo coincidiéramos en nuestra salida a la ruta con el paso de Amber y Duhane???? Increíble pero cierto. A partir de ahí conformamos un cuarteto de ciclistas y aprovechando el escaso tránsito del momento nos dimos el gusto de hacer un mini-critical mass ocupando todo el ancho de la carretera.

Por los caminos de la BajaNos acercábamos a una de las partes más escénicas de la Baja California Sur: la bahía Concepción. Pasamos por Mulegé, un turístico poblado-oasis donde nos abarrotamos con pollo asado por segunda vez y continuamos nuestra marcha rumbo a las Bahía Concepciónpromocionadas playas de la región. Si bien eran lugares de una gran belleza, la cercanía de la ruta hacía que el ruido de los frenos de motor de los camiones estuviera siempre presente. Pero aún peor, debido a los bajos costos en relación a lo que tenían en sus países de origen, estos lugares estaban plagados de casas y RVs de gringos y canadienses que habían colonizado hasta el más pequeño de los espacios de arena. Por suerte el gobierno había recuperado las  playas de Santispac y ahora estaban manejadas por los Ejidos municipales. Casualmente ésta estaba controlada por el Ejido Alfredo Bonfil, así que luego de hablar un rato con la encargada y comentarle lo bien que nos habían tratado en su terruño, conseguí que nos dejaran quedar sin costo alguno...y, había que pilotearla para que alcanzara el presupuesto!!

Con Amber en Playa SantispacNos ubicamos como reyes en unas palapas, construcciones de caña y hojas de palmas, que nos hicieron sentir cercanos a los lujos de las promocionadas playas del caribe. Esa misma tarde fuimos al restaurante del lugar donde nos dijeron que había una fiesta. Pensábamos que sería algo tradicional, con música norteña y corridos, pero la realidad fue muy diferente. Nos hallamos en medio de una celebración de cumpleaños donde todos los asistentes estaban temáticamente vestidos como hippies de los 60s. Eran todos americanos y se hablaba en inglés. Tal vez no sería lo típico en México pero sí en esta área densamente poblada por gringos. Nos integramos y al poco estábamos comiendo pastel y tomando unas cervezas. Gigi, la cumpleañera, me sacó a bailar un par de veces…cómo resistirse a su encanto? Además, era la agasajada y había que tratarla bien! Cuando finalmente decidimos retornar a nuestras carpas me fui a despedir de Gigi y al acercarme para darle un beso en la mejilla dio vuelta su rostro y me encajó un beso en los labios…sorprendido me quedé mirándola y aprovechó mi desconcierto para darme otro beso más. Sonreí, me acerqué a sus oídos y le susurré: “Felices 60 Gigi”…y nos marchamos con Japhy hacia las palapas…

Atardecer entre los cactusPlaya RequesonLuego de un día de descanso y relax en ese lugar tan espectacular volvimos a subirnos a los pedales. Japhy quería llegar antes a La Paz, así que se separó de nosotros para imprimirle más ritmo a la rodada. Yo me quedé con Amber y Duhane y después de un largo y abundante desayuno decidimos tomarnos el día con calma y avanzar unos pocos kilómetros hasta la playa El Requesón, donde nos instalamos a disfrutar del resto de la jornada en una zona libre de otros turistas.

El paisaje era una invitación constante a parar a sacar fotos. El mar de la bahía se fundía con el azul del cielo, las montañas que cerraban el lugar enmarcaban el entorno con sus colores ocres y las siluetas de los cactus se recortaban contra el sol recordándonos la cercanía del desierto.

café al paso en Rosario, luego de Bahía Concepción!Hicimos un alto en un pequeño ranchito llamado el Rosario, como mil otros lugares en la Baja, y pudimos desayunar junto con la familia en su cocina, que era al aire libre y cubierta por una lona. El hombre resultó ser un prototipo del macho mexicano, pero con un sentido del humor sorprendente. Si bien daba órdenes todo el tiempo de manera imperativa a su señora, ésta no dejaba de contestarle con un poco de ironía. Entre sus reclamaciones estaban: “tengo hambre!”, “tortillas!”, “me ahogo!”, a lo que certeramente le contestó “pues nada!”…el ambiente se fue distendiendo y el hombre ya nos presumía tener dos mujeres, una para el día y otra para la noche. Cuando nos preguntó con quién estaba Amber, Duhane le contestó oportunamente: “con Damián de día y conmigo de noche”. Las carcajadas resonaron un buen rato y el hombre con sus ojitos entrecerrados y picardía en la mirada confesó que lo habíamos agarrado bien…

Continuamos avanzando hasta que llegamos al promocionado pueblo de Loreto. Nos ubicamos en un camping y fuimos a recorrer el pintoresco centro. La iglesia era la atracción principal de esta localidad que en otras épocas había sido la capital de la Baja. Nos metimos a cenar en un bolichito donde su carismático dueño, Arístides, nos atendió como reyes. Sin darnos cuenta batimos un récord inaudito: cada uno se devoró una torta (sándwich) de carne y una papa rellena de todo lo que se puedan imaginar, sin dejar un solo rastro. Según nuestro anfitrión éramos los número 9, 10 y 11 en terminar las papas, pero junto con la torta, eso sí que era nuevo!!! Y bueno, no habrían tenido muchos ciclistas de paso por ahí!!

Campamento pinchudo!Esta vez fue mi turno de seguir camino por mi cuenta. Quería llegar a La Paz para el 24 y en tres días tenía que recorrer 360 kilómetros. Los chicos no tenían prisa y por eso a la mañana siguiente emprendí el camino nuevamente en solitario. El viento se convirtió alternativamente en mi aliado o enemigo cuando encaré la prolongada y empinada cuesta de Ligüil. Era un zigzag ascendente en el que era empujado por las ráfagas cuando lo tenía a mis espaldas, sacado del angosto camino cuando pegaba de costado y frenado casi totalmente al encararlo de frente. Pero luego de eso se puso definitivamente a favor y la suave pendiente de bajada hasta Ciudad Insurgentes fue un mero trámite. El camino era una interminable recta por la que venía rodando con una facilidad inédita que me permitió cubrir casi 140 kilómetros en esa épica jornada. Como no podía dejar la Baja sin haber acampado entre los cactus, me busqué un sitio algo aislado entre los espinosos arbustos y me instalé en ese campo minado de puntas amenazantes para mis cauchos y el aislante inflable. Fui testigo de un atardecer espectacular en medio de un ambiente muy particular y pleno de belleza natural…

Por segunda vez realicé una jornada de largo aliento y después de cubrir otros 120 kilómetros por unas rectas interminables y monótonas, hice noche entre los cactus donde la luna llena pintó de plata el entorno que me rodeaba. También pude experimentar en carne propia el doloroso efecto de los cactus Cholla, ya que se me prendió uno en el tobillo y al tratar de sacarlo se me pegó en la mano…ouch, qué dolor!!! Después de sacar cada espina con una pinza me quedó una sensación muy similar a la que se tiene con el pinchazo de una inyección...pero multiplicada por mil!!!

11.000 Km.!Era 24 de diciembre y me acercaba a mi objetivo. Apenas comenzar la jornada había cumplido los 11.000 kilómetros de camino. Fue un día marcado por los fuertes vientos de costado y unos interminables columpios de subi-bajas que me fueron desgastando las piernas poco a poco. Pero finalmente junto con la caída del sol hice mi entrada en la ciudad de La Paz. Fue impactante ingresar en un ambiente tan urbanizado después de unas semanas rodando por sitios inhóspitos y atravesando poblaciones pequeñas. Al pasar por el monumento de bienvenida me percaté de que el velocímetro me indicaba 11.111 kilómetros!

Esa noche aterricé en la casa que tenía Japhy para quedarse por unos días en La Paz y pasamos la navidad junto con unos amigos canadienses que había conocido al llegar el día anterior. El 25 se nos sumaron Amber y Duhane y juntos compartimos algunos días en esta ciudad caracterizada por un hermoso y pintoresco malecón y playas tentadoras a pesar del fresco que hacía para visitarlas.

Como si fuera un presente de navidad, la mañana siguiente a nuestro reencuentro amanecimos todos sin nuestros zapatos de ciclismo. Una incursión nocturna sobre el paredón de la casa y una escalada a la terraza nos despojaron de nuestros calzados para pedalear, que inocentemente habíamos dejado afuera, confiados como si estuviéramos en las zonas rurales por las que habíamos venido transitando…bienvenidos a Latinoamérica!!!

Hasta la próxima!!

Buena senda,

Damián

La historia desde otros puntos de vista

Uno a veces se pregunta qué impresión generará en la gente que uno va conociendo por el camino. Pues esta vez tuve la suerte de contar con dos relatos que cuentan cómo fue esa experiencia. Por un lado Esther, de Ensenada, hizo un relato en su blog donde comentó de una manera muy interesante y divertida mi paso por esa ciudad. Los invito a compartir esas líneas conmigo…

Damián Rizos Obedientes

El domingo Najash conoció a Damián mientras entrenaba en la bici. Venía en la carretera llegando a Ensenada y notó que no era un ciclista local.   Le ofreció ayuda y fue así como conocimos a un wey de esos que no conoces diario.  Es de Argentina, y esta cruzando el continente en bicicleta.  Sí, en bicicleta.  Sí, el continente.    Ya tenía donde dormir, así que quedo de pasar por el para comer al siguiente día.  Claro, yo fui avisada de que tenía un invitado a comer media hora antes, pero la pasta y la sopita reciclada de Angie (gracias Angie) no se rajaron.  

Mientras comíamos, nos contó que salio de Alaska, de Anchorage, y que su plan es llegar a Ushuaia en marzo de 2009. Cruzó el círculo polar ártico solo solito solo con su alma y su bici Maira, y por veinte días seguidos estuvo acampando y no se vio en un espejo. Yo me miro en un espejo cada dos horas al menos. No me vaya yo a perder de mi misma. Esto fue lo que pensé, y trate de imaginar lo que seria no saber si todavía eres el mismo o si ya cambiaste de forma.
Su paso por estados unidos casi le hace perder la fe en la humanidad, por lo gélido de sus almas. Cruzó el Valle de la Muerte y dice que ni un alma le ofreció una botella de agüita, ni siquiera al verlo sentado en la orilla de la carretera con la bici cargadísima y la banderita de argentina. Una familia se regresó y se bajo de su carro ahí donde estaba el descansando un poco, y prepararon sus chanwises pero no le invitaron uno. Al parecer lo usaron como referencia de que ahí era buen lugar para sentarse. 

Claro, después de estar allá ya venía un poco atemorizado de cruzar a Tijuana, las historias de terror, ya sabes, los mexicanos te roban el alma y la venden en tepito, y esas cosas. Pero dice que cruzandito, un buen cristiano tijuanense le ofreció sin miramientos su celular para que hiciera una llamada, y un bolerito en la línea le poso para una foto y le convido café. 

Najash lo llevo a la bufadora, a pasear, a conseguir cosas para continuar su viaje, y a su casa para que usara la compu y para que los papas de Najash le platicaran lo que seguía por la baja.   Y así, viaja él.  Depende de la gente, de quien le de una mano, quien lo invite a salir, de las historias que le cuenten, y a donde va llegando, al contar su historia, le sobran ofrecimientos: que si yo tengo un primo que te recibe en tal pueblo, que si el grupo de ciclistas en este otro, que si se te ofrece algo aquí esta mi numero, que si te pierdes preguntas por fulanito. Y Najash y yo contentos por que a todos lados que lo llevamos lo trataron muy bien. La baja es su primera impresión de México,  y a juzgar por lo que vimos, somos gente bonita.  

Es chido verte a través de otros ojos. Como ser humano y como pueblo, es como el verdadero sentimiento detrás de la palabra patria.Y por eso volvemos a entender por que estamos aquí, por que nos aferramos a nuestros pedacitos de tierra, que mas que tierra, son concepto.  Al platicar con Damián, recordé lo suertuda que soy de haber crecido en Latinoamérica.   De tener genes de por acá.  De tener el ritmo en la sangre y poder bailar medio decentemente y no parecer gorila parapléjico en recuperación cuando lo intento. 

Dice que los GPS son para saber exactamente donde estas perdido, con latitud y todo el kit.  Nos cuenta que el prefiere llevar un poco mas de peso con tal de tener mas comodidad.  Esto quiere decir dos pares de calcetines en lugar de uno, un cambio extra de ropa limpia, unos goggles (antiparras como dice él), y una casa de campaña para dos, en lugar de para uno, para poder meter sus cosas. Y pues a guevo, esta por demás decir como esto pone en perspectiva todo lo que uno necesita, y tiene. Yo tengo como 10 brillitos para la boca diferentes. Yo a veces me siento sola, aun cuando vivo en la ciudad y solo hace falta salir para descubrir a alguien dispuesto a platicar contigo.   Yo a veces pienso que tengo problemas aunque no este cruzando el círculo polar ártico o el valle de la muerte y se me ponche una llanta.  Pero otra cosa destacable es que, esa no era su actitud. Siempre daba validez a los que no éramos tan locos como él.  Hay algo acerca de lo que el hace que te hace ver lo que los demás están haciendo también.  A lo mejor no suena tan impresionante como cruzar el continente pero, cada uno a su manera encuentra formas de hacer algo extraordinario. Un señor en el jacuzzi que ya es grande y hace mountain bike, lo refresco en nuestras memorias. No amases una fortuna y pierdas tu vida en el proceso.  Vive libre, y no te ates a cosas que son solo eso, ataduras. Mi piojísimo dijo, el dinero no es la felicidad, pero te deja a media cuadra, y es cierto, y solo necesitas ese empujón.  Acercarte a lo que quieres pero no pasarte por mucho. 

En la noche lo llevamos al Hussong’s, claro. Le invitamos una cheve y él fascinado con el folklore, con la variedad de gente, con el mariachi y el taka taka, le explicábamos la diferencia entre estos dos, y le enseñamos poquito como se baila norteño. Una mushasha frente a nosotros le echaba ojitos y el Vale mi compa se lo verbiaba con sus aventuras. Parte del show. Najash y yo reafirmamos lo lindo que es salir a ver gente, más lindo que salir a tirar rostro o a empedarte solo por empedarte. Otra morra atrás de nosotros botada en la mesa a pesar que no era tan tarde. Un japonesito bizarrísimo con chamarra bordada y pantalones de piel tornasolada. Celebramos con él la libertad de estar en México (y no en USA) tirando cáscaras de cacahuates al suelo hacia un lado al otro e incluso…hacia atrás.  

Y así me enamoro más de mi vida, más de mi piojo, que también hace cosas extraordinarias, como un viaje interno también lleno de aventuras; y así veo que mis locuras que me dan miedo no son tan locas, y que el miedo es relativo.  

Pero algo que México le devolvió, y que lo hizo ridículamente feliz hasta el punto de la ternura, fue el descubrir que acá es fácil conseguir Sedal Rizos Obedientes crema para peinar. Nadie dijo que era fácil viajar por el continente con el viento en tu cabeza si tienes rizos desobedientes.
 
Si quieres saber mas de su travesía entra a su pagina, ahí encontraras crónicas, y tal vez en una próxima salgamos nosotros (quiero volver a salir en la tele!.. o en Internet pues)   Checa su ruta (en México baja a la paz luego estará en Mochis, Creel, Jalisco, DF, Oaxaca y Chiapas básicamente) y si tienes un compa, un tío, un hotel, un restaurante o lo que sea que pienses que pueda serle útil, le puedes mandar ahí un mensaje, o si quieres decirme a mi y yo le paso el contacto.  Gracias por leer esto si aun estas leyendo!  Aplauso, aplauso.  

Por su parte, Japhy también incluyó su versión de los hechos de nuestro encuentro en su página web donde si rastrean sus crónicas del 1ro de enero de 2008 podrán deleitarse con la genial prosa de mi amigo de los caminos…y también ver muchas fotos más de esa parte de nuestro viaje juntos!

Diccionario Argentino-Mexicano

Se dice que hablamos el mismo idioma, pero a simple vista parecería que no es tan así! Si bien en México y Argentina se usa el castellano, hay muchas palabras y expresiones que le dan su tinte característico a cada nación y por ello uno puede estar perdido en un comienzo a pesar de creer dominar el lenguaje español…hete aquí pues algunas de las nuevas acepciones que he ido descubriendo a lo largo de mi andar por México:

“Abarrotes” es la tienda o almacén de barrio, en un “depósito” se vende cerveza, la “gasolinera” es la estación de servicio, una “llantera” es una gomería y una “birriería” no es un sitio donde venden cerveza, sino más bien birria, que es un caldo con carne de chivo que se sirve para el desayuno.

Un “güero” es alguien de tez blanca y un “gabacho” o “gringo” alguien que viene de Estados Unidos o simplemente “el norte”. Los “pochos” son los mexicanos que viven en Estados Unidos y son más racistas con su propia gente que los mismos americanos. Se los suele ver mostrándose en sus camionetas 4x4 de lujo adquiridas del otro lado de la línea y hablando en inglés…

Los “carros” son los autos y a los “buses” se les llama camiones. Y los camiones entonces? Se les dice “trailers”. La bici es una “bicla” o “baika” y hacer dedo es pedir un “raite”. La “lana” es la plata, “nota” es el billete y la “feria” es el cambio. Una “nieve” es un helado, las “carnes frías” son el fiambre, a la vaca se le dice “res”. La carpa es la “campaña”, una “llave” es una canilla y la “vieja” no es la madre, sino la esposa o la novia.

Una “chela” es una cerveza, una “torta” un sándwich y un “pastel” una torta. “Enfadarse” es aburrirse, “chivarse” es avergonzarse y “chambear” es trabajar. A la banquina se le llama “acotamiento”, pedir “lumbre” es solicitar fuego y un “foco” es una linterna. Las camperas son “chamarras”, una remera es una “playera” y un buzo una “chaqueta”. Un “bote” es una lata de gaseosa o un cesto de residuos.

Alguien concheto es “fresa”, “chido” es algo copado, “padre” es súper y “suave” cuando es cool. “Mande” se emplea en lugar de cómo?, “a poco” para expresar un no digas! y “órale”…pues órale es órale!!!

Como verán, similar, pero no igual!!! Y éstos son sólo algunos ejemplos!!! Un diccionario por acá!!!

Dedicatoria

11 de diciembre. Había dejado Cataviña con la esperanza de que el clima mejorara, pero a poco de salir quedé inmerso en un temporal de lluvia y viento que me caló de frío hasta los huesos. Unos días después me enteré de que en ese preciso instante fallecía Noel Belanger, padre de mi amiga Helene. Conocí a Helene durante la navegación de regreso desde la Antártida hasta Canadá a fines de 2006 y a su padre cuando estuve de paso por Montreal en mayo, antes de comenzar con esta travesía. Noel era un hombre ágil y lleno de energía a pesar de la grave enfermedad que lo acosaba. Finalmente y luego de una ardua lucha, Noel nos dejaba y allí comprendí el por qué tenía semejante clima: el cielo lloraba su partida al igual que sus seres queridos.

Te recordaremos por siempre por tu espíritu inquebrantable y esa animosidad contagiosa!!

Buena senda mi querido amigo…

Agradecimientos

Miguel y Elsa Carrillo, por las empanadas, la yerba mate y el dulce de leche!!

Alfredo, de San Isidro, por guiarme hasta las puertas de Tijuana cuando andaba perdido por las calles de San Diego.

César Díaz, gracias por esas dos noches de lujo y confort en un hotel a mi llegada a Tijuana.

Luis Manuel Reza, Alicia, Aida y toda la gente de Aldeas Infantiles SOS Tijuana por la amistad y el cariño con el que fui recibido en sus hogares.

Najash Marron y Esther Gamez, su amistad desinteresada hizo que mi paso por Ensenada esté lleno de buenos recuerdos y anécdotas para compartir con los seres queridos. Gracias!!!

Gerardo, por darme un sitio donde reposar mis huesos en mi estadía en Ensenada. Y a Delia y José Antonio, por recibirme con tanto cariño cuando pasé por allí.

José Luis García Gallardo, por permitirme pasar la noche en el Rancho La Furia, en Llano Colorado.

Pastor Pable González, de la Iglesia Episcopal de la Fe en Cristo Jesús, y a toda su familia, por darme albergue en San Quintín y permitirme tener una experiencia magnífica junto con su comunidad.

Carlos Cruz Lucero, por la brillante idea de visitar la escuela secundaria de San Quintín y el entusiasmo demostrado para con mi viaje.

A todos los estudiantes y docentes de la Escuela Secundaria 35 Emiliano Zapata, de San Quintín, por haberme brindado todo su interés y cariño en mi paso por su institución.

Florentina Figueroa, gracias por rescatarme del frío y la lluvia regalándome un inolvidable café caliente con galletitas cuando llegué ensopado y tiritando a la gasolinera de El Rosario.

Laura González y Samuel Valdéz, por darme refugio en medio del temporal en la Iglesia El Nazareno en El Rosario.

Dennise Salazar y su familia, por convidarme el almuerzo en mi paso por el rancho El Descanso, camino al desierto central de Baja California.

Rosa y Urbano Exziquio Monreal, por permitirme pasar la noche en el taller de su llantera en Guayaquil.

Olegario Flemate y Herlindo Reyes, por compartir conmigo la celebración de los 10.000 kilómetros y obsequierme esos deliciosos higos secos.

José Luis Suárez, comandante de la policía, Salvador Velasco Osorio, delegado municipal y reverendo Carlos Freyre, por la buena onda y hacer que mi estadía en Cataviña fuera memorable.

Adrián, de la llantera en Chapala, por darme un amparo de la lluvia y permitirme conocer de mano de un protagonista los estragos de la drogadicción.

Beto Camacho, por tu hospitalidad en el Ejido Nuevo Rosario y las lecciones de vida de un hombre de campo.

Marcelo y Elizabeth Neim, gracias por invitarme a compartir su hogar en Guerrero Negro y por darme la oportunidad de conocer de cerca lo que es el arduo trabajo del pescador de langostas junto a Diego y Jesús.

Marco Antonio López, por esa velada inolvidable junto con amigos en el Rancho Nuevo Crucero. Y a Eduardo Villegas Murillo por las gráficas demostraciones del arte rupestre de la zona.

A la gente del Ejido Alfredo Bonfil, por su hospitalidad y generosidad.

Gigi Page, por esa dosis de amor inesperado en el día de tu cumpleaños 60…

Arístides Armendáriz, por tu buena onda y esas inolvidables papas rellenas en Loreto.

Josie y Marie Dalcourt por su amistad y cariño en nuestra estadía en La Paz.

Lalo, Rafael & Fernanda, por la buena onda y la desinteresada ayuda brindada en mi paso por La Paz.

Davida Malley & Sid Mitchell, por darnos un hogar donde pasar nuestros días de reposo en la ciudad de La Paz.

Amber y Duhane, por los buenos momentos compartidos en los kilómetros que recorrimos juntos por la Baja con la camaradería y amistad propias de los locos en bicicleta.

Japhy Dhungana, un hermano de las rutas, un amigo y cazador de sueños del que estoy orgulloso de haber conocido por los caminos. Una fuente de inspiración y ejemplo de filosofía de vida…nos vemos por las sendas!!

Algunas estadísticas

Días en el camino: 203

Días de pedaleo: 130

Kilómetros recorridos: 11.118 km (1300 en ripio)

Promedio de kilómetros recorridos por día: 85,5 km

Horas sobre la bici: 647h00m (26d23h00m)

Promedio de velocidad: 17,18 km/h

Máxima velocidad: 81,5 km/h, bajando el Sunwapta Pass (15-08-2007)

Metros trepados: 95.003 m

Altura máxima: 3023 msnm, Tioga Pass (03-11-2007)

Desgaste de los dientes por apretarlos cada vez que me pasaba un vehículo más cerca de lo recomendable en la angosta carretera de la Baja: 2 mm

Calidez de la gente en México: insuperable!


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