*** LAS CRÓNICAS ***

10) Bajando la cuesta: el regreso a la costa rumbo a Vancouver


El adiós de los SudacoisLa despedida fue más dura de lo esperado. Luego de un almuerzo surgido por casualidad gracias a la generosidad del colombiano John y su novia Tara, finalmente llegó la hora de decir adiós al “Sudacois”. Se me hizo un nudo en la garganta. Me quedé sin palabras. Después de tantos días compartiendo el camino con Oscar y posteriormente con Kathy, se sentía muy extraño el hecho de continuar en solitario. Casi se me piantó un lagrimón cuando los vi doblar y alejarse en dirección opuesta a la mía.

El clima acompañaba el sentimiento. El cielo era de un gris plomizo y las montañas del paso que debía sortear anunciaban lluvia.

Como queriendo postergar un poco el enfrentamiento inevitable con el denso tráfico que aguardaba en la ruta 1, opté por hacer un camino alternativo al menos por algunos kilómetros. Después de una empinada trepada me encontraba circulando por la “Continental Divide”, en medio de un bosque tupido y en una zona hasta hace poco cerrada por la presencia de grizzlys. No tardé mucho en recordar lo poco seguro que era viajar en solitario por esas áreas y recurrí a mi infalible silbato de emergencia, que junto con el timbrecito de la bici metían tanto ruido que seguramente de haber habido algún un oso, me hubiera atacado sólo para que me callara!

Cuando estaba por salir del Parque Nacional Banf, cruzando el Kicking Horse Pass, me enontré con tres ciclistas que venían delo más tranquilos y relajados en dirección opuesta a la mía. Sus miradas de “para qué hacés tanto ruido??” lo dijeron todo sin necesidad de palabras. Me sentí un poco ridículo, pero al fin y al cabo, el que estaba viajando solo era yo!! Pse!!! Y al menos ese día osos no vi!!

La lluvia no me perdonó y el descenso del paso por la concurrida TransCanada fue un tanto frío. El imponente paisaje quedaba parcialmente eclipsado por las condiciones climáticas que además requerían un cuidado extra para la bajada.

Yohoo National ParkEse día terminé en un camping en el Yohoo National Park que aparentemente estaba cerrado. No había ningún cartel que dijera eso, pero la realidad era evidente: ahí no había un alma! Era un lugar abierto y sin árboles; sólo estaban las mesas de picnic y un refugio de cocina. No lo dudé y me instalé allí. La sensación de soledad y aislamiento no podía ser mayor!!

Aprovechando un poco del efímero sol del atardecer que había asomado entre las nubes, sequé el equipo y me acosté ahí mismo en el refugio, sin siquiera armar la carpa. Vendría algún oso a hacerme compañía?? Ni eso!! Empezaba un nuevo ciclo en el viaje...

Al día siguiente retomé el camino con un pronunciado descenso atravesando una cerrada quebrada que caía abruptamente hasta llegar al poblado de Golden. Después de los irracionales precios que habíamos encontrado en Lake Louise, el supermercado local parecía una oferta perpetua! No podía creer lo barato que era todo...o mejor dicho, cómo nos habían estafado antes!! En unos minutos compré más de lo que podía consumir o cargar conmigo. Algo más tarde continuaba por la ruta con varios kilos demás en mi ya de por sí pesado equipaje.

Prometía ser un día largo. Además de la distancia que debía cubrir para llegar al camping más próximo en el Glacier National Park, debía superar el Roger Pass, con casi 1300 msnm. Y Golden me había dejado en apenas 500 msnm...

La transitada ruta 1La ruta trepaba lentamente hasta que por fin, en las cercanías del Parque Nacional, arrancó la subida. Poco a poco fui ganando altura con el constante rugir de los motores de los vehículos que pasaban incesantemente a mi lado. El cansancio de iba acumulando y se hacía sentir. Cuando por fin llegué a la entrada del Parque sólo me faltaban superar 200 m de desnivel. Lo único que pensaba era en cruzar el paso y llegar al camping para poder descansar. Lo que no sabía era que me esperaba una larga bajada que me hizo perder la altitud ganada en los últimos kilómetros para regresar otra vez a los 500 msnm justito al pie del Roger Pass! Agh!!! Casi me muero! Era la primera vez que en una bajada venía rogando por que se acabara pronto y empezara a subir!

Se viene lo bueno!La empinada trepada fue extenuante. La banquina se había convertido en un carril para los vehículos que subían y mi espacio se había reducido a la estrecha línea blanca que bordeaba el camino. Un camión me pasó tan cerca que me dejó agarrotado del susto por varios minutos sobre la bici mientras recordaba a su madre y a toda su familia...

Con la altura y la hora se me venían encima el frío y la noche. Estaba empapado de sudor y el aire calaba los huesos. No podía parar. A pesar de que lo que más quería era dar por terminado el día, sabía que ahí no tenía alternativas de acampe: estaba en un Parque Nacional y el camino era angosto y por un terreno escarpado...tenía que seguir.

TúnelLlevaba casi 120 kilómetros andados y me quedaban unos 4 más hasta la cumbre. Cuando simplemente las energías parecían haberme abandonado completamente, vi algo inesperado que me despabiló: túneles!!! Lo único que me faltaba!

Fue la dosis de adrenalina que precisaba. Acomodé la linterna en la parte trasera de la bici y me mandé por esos estrechos pasajes en los que casi no me quedaba espacio para circular. Pasaron uno, dos, cinco túneles en donde mis nervios se tensaban al máximo con la aproximación de cada vehiculo. Al salir de ellos en mi lento y transpirado avance en subida, una pared helada me golpeaba en la cara y el pecho hasta entrar en el siguiente. Las montañas a mis lados ascendían en vertical hacia los cielos con vistas que quitaban el aliento...ya bastante escaso a esa altura del día!

En el Roger Pass, tarde pero seguro!Llegué al Roger Pass envuelto en una oscuridad prácticamente total. El cambio de zona horaria me había dado una hora más en el reloj, pero no de luz. En plena negrura me descolgué en un pronunciado descenso en busca del camping. Una incongruente felicidad me desbordaba por el hecho de casi haber logrado el objetivo del día, a pesar de que tal vez no era como me lo había imaginado. Si alguien me hubiera cruzado seguramente se hubiera preguntado de qué me reía estando en una bici, en medio de la noche y calado de frío...cómo explicarlo??

Finalmente y de pura casualidad alcancé a vislumbrar el cartel del camping y en tiempo récord me instalé en el primer sitio que encontré. Un húmedo rocío lo cubría todo y el termómetro había caído a 3 ºC! Poco después descubrí que estaba en el camping equivocado, que era mucho más caro que el básico al que quería ir originalmente. Era cuestión de rogar que el encargado no pasara a cobrar tan tarde esa noche!

Mount Revelstoke National ParkDespués de semejante odisea me merecía un descanso y aproveché mi paso por las “Canyon Hot Springs” para remojar un poco los huesos en una pileta de aguas termales...y de paso bañarme! Un poco más tarde, entrando en el Mount Revelstoke National Park conocí a Zuzana Driediger, que me invitó a pasar sin cargo a recorrer el sendero interpretativo de los cedros centenarios. Charlando un poco me enteré de que unos meses atrás habían alojado a una chica por un intercambio estudiantil...que era de Mar del Plata!! La invitación rápidamente se extendió a ofrecerme pasar la noche junto con su familia en su casa en Revelstoke y hacia allí fui nomás.

Zuzana resultó ser una mujer que era mucho más de lo que aparentaba a primera impresión: no era una simple encargada de cobrar la entrada en el Parque, sino la responsable de los Centros de Visitantes del Glacier y Zevy, Hero, Taya, Zuzana y RandyRevelstoke National Parks; era la primera y única integrante femenina del equipo de avalanchas que se ocupaba de los rescates y el control de las nieves durante el invierno; en su juventud había sido campeona de esquí y también guiaba excursiones de Heliski, es decir, esos delirantes que se suben a la cima de una montaña en helicóptero para después bajarla esquiando por nieves nunca recorridas antes!. Para completarla, se había encargado personalmente de la construcción de su nueva casa, incluyendo los pisos de madera y unas tallas fabulosas. Ah, y era madre de dos chicos espectaculares...una mujer de hierro!

Después de muchas noches de carpa, la enorme cama de la habitación de huéspedes fue como llegar al paraíso. Cómo resistir la invitación a quedarme un día más y recorrer con ellos el Parque Las tallas de ZuzanaNacional?

El viernes 24 de agosto prometía tener las condiciones ideales para pedalear: sol a pleno y un fuerte viento a favor. Casi sin darme cuenta recorrí los 80 km que me separaban de Sicamous, donde el intenso calor y el descubrimiento de una hermosa playa frente al lago se confabularon para “obligarme” a pegarme un baño y una siestita. Daban ganas de quedarse allí, pero debía llegar a Salmon Arm, donde Dan y Deidre Quilty, una pareja amiga de la familia Gibney, de Terrace, me estaban esperando para hospedarme por esa noche.

Lagos a la vera del caminoHacia Salmon ArmFueron 40 kilómetros en su mayoría bordeando lagos con paisajes que obligaban a un alto contemplativo en cada punto panorámico. Cuando por fin arrivé la familia ya estaba cenando. Aún me costaba calcular el horario de comida de la gente normal! Sin mediar pausa me invitaron a sentarme a la mesa para unirme a ellos. Con lo que había transpirado ese día, al momento de sacarme los zapatos (regla obligada en toda casa por la que pasé en Canadá), no pude evitar el sentir un poco de verguenza. Si yo sentía ese olor a pata, pobre de ellos!!

Me sorprendió encontrarme con una mesa impecablemente dispuesta. El número de cuchillos y tenedores al lado del mi plato era abrumador.
- Querés un plato aparte para la ensalada César, me preguntó cordialmente Deidre mientras me servía una copa de langostinos de entrada.
- Errrr, normalmente yo como directamente de la olla, así que por mí está bien!

Lujo 5 estrellas, atención acorde y por segunda vez consecutiva, me tocaba una cama con un colchón casi tan alto como mi carpa! Me atendieron como a un rey...nunca olvidaré su hospitalidad!
Ironman CanadáEntrando en el Okanagan Valley
Me hubiera quedado allí por meses, pero tenía que recorrer los 120 kilómetros que me separaban de Kelowna para llegar a tiempo a ver el Ironman que se corría al día siguiente en Penticton. Teniendo en cuenta que mis orígenes deportivos se remontaban al triatlón, no podía dejar pasar la oportunidad de ser testigo presencial de semejante evento!

PeachlandFue una jornada durísima, con un fuerte viento en contra y circulando por una gran autopista cuyo interminable flujo de vehículos resultaba ensordecedor y dejaba poco para la contemplación del paisaje. Los frondosos bosques habían sido reemplazados por vastas extensiones de cultivos de viñedos y árboles frutales. Estaba en el Okanagan Valley, zona frutihortícola por excelencia y el país del vino en Canadá.

Un reventón inesperado me retrasó un poco pero igual llegué a tiempo a la casa de Bridget y Phill para compartir junto con sus amigos Mike, Ehren y Megahn una apetitosa BBQ (pariente lejano de nuestros asaditos!).

Largada del IronmanA las 7 en punto de la mañana del domingo presenciamos la largada del Ironman Canadá en Penticton. Aún estaba fresco y una multitud se abarrotaba en la costanera para observar a los 2500 atletas que pugnaban por avanzar en las aguas del lago Okanagan. Miles de brazos volaban por los aires generando una estela de espuma blanca a su paso. Qué ganas de estar ahí en medio de la competencia!

Pero no era para cualquiera: luego de nadar 3800 m, deberían pedalear 180 km y por último correr 42 km antes de cruzar la ansiada meta. Una carrera que demandaba mucho tiempo de entrenamiento, dedicación y perseverancia. Una cuenta pendiente para un futuro espero no muy lejano!

Ver salir a los punteros con sus bicicletas ultralivianas y los cascos aerodinámicos de diseño espacial fue todo un espectáculo. Como si recién hubieran arrancado la competencia, se largaban a la ruta a una velocidad y con un ritmo envidiable. La marea de deportistas parecía no tener fin y hasta me sentí un poco culpable cuando momentos después estaba sentado en un bar comiendo un abundante desayuno mientras ellos rodaban por las rutas...

La maratón fue marcando el punto de quiebre para muchos competidores. Igualmente el ganador del evento, un neozelandés, arrasó de punta a punta sin dejar dudas de su supremacía. Una maquinita! Se sentía la energía de la gente alentando en la llegada. Esa sensación única y que justificaba todo el esfuerzo y sufrimiento para llegar a la meta. Una vez más hubiera querido estar del otro lado de la valla. Tal vez luego de este viaje?

5000 km!!!La partida de Kelowna estuvo marcada por el cruce de los 5000 km. Fue un día relajado hasta la pequeña localidad de Summerland, donde Mike me había conseguido un contacto para pasar la noche. Esta vez fue la familia Siemens la que abrió sus puertas y me dio cobijo en su hogar. Ya me estaba desacostumbrando a dormir en el piso después de tantas noches de camas confortables!

Entrando en el Kettle ValleyPara escaparme de la locura de la ruta principal opté por una alternativa interesante: el sendero del Kettle Valley. Era una antigua vía del ferrocarril que había sido retirada del lugar y ahora permitía desplazarse por allí siguiendo sus huellas. Un tanto arenosa en algunos tramos, medio poceada en otros, pero siempre manteniendo una pendiente máxima de 2 % de inclinación! Un lujo!!

Link LakeEsa noche acampé a orillas del Link Lake, a 1100 msnm en un entorno natural de tupidos bosques acompañado por una noche totalmente despejada. Una buena manera de regresar a la rutina de la bolsa de dormir!

Al día siguiente el descenso hasta la población de Princeton fue paulatino y constante. El calor apretaba y el aire caliente perforaba la garganta. A pesar de los casi 40 ºC que se sentían en el asfalto y de saber que me esperaban algunas subidas fuertes, decidí continuar con rumbo hacia el Manning Park luego de una obligada pausa en el pequeño poblado.

Yo había creído entender que tenía que trepar la “Mile Hill”. Bueh, me dije, una milla no es para tanto! Después de ascender por unos kilómetros y cuando creía que lo peor había pasado, me di cuenta de mi error: era la “Mine Hill” lo que debía superar! La mole que se extendía delante mio y el caracol zigzagueante por el que veía pasar los camiones a lo lejos con un tamaño de miniatura me dejó sin aliento inclusive antes de empezar!

Agaché la cabeza, pasé los cambios y le di parejito por casi una hora hasta que llegué al punto más alto. Debo haberme transpirado litros de agua en esos kilómetros! El angosto camino continuó en un perpetuo subi-baja que no me dejaba muchas alternativas: se venía la noche y había que acampar! Un pequeño claro a la vera de la ruta se convirtió en la única posibilidad al alcance de la mano y allí me instalé. Había descendido de 1100 msnm hasta los 500 msnm para volver a trepar hasta 1200 msnm en los últimos 20 kilómetros!

Aimee, Ethan, Jordan y ManonHacía falta tomarme un descanso y el camping Coldspring en el Manning Park era el sitio adecuado. Me quedé un par de días  allí, donde la actividad diaria se redujo a la lectura y escritura. Las noches las pasé compartiendo marshmallows en el fogón de mi vecina Manon, junto con sus tres hiperactivos hijitos, Aimee, Ethan y Jordan...unos divinos!

Quedaba la bajada final y el regreso al nivel del mar. En Hope me encontré con Vic Gladish, un ciclista que había conocido por el Yukon y que al saber de mi paso por su ciudad me había invitado a hospedarme con su esposa. Después de una semana de puro campamento, una buena ducha y un colchón no eran nada despreciables!!

Aprovechando el feriado del día del trabajador se vino pedaleando desde Chilliwak y juntos retomamos la ruta hacia su casa atravezando extensas tierras dedicadas a los cultivos. El aroma característico del abono en los campos llenaba el ambiente....mmmmm, aire puro al fin!!

Me llamó la atención ver cómo las nuevas urbanizaciones se apiñaban en las laderas de los cerros cuando había tanta tierra a nivel empleada para la agricultura. Vic me explicó que era una medida de protección para evitar que el cemento reemplazara al campo y decayera la producción alimenticia. Una decisión muy sabia por cierto!
Lluvioso camino hacia Vancouver
Estaba en mi último día de pedaleo antes de llegar a la ciudad de Vancouver, un lugar que hacía mucho tiempo que tenía ganas de conocer. Celebrando mi tercer mes en el camino, el 4 de septiembre me recibió con una leve pero persistente lluvia que hizo un poco incómodos los primeros 80 kilómetros. Vic me había regalado un mapa donde tenía indicado cómo llegar a mi destino evitando la ya imposible de rodar autopista en que se había convertido la ruta 1.

Comencé circulando entre granjas, pasé a un escaso kilómetro de la frontera con Estados Unidos y luego quedé atrapado por un interminable continuo de urbanizaciones que constituían las afueras de Vancouver. Entrando a Surrey el sol reapareció y pude secarme disfrutando de su calorcito mientras hacía el apronte final a la ciudad.
El futurista Sky train
Por primera vez en mucho tiempo veía edificios altos de nuevo. El Sky Train, un monoriel elevado que se transformaba en subterráneo en el centro de la ciudad, acaparó mi atención y admiración por un buen rato. Estaba en el siglo XXI!!!

Esa línea que en el mapa cruzaba el río Fraser y se adentraba en la ciudad resultó ser el monstruoso y angosto puente Patullo. Cuando lo vi pensé que sería imposible de cruzar y salir vivo para contarlo. Por suerte un ocasional ciclista me indicó cómo hacer para llegar al sendero peatonal y pasar al otro lado sin tanto riesgo. Fue toda una aventura!...comparable con la de atravesar la ciudad en la que ahora tenía que respetar los incontables semáforos y señales de Stop que atiborraban las calles!

Cindy TsangSi bien al comenzar el viaje no conocía a nadie en Vancouver, al momento de arribar tenía cinco posibilidades de alojamiento con gente que había conocido en el camino. Terminé recalando en lo de Cindy Tsang, una chica que había conocido en Dawson City y que había sido la primera en responder a mis solicitudes de hospedaje. Su minúsculo departamento se convirtió en el depósito de mi equipaje y su sofá en mi cama por unas noches hasta que comencé a itinerar por la ciudad retribuyendo las invitaciones que tenía.

Vancouver me atrapó y me fascinó en todos sus aspectos. Nunca pensé que pasaría casi 10 días en la ciudad! Poco a poco fui comprendiendo el por qué había sido nombrada la ciudad con mejor calidad de vida del mundo. El transporte era muy eficiente y la estrella era sin dudad el Sky Train, operado por computadoras y que en su silencioso avance hacia el moderno centro de la ciudad parecía salido de una novela de Ray Bradbury. Abundaban los buses eléctricos, cuya madeja de cables aéreos podían parecer antiestéticos, pero que a mi parecer le daban un toque retro al ambiente...y sobre todo, no contaminaban el aire con gases tóxicos! Había muchos kilómetros de bicisendas atravesando la ciudad y un frente costero bellísimo en lo natural y arquitectónico. Se notaba el espíritu deportista y activo de la gente, que se veía por todas partes ejercitándose en todo momento.

VancouverA pesar de ser una ciudad grande, se sentía pequeña y cuidada. El centro resultaba imponente con sus torres de edificios, seguido del gran pulmón verde que constituía el Stanley Park. Las playas abundaban y en los barrios aledaños se entremezclaban los árboles con casas impecablemente cuidadas. Un lugar completamente multicultural donde abundaba gente de distintas etnias...y lo mejor de todo, con una oferta gastronómica inagotable! En una cuadra se podían encontrar bolichitos para comer desde una pizza italiana hasta un plato típico de Tailandia, pasando por exquiciteses de origen griego, chino o hindú!

Downown VancouverAl mismo tiempo también era una ciudad de contrastes. A pocas cuadras del distrito histórico de Gastown uno podía meterese en Hastings Street, donde se apilaban los drogadictos y gente de la Sarah y Olivercalle, con sus carros atestados de cosas, embutidos en su propio mundo. Un sitio que metería miedo en cualquier otra parte, pero que sin embargo se podía cruzar sin mayores problemas. Siguiendo un poco más allá se entraba al barrio chino, donde a poco de andar se perdía la noción del inglés y todo aparecía en un despliege fantástico de ideogramas imposibles de descifrar...al menos para mí!

En poco tiempo aprendí a querer este lugar y su gente. Y un nuevo integrante se sumaría a mi travesía poco antes de partir nuevamente: Oliver, un tigre de peluche que tenía como misión protegerme de otras fieras en el camino...lo lograría?   


Dedicatoria

Mientras estaba en Vancouver recibí una noticia que me llenó de tristeza y pesar. Súbita e inesperadamente había fallecido Carlos del Valle, un docente e investigador de la Facultad de Ingeniería de Mar del Plata y padre de Daniela, una muy querida amiga mía.

Carlos fue una de las personas que me asesoró y ayudó con los complicados trámites burocráticos en la facultad antes de comenzar mi viaje. Sus consejos fueron de gran valor para mí y aprecié mucho el apoyo que me dio en esa agotadora etapa de preparativos.

Su ausencia deja un vacío difícil de llenar. Para vos Carlos, van dedicados estos kilómetros recorridos. Se que tu espíritu y tu legado quedarán presentes por siempre en tus seres queridos...

Te deseo una buena senda,

Damian


Agradecimientos

John Jairo y Tara Kamp, por el almuerzo que disfrutamos los “Sudacois” gracias a ustedes a modo de despedida y por los contactos que me permitieron llegar a presenciar el Ironman Canadá.

Zuzana Driediger, por tu generosidad y hospitalidad y el gran ejemplo que sos para todas las mujeres. Y a Taya, Zevy, Randy y Hero, por tratarme como uno más de la casa mientras estuve con ustedes.

Dan y Deidre Quilty, nunca olvidaré su gentileza y calidez al recibirme en su hogar y tratarme como a un rey!

Bridget Kamp y Phill Rims, sin ustedes nunca hubiera sido posible que fuera testigo del Ironman Canadá. Gracias de corazón!! Y también por el inspirador libro que me obsequiaron.

Mike Taylor, por la amistad, los contactos ofrecidos y las salidas juntos al pasar por Vancouver.

Mark, Carol y Allison Siemens, por recibirme en su casa y albergarme en mi paso por Summerland.

Manon, Aimee, Ethan y Jordan, de ahora en más los marshmallows estarán asociados con los divertidos momentos que compartimos junto al calor de las llamas en el Manning Park.

Vic y Joseline Gladish, gracias por abrir las puertas de su casa para mi y por todos los consejos brindados.

Cindy Tsang, por darme la oportunidad de conocer Vancouver a fondo, integrarme en tu círculo de amistades y bancarte el caos de mi equipo desparramado en tu departamento por 10 días!

Therese y John Oldham, por ofrecerme su hogar en todo momento y la cordialidad durante mi estadía en Vancouver.

Kristen Gorman, por el reencuentro post-antártico y la buena onda!

Sarah Bryant, por permitirme descubrir la ciudad de Vancouver desde la bicicleta, tu amistad y hospitalidad sin límites y los buenos momentos compartidos...y por Oliver!!!


Algunas estadísticas

Días en el camino: 102

Días de pedaleo: 64

Kilómetros recorridos: 5553 km (1120 en ripio)

Promedio de kilómetros recorridos por día: 86,8 km

Horas sobre la bici: 335h36m (13d23h36m)

Promedio de velocidad: 16,55 km/h

Máxima velocidad: 81,5 km/h, bajando el Sunwapta Pass (15-08-2007)

Metros trepados: 46.188 m

Altura máxima: 2067 msnm, Bow Pass (16-08-2007)

Ganas de participar en un Ironman después de haberlo visto en persona: incontrolabes!

Días que me hubiera quedado en Vancouver de ser posible: muuuuuchos más!!!!!


CERRAR