Prólogo: un comienzo atípico
Las cosas nunca salen como uno las planea. Es algo que aprendí hace mucho tiempo trabajando en ciencia. Uno diagrama, organiza, prepara un plan de acción y siempre termina siendo diferente a lo pensado. Y eso es justamente lo interesante!!
Jamás se me hubiera ocurrido siquiera imaginar como serían las circunstancias en las cuales estoy comenzando esta travesía. Lo lógico hubiera sido que tomara un avión en Buenos Aires, directo hacia Alaska y así arrancar con la odisea. Pues no fue asi...
Las vueltas de la vida me llevaron a postergar un año el comienzo de esta aventura, que estaba planeado para el 2006. En su lugar pasé un año en la Antártida trabajando como científico en la temática de cambio climático global, tan en boga hoy en día. Tampoco fue una invernada tradicional: junto con Sebastien Roy, un biólogo oriundo de Quebec, estuvimos a cargo de un proyecto científico binacional entre Canadá (ISMER-UQAR) y Argentina (Instituto Antártico Argentino), abordo del velero documentalista canadiense Sedna IV. Trece personas aisladas durante ocho meses en las cercanías de la base Argentina Melchior...interesante no? (página oficial de la expedición www.sedna.tv).
Durante ese período surgieron amistades entrañables: Mariano (el psicólogo), Serge (buzo y marino), Francois (el doc), Stevens (mecánico), Amelie (editora)...y particularmente con Marco (sonidista) y Sebastien (mi cumpa científico).
De regreso de la Antártida la primera escala del velero (en gran parte gracias al inagotable esfuerzo y empeño de mi vieja Alicia) fue en Mar del Plata. Qué mejor oportunidad para de pasada cargar la bici y el equipo de camping para el viaje, no?
Al momento de subir a Maira en el Sedna IV sabía que estaba comenzando una nueva etapa. Que ya no había vuelta atrás...estaba cruzando un punto de no retorno. Lo tan largamente hablado ya empezaba a verse como real!!
La navegación de regreso hasta Canadá estuvo muy lejos de la imagen idílica del “Crucero del Amor”: trabajo intensivo, calor, el movimiento incesante (con las nauseas del caso), falta de sueño...sin embargo ver a Maira en el camarote me volvía a cargar las pilas para seguir adelante. Quién hubiera pensado que mi querida bici recorrería en velero el camino que luego desandaríamos pedaleando?
Maira y mi equipaje quedaron a buen resguardo en la casa de los padres de Marco en Montreal. Una vez terminados los compromisos laborales en Rimouski y después de un año de haber partido regresé al pago Argentino para organizar el viaje y las demás cosas pendientes.
Fueron dos meses de locos! Preparar los detalles para la travesía, conseguir auspicios, armar la página web, organizar la situación laboral en la facultad en Mar del Plata, entrenar lo más posible después de un año de escasa actividad deportiva, ver a los amigos y familiares nuevamente...para despedirme otra vez por dos años!
Nervios, alegría, estrés, felicidad, ansiedad...los sentimientos se mezclaron de una manera increíble por esas semanas...
Y se pasó volando!! Cuando me quise acordar estaba camino de regreso a Montreal. La rueda seguía girando...en paralelo con los preparativos, Marco estaba organizando la que sería mi primera incursión con Maira en el hemisferio norte: la vuelta de los Barrios en Nueva York (5 Boros Tour).
Ahora bien, ustedes se preguntarán, al igual que lo hice yo en su momento, qué cornos es eso??? Pues es un evento anual en el que se reúnen más de 30 mil ciclistas para recorrer las calles de Manhatan, el Bronx, Queens, Brooklin y Staten Island. Una manera única de conocer la imponente ciudad de Nueva York y sus alrededores.
El viaje a Nueva York
Llegué a Canadá un 4 de Mayo a las 10 de la mañana luego de hacer escala en Washington. Marco y Seba me fueron a buscar al aeropuerto y relamente me parecía mentira ya estar de regreso con mis amigos en estos pagos del norte. Pocas horas más tarde emprendíamos el camino hacia Nueva York en una camioneta alquilada.
Claro, un argentino entrando dos veces en el mismo día a un país que se lleva los premios en cuanto a paranoia respecto a la seguridad no es para dejar pasar por alto...de una tuvimos que pasar por migraciones para aclarar un poco las cosas. El colmo fue cuando el escéptico oficial me preguntó de dónde conocía a mis amigos. “De pasar un año juntos en la Antártida”..sonrisita...beep! Alarma! Respuesta equivocada! Cara de pocos amigos...creo que se pensó que me estaba pasando de vivo...nos llevó un buen rato convencer al tipo de que no era una joda y que yo no era un traficante latino. Finalmente pasamos!!
Llegamos a Nueva York ya entrada la noche, en medio de un espectáculo de luces impactante dibujado en los incontables rascacielos que caracterizan la “gran manzana”. De fondo no podía faltar Frank Sinatra entonando su tan conocida canción “New York, New York”, que nosotros coreábamos desafinadamente y a los gritos...
El caos vehicular nos devoró hasta que finalmente logramos llegar al departamento donde nos quedaríamos esas noches. Los contactos de Marco aportaron la magia y gracias a un amigo suyo terminamos instalándonos en un piso 24 en pleno corazón de Manhatan, a una escasa cuadra de Times Square...de locos!!
Además de otros amigos de Marco que serían de la partida (Stephan, Elise, Christian, Karine) se sumó Gabriel, el “Guga”, un amigazo de la Argentina que casualmente estaba por Houston por motivos de laburo y aprovechó la movida para sumarse y de paso vernos. Un encuentro impensable hace tan solo unos meses!!

Es difícil describir en pocas palabras una ciudad que ya ha sido contada infinidad de veces y captada por innumerables películas. Igualmente ser testigo presencial supera todo lo previsto: gente de ritmo acelerado portando esos nuevos chiches tecnológicos llamados “bluetooth” con los que se hablan a sí mismos y los asemejan a personajes escapados de la serie Viaje a las Estrellas, montones de adictos a esos súper teléfonos “blackberry” que parecen controlar el destino de sus portadores, taxis que inundan las calles pintándolas de amarillo y hacen creer que es el único color en que vienen los autos de tantos que hay, alcantarillas que desprenden vapores misteriosos durante las noches, edificios que producen tortícolis y luchan por ser uno más impresionante, alto, imponente y lujoso que el otro, autos sobredimensionados (incluyendo esos “Hummer” que se parecen más a un camión de caudales que a un vehículo urbano), limousinas por doquier abarrotando las avenidas (inclusive limousinas Hummer!!!), turistas que parecen superar en número a los habitantes locales, puentes colosales que aferran la
isla de Manhatan al
continente y por donde circulan miles de vehículos alimentando esas arterias de concreto, negocios con precios ridículamente inalcanzables, pretzels con gigantismo, hot-dogs sobrecargados de aderezos, el derroche energético que generan las luces y carteles del simpre de día Times Square...un impacto a los sentidos por donde se lo mire.

Y en medio de todo ese maravilloso caos, el Central Park. Un reducto verde creado por el hombre que se extiende en el corazón de la isla donde la naturaleza se entrelaza triunfante con la mole urbana que acecha y es absorbida por el follaje de los árboles, el cantar de los pájaros, las ardillas, los músicos ambulantes...
Una ciudad gigante donde todo es gigante. La metrópolis mundial. Simplemente, Nueva York!
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Nos recorrimos la isla de Manhatan casi de punta a punta, palpando los diferentes barrios, admirando los detalles arquitectónicos que parecen no tener fin. Al lado de una iglesia de estilo gótico se pueden ver rascacielos espejados cuidando sus espaldas bien de cerca. Los frentes ostentosos quitan el aliento. Uno se pregunta quien vivirá ahí? Y cuánto saldrá el alquiler!!!!!???
El rumbo sin rumbo nos llevó a pasar por diferentes ámbitos. De estar caminando por una calle comercial, de atmósfera bohemia y plagada de barcitos bucólicos, pasamos a internarnos en el corazón de la venta clandestina de productos “ originales” por parte de vendedores callejeros que parecían salidos de un videoclip de rap o hip-hop, increpando a los transeúntes a los gritos para comprar sus mercaderías. No vamos a negar que nos dieron un poco de miedo...
Lentamente nos fuimos internando en la gran Chinatown hasta el punto de creer que habíamos sido teletransportados hasta el lejano oriente! Sólo se veían simbolos en chino, gente de ojos rasgados, no se oía hablar el inglés...parecíamos los únicos occidentales allí!!

Por supuesto que no dejamos de perdernos y en lugar de ir al puente de Brooklin terminamos debajo del puente!! Así se conocen los sitios que de otra manera sería impensable visitar...
La vuelta de los Barrios

Domingo 6 de Mayo. Eran las 7:30 de la mañana y ya estábamos en camino al punto de partida en Battery Park. Las calles estaban prácticamente desiertas. Era un día claro y hacía más frío del que uno desearía.

A medida que nos acercábamos al punto de partida iban apareciendo otros ciclistas. Poco a poco las pecheras coloradas que distinguían a los participantes empezaban a dominar el escenario y cromatizar el gris del concreto que tanto abunda en la ciudad. Por fin el evento
se mostraba en toda su magnitud: miles de ciclistas aguardando el inicio de los 60 km de recorrido abarrotaban las calles de la metrópolis. Las cabezas se perdían entre las columnas de edificios que flanqueaban la 6ta avenida. Los cascos tapizaban el panorama hasta donde alcanzaba la vista. 32 mil personas se habían congregado para este periplo deportivo y recreativo.
Había gente de todas las edades, colores, culturas, nacionalidades. Las bicicletas estaban cubiertas con toda clase de adornos. Los grupos se hacían notar por los elementos que llevaban en sus cascos, desafiando la originalidad para no perderse en la masa humana: banderas, plumas, fundas de gomaespuma con forma de cocodrilo...todo era válido. También el surtido de bicicletas era inagotable: de carrera, de paseo, plegables, de montaña, tándems, carritos para los más pequeños...hasta una bicicleta antigua, esas con la rueda inmensa por delante y una minúscula por detrás! La mejor fue por lejos una pareja en tándem, con sus chicos en un tándem fijo aferrado detrás y después el carrito con el bebé!! Cinco personas a lo largo de varios metros de bicicleta!!!
Finalmente, luego de esperar casi una hora, la marea de bicicletas empezó a desplazarse. Era un avance lento, un poco rodando, un poco a pie...hasta que finalmente nos podimos hechar sobre las bicis y avanzar libremente...qué sensación!!!
Anduvimos casi sin pausas por unos kilómetros hasta que al llegar a las proximidades del Cantral Park se armó un embotellamiento inmenso. Era imposible hacer pasar tantas bicis juntas por los angostos caminos del parque...
La marcha se detuvo y el avance se hizo tan lento inclusive a pie, que parecía que el único uso que tenían las bicis eran servir de apoyo a los ansiosos participantes. El frío no hacía las cosas más fáciles y con él vinieron las ganas de ir al baño! Tarea titánica si las había, ya que más o menos unos cuantos cientos de personas sufrían el mismo efecto...
De todos modos la columna avanzaba al ritmo de un caracol, lo que me permitió ir a un clásico “Starbucks”, pedir un té y esperar unos 20 minutos para descargar la presión interna...en ese interín los muchachos sólo avanzaron la friolera de una cuadra!!!!
Finalmente encaramos el Central Park y a pesar de que tuvimos unas cuantas paradas más, donde la gente ya empezaba a ponerse un poco molesta y abundaban los chistes sobre la mala organización del evento, por fin salimos a las calles del Bronx.

Una de las mejores vistas panorámicas se abrió ante nosotros cuando cruzamos el puente de Queensboro, dejando frente a nosotros la imponente postal de rascacielos de Nueva York. Era también hora de hacer una pausa en uno de los puntos de reabastecimiento a lo largo del camino.
Nunca había visto semejante amontonadero de bicicletas apiladas en donde fuera posible, mientras sus dueños corrían desesperados a hacer la fila para ir al baño o llenarse el estómago con hamburguesas, hot dogs y esas delicias culinarias tan típicas en Estados Unidos...yo paso!!
La masa humana parecía no tener fin y aunque un poco más dispersa a esta altura del recorrido, el pasar de las bicicletas era incesante y continuo. Y así se mantuvo durante el resto del camino.
Las amplias calles de Queens nos dieron la bienvenida, para luego dirigirnos en patota al gigantesco puente que nos cruzaría hasta nuestro destino final: Staten Island. En el camino se podían ver ciclistas invadiendo todo bar y negocio que hubiera abierto y a mano. Eramos una plaga avanzando por las calles de la ciudad!
A lo largo del recorrido nos fuimos separando, pero por fin a las 15:30 llegamos con el Guga al destino final: un parque inundado de gente y bicicletas donde sonaba la música a todo volumen y se repetía la escena de las colas para ir al baño y comprar algo de comer...esta vez no fuimos la excepción!!

Después del reencuentro y una buena siesta para la digestión nos despertaron para avisarnos que ya se cerraba el predio. Misteriosamente la gente que abarrotaba el lugar hacía tan sólo una hora ya no estaba allí...mejor mover, no?
Fuimos pedaleando hasta el último punto de la travesía: el cruce con el ferry desde Staten Island hasta Nueva York. La espera fue larga y el abordaje con las bicis a cuesta también. Para pasar el rato empecé a molestar a mis amigos con la campanita que tengo en la bici y asombrosamente se sumaron todos los que estaban alrededor, conformando un coro de lo más atípico...

El ferry estaba atestado de bicicletas por donde uno mirara y poblado de gente en calzas y remeras de lycra...definitivamente no debería ser algo muy habitual para los pasajeros “normales”!!

La presencia de la tradicional estatua de la libertad y el despliege de edificios en el corazón de Manhatan reflejando la caída del sol fue el broche de oro para una jornada intensa en actividades y paisajes urbanos.
Un buen inicio de pedal para lo que se viene ahora, no?